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SIERANEVADA

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Producción
    Sabina Brankovic, Laurence Clerc, Oana Giurgiu, Zdenka Gold, Labina Mitevska, Lucian Pintilie, Anca Puiu, Mirsad Purivatra, Olivier Père, Olivier Théry-Lapiney para Alcatraz Films, Arte France Cinema,(Francia, Rumania, Macedonia, Croacia, Bosnia y Herz. 2016).
  • Dirección
    Cristi Puiu
  • Guión
    Cristi Puiu
  • Fotografía
    Barbu Balasoiu
  • Música
    Craig Armstrong
  • Montaje
    Letitia Stefanescu, Ciprian Cimpoi, Iulia Muresan
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    21 Julio 2017
  • Duración
    173 min.
  • Intérpretes
    Mimi Br?nescu (Lary), C?t?lina Moga (Laura), Judith State (Sandra), Bogdan Dumitrache (Relu), Dana Dogaru (Nusa), Sorin Medelini (Toni), Ana Ciontea (tía Ofelia), Rolando Matsangos (Gabi), Marin Grigore (Sebi), Tatiana Lekel (Evelina).

sieranevada2Cuadro claustrofóbico de familia rumana

¿Recuerdan el Cine-Ojo (Kino Glaz)? Es una teoría creada en los años 20 por el documentalista soviético Dziga Vértov (1896-1954), que será el fundador del noticiario Cine-Verdad o Kino-Pravda. Era una propuesta técnica, que buscaba, a través del objetivo, captar las acciones de la vida, utilizando los métodos más sencillos de rodaje, violando, si es preciso, todas las leyes y hábitos que requieren la construcción de un film: montar y organizar los fragmentos filmados, arrancados de la vida, en un orden rítmico visual. En los años sesenta este tipo de cine, a raíz de un documental sobre las elecciones de Kenney, se vio potenciado en Francia con la aparición de cámaras ligeras que podían llevarse en mano y meter en cualquier parte. Se llamó el cinéma verité e influyó en el neorrealismo y la novelle vague.

La polémica estaba servida. ¿Qué es más real en arte, copiar la realidad tal cual o elaborarla a través de una creación selectiva? Por ejemplo, ¿es más real ir a un bar y filmar una larga conversación entre amigos tal cual, o escribir un guion, seleccionar los planos y montarlos? Una parecida polémica se planteó entre dos modelos extremos, El acorazado Pontemkim, obra maestra del montaje en la estética soviética, o Ciudadano Kane que profesaba la introducción de plano-secuencia. En la novelle vague y en el cine, por ejemplo de Eric Rohmer, su último gran exponente, pudimos disfrutar de algunos de los logros de esta cámara que mira desde fuera el suceder de la vida. Pero Rohmer elaboraba mucho más de lo que parecía.

Ahora esta polémica parece resucitar con la aparición del último film del realizador rumano Cristi Puiu (Aurora, La muerte del señor Lazarescu): Sieranevada. Tres días después de los ataque a Charlie Hebdo y cuarenta después de la muerte del patriarca de la familia rumana, el médico Lary regresa al hogar familiar para asistir al funeral doméstico de rito ortodoxo de su padre. El film comienza con un plano secuencia de veinte minutos, uno de los escasos exteriores de la película,  rodado en una caótica calle de Bucarest donde es imposible aparcar y que recoge una discusión familiar interminable sobre el disfraz de una niña. El resto del film, casi tres horas en total, se desarrolla, excepto en dos bajadas a la calle, dentro de un pequeño piso familiar donde la cámara se limita a asistir a las conversaciones, entradas y salidas, puertas que se abren y cierran, y la preparación de la comida, que no parece que va a llegar nunca, porque todos esperan al sacerdote ortodoxo o pope, a cuyo funeral asistimos desde una puerta entreabierta. Estos largos y sombríos planos nos revelan los conflictos y miserias de los quince miembros de la familia, que hablan, lloran, ríen, gritan y comparten sus desgracias y los acontecimientos del momento.      

En el trasfondo aparece una sociedad post-Ceausescu que no ha superado el trauma comunista, el nuevo consumismo, el choque entre las viejas tradiciones religiosas y acontecimientos como el de las Torres Gemelas o los recientes atentados terroristas. Entre los  componentes del drama en torno al médico, figura central,  se encuentran su mujer histérica, su cuñado obsesionado con las teorías de la conspiración, su hermano militar, una tía que fue miembro del Partido Comunista de Ceausescu, una familiar no del todo identificada que se lamenta de su marido mentiroso, el esposo de esta última...  En fin, todos esperan, después de que los clérigos oficien la ceremonia, cenar. Todos pretenden sentarse a la mesa. Pero parece imposible. Siempre acaba por ocurrir algo que lo impide. Con la omnipresencia del teléfono móvil, el supermercado, la tecnología actual.

El resultado es un producto cinematográfico que ha dividido la crítica ferozmente. Desde quienes consideran Sieranevada una de las obras maestras del año, a los que, entre los que me cuento, han tenido que hacer un esfuerzo ímprobo para soportarla. Teniendo en cuenta que en el mundo de la crítica abundan las miradas puristas en busca del gran descubrimiento lingüístico, rompedor y valiente, muy lejano por cierto a la óptica del espectador normal, no es extraño cierto desmelenamiento entusiasta. Pero aun en este campo, como hemos dicho sobre los antecedentes históricos, este cine, pegado a algunas técnicas del documentalismo y el plano-secuencia, es tan viejo casi como el arte de la manivela.

¿Que lo que se pretende es exasperarnos como la vida misma exaspera? Pues bien, lo consigue. Que esto sea algo más que un cine experimental, atrevido y ruptural, lo dudo. Sin duda, la coctelera de sentimientos, odios, frustraciones, tristezas, marginaciones, depresiones, dolor y soledad es explosiva y, si se quiere, también real y posee fuerza crítica. Pero ni siquiera el ojo humano aguanta un plano desde el asiento de atrás del coche donde solo vemos dos bustos parlantes con el espejo retrovisor en medio. Porque nuestro ojo en una situación así selecciona otros aspectos de la realidad: Mira a la gente pasar por la ventanilla, se fija en detalles, imagina, etcétera. En una palabra, el arte selecciona, transforma, recompone la realidad para alcanzarla más cabalmente.

Se ha comparado este film con El ángel exterminador de Luis Buñuel. Y, sin duda, coincide en su índole claustrofóbica y de crítica social, pero el de Calanda va más allá en su desafío psicológico y artístico. Puiu, en cambio, es tiranizado por su propio planteamiento estético, que mira sin mirar, acumula sin seleccionar en su desafío de contar la vida en tiempo real, porque en el fondo es superficial, más sociológico que psicológico. Laudable el esfuerzo de no querer tomar partido en el retrato de un microcosmos familiar, pero, en mi opinión, fallido en la capacidad de transmitirlo, porque su cámara no ahonda, de puro fría, ausente y desabrida.

Con todo, la película despertó el interés de su sector en el festival de Cannes, sin obtener premios, y consiguió el galardón de mejor película en el festival internacional de Chicago. Fue presentada por su país en la carrera de los Oscar sin conseguir ser nominada. Se inscribe en un interesante y laudable movimiento o “nueva ola” rumana que pretende revisar a fondo el pasado y presente de un país a través del análisis de su descomposición o desencanto. Por cierto, nadie ha conseguido explicar por qué se titula Sieranevada. Tampoco el director, que al parecer con ello ha querido, como con el resto de film, epatar al espectador. Ni, por supuesto, se le puede negar el valor de intentar mirar a través de la cerradura y con naturalidad un cuadro familiar que pretende ser real y supone una gran pericia en la dirección de actores. Para minorías intelectualizadas.

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