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ATÓMICA

Escrito por Maria Vives
  • Titulo Original
    Atomic Blonde
  • Producción
    Focus Features / 87Eleven / Closed on Mondays Entertainment / Denver and Delilah Productions / Sierra / Affinity. USA, 2017
  • Dirección
    David Leitch
  • Guión
    Kurt Johnstad (basado en la novela gráfica de Antony Johnston)
  • Fotografía
    Jonathan Sela
  • Música
    Tyler Bates
  • Montaje
    Elísabet Ronaldsdóttir
  • Distribuidora
    DeAPlaneta
  • Estreno
    04 Agosto 2017
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Charlize Theron (Lorraine Broughton), James McAvoy (David Percival), John Goodman (Emmett Kurzfeld), Eddie Marsan (Spyglass), Sofia Boutella (Delphine Lasalle), Toby Jones (Eric Gray), Bill Skarsgård (Merkel), James Faulkner (Jefe “C”), Jóhannes Haukur Jóhannesson (Yuri Bakhtin), Sam Hargrave (James Gasciogne).

atomica2Agente bajo la presión del telón de acero

La producción cinematográfica ha sido bastante generosa en tratar el tema de la Guerra Fría, y Berlín, con su muro dividiendo física y simbólicamente ambos mundos, era la ciudad ideal para situar Atómica. De hecho, Antony Johnston, autor de la novela gráfica en que se basa, la tituló La ciudad más fría. En Berlín, centro del espionaje, del contraespionaje y del espionaje a tres bandas, la temperatura del conflicto baja varios grados, y en 1989, a punto de que el muro sea derribado, los espías y contraespías campan a sus anchas y quedan lealtades ocultas aún por descubrir.

La historia se construye a partir de la lucha por hacerse con la lista de los agentes encubiertos del Berlín oriental. Hay multitud de espías y topos tanto en la CIA y el MI6 como en la Stasi. Pero el argumento, en realidad, no tiene mucha importancia y casi parece inútil seguirlo: solo con el visionado completo se puede entender quién era quién y para qué bando trabajaba. Una cuestión, de hecho, totalmente irrelevante para una película con una lectura política plana, pero cuyo trasfondo ético tiene un poquito más de profundidad, aunque no demasiada. Ni importan las razones de cada ideología ni tampoco las lealtades de cada uno de los agentes, sino únicamente el enrevesado juego de traiciones y de giros, que David Percival, encarnado por el siempre competente James McAvoy, se encarga de recordarnos en la escena previa al epílogo: «Solo queda una pregunta: quién ha ganado y cuál era el puto juego». Pero es que, continúa, «para ganar, primero tienes que saber en qué bando estas, y esa es una cuestión similar a la de los agujeros negros». Y, sobre todo, la reflexión de que, en último término, no se trataba de ganar, sino de ocultar el juego sucio que se hizo durante las hostilidades. También Percival, como la protagonista, se habían encargado de reinterpretarnos a Maquiavelo: «Es un placer engañar a quien engaña».

Lorraine, la magnífica Charlize Theron, es una superagente al tipo Bond. Pero si el personaje se presenta con menos sentido del humor que su homólogo británico, incorpora a cambio la lectura del feminismo de la igualdad más que el de la diferencia o el de síntesis de ambos. Porque Lorraine se aparta del canon clásico de la espía que utiliza su atractivo para trabajar en un mundo de hombres, y utiliza las armas culturalmente asociadas a lo varonil. Su esencia, sin embargo, no tiene demasiada enjundia, dado que la heroína de Atómica es biológicamente una mujer, pero desempeña el rol típicamente masculino: le atraen las mujeres, por lo que no puede estorbarle un interés sentimental o atracción sexual hacia sus compañeros; desafía todos los tópicos y supera al hombre promedio en esas características tipificadas —orientación perfecta, conducción agresiva, altura y fuerza física…—; y, aunque casi siempre lo hace con una estética a medio camino entre lo gótico, lo punk y la imagen de la dominatrix con sus altas botas de cuero negro o los tacones de aguja de sus zapatos rojos, su camiseta con la inscripción Boy London remite necesariamente a lo masculino. Como Bond, sus relaciones son superficiales y breves, con una mezcla sutil de afectividad y atracción sexual: la primera sonrisa que muestra el rostro de la protagonista se hará esperar hasta el momento en que conoce a la espía francesa, Delphine Lasalle.

Aunque Lorraine no utiliza su atractivo para medrar en su trabajo, la película sí lo hace para exhibir y rentabilizar a una Charlize Theron cuya belleza física es más que evidente. De hecho, si la estética visual es tan importante en las novelas gráficas, aquí se utiliza y luce en todo su esplendor. La música tiene una importancia clave para darle textura, con la significativa letra de Re-Flex en su famoso The Politics of Dancing o la de Queen y David Bowie en Under Pressure. De alguna manera, de la política y las ideologías, refleja Atómica, se ha derivado, por una parte, al puro hedonismo, y por otra, a lo esencialmente humano. Lasugerente ambientación de una época convulsa y un lugar con una variopinta mezcla de movimientos contraculturales musicales y estéticos —el punk, el hardcore o lo gótico, pero derivando ya claramente hacia el tecno— supone un ejercicio estilístico efectista, con unas tonalidades tan frías en su fotografía como los de la guerra que ilustran.

Atómica no es un entretenimiento desdeñable para una calurosa tarde de verano, con su perfección técnica enriquecida con un aporte estético extra;pero, si se espera algo de profundidad conceptual, ofrece casi tan poco como el mítico agente del MI6. Estéticamente, además de la visión de la fascinante Berlín del telón de acero, queda la de la mirada clara, azul, infinita, helada y magnética de Charlize Theron.

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