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EL JARDÍN DE JEANNETTE

Escrito por Maria Vives
  • Titulo Original
    Une vie
  • Producción
    TS Productions / France 3 Cinéma / Versus Production, Francia, 2016.
  • Dirección
    Stéphane Brizé
  • Guión
    Stéphane Brizé, Florence Vignon, según la novela de Guy de Maupassant).
  • Fotografía
    Antoine Héberlé
  • Música
    Olivier Beamont
  • Montaje
    Anne Klotz
  • Distribuidora
    Surtsey Films
  • Estreno
    06 Octubre 2017
  • Duración
    119 mn.
  • Intérpretes
    Judith Chemla (Jeanne Le Perthuis des Vauds), Jean-Pierre Darroussin (barón Simon-Jacques), Yolande Moreau (baronesa Adélaide), Swann Arlaud (Julien de Lamare), Nina Meurisse (Rosalie), Olivier Perrier (abate Picot), Clotilde Hesme (Gilberte de Fouville), Alain Beigel (Georges de Fourville).

jardin2Sutil retrato impresionista

Si Guy de Maupassant retrataba en su novela Una vida los devenires vitales de una mujer normanda en el siglo XIX con un estilo netamente naturalista, Stéphane Brizé opta en la adaptación cinematográfica de esta obra por dibujar la misma historia, pero empleando trazos impresionistas con amplias elipsis argumentales y un estilo sutil, intimista y delicado, y fuertes rasgos románticos en el tratamiento de la naturaleza, que aparece siempre ligada a los estados emocionales de Jeanne.

Una desafortunada traslación ha transformado el título original de la película, fiel a la obra de Maupassant, Une vie, a El jardín de Jeannette. Y, aunque ese cambio tiene el acierto de acentuar la relación de la protagonista con el huerto –más que con el jardín– de su familia ­y, por extensión, con la naturaleza, le hace perder su sentido global y abarcador de toda una vida, la de una mujer que regresa a casa de sus padres tras su educación en un convento, su vuelta de nuevo allí tras una gran tragedia vital, pasando por su matrimonio con un noble y el nacimiento de su único hijo.

Y es que en esta adaptación de Brizé, la naturaleza adquiere una especial importancia y refleja en muchos instantes, al más puro estilo romántico, los estados de ánimo de Jeanne, sacudida por los distintos avatares en su vida. Brizé dibuja su relato a grandes pinceladas y con amplios retazos sobreentendidos por el contexto, y el estilo resulta bello y efectista, con la salvedad de algunas de las escenas esenciales para la comprensión de la trama, cuyas pinceladas son demasiado breves, mientras que otras, que se centran en el estado anímico de Jeanne, se alargan sin aportar nada. Y aunque, con la mayoría de ellas, el director consigue una textura, un ambiente melancólico y una inmersión en sus estados de ánimo que no podría haber conseguido de otra manera, esas leves deficiencias de montaje, que dan menos relevancia a ciertos pasajes esenciales, impedirán que el gran público pueda apreciar enteramente su valor. Porque el filme, además, está construido sobre todo con primeros planos que exploran sutilmente la psique de Jeanne y nos hacen recorrer su vida desde su subjetividad con un tratamiento intensamente intimista. Los diálogos, escuetos y reducidos a lo esencial, dejan paso a una imagen que lo es todo e insinúa delicadamente el descubrimiento de la mentira y la deslealtad de las personas a las que Jeanne ama, al tiempo que se va sumergiendo en la desilusión vital. La música se ha reservado para los momentos más relevantes en línea con la austeridad de la palabra, mientras que la fotografía, muy expresiva, adquiere la máxima importancia. 

            En El jardín de Jeannette, el tiempo y las estaciones se suceden y provocan un cambio gradual desde los tonos claros y alegres a los oscuros y negros, acompasando las alegrías y los golpes que se suceden en la vida de Jeanne. Temáticamente, además, recoge ciertas interesantes ideas: alternativa y solidariamente, tanto la protagonista como otros personajes son afectados y pagan por los errores de los demás. Pero, siguiendo con el tono templado del filme, en el que la felicidad se alterna con la desgracia sin nunca exceder las fuerzas de los personajes ni llevar al espectador a una visión trágica de la vida, se hacen oír a modo de conclusión las palabras de Rosalía, la antigua criada, mientras contempla con Jeanne el precioso rostro de la nieta recién nacida: «La vida nunca es tan buena o tan mala como creemos».

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