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HANDIA

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Handia (Grande)
  • Producción
    Irusoin, Kowalski Films y Moriarti Produkzioak (ESP 2017)
  • Dirección
    Jon Garaño y Jose Mari Goenaga
  • Guión
    Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Andoni de Carlos.
  • Fotografía
    Javier Agirre
  • Música
    Pascal Gaigne
  • Montaje
    Laurent Dufreche y Raúl López
  • Distribuidora
    A Contracorriente
  • Estreno
    20 Octubre 2017
  • Duración
    112 min.
  • Intérpretes
    Eneko Sagardoy (Miguel Joaquin Eleizegi, el gigante), Joseba Usabiaga (Martin Eleizegi, su hermano mayor), Ramón Agirre (Antonio Eleizegi, el padre), Íñigo Aranburu (Arzadun), Aia Kruse (Maria), Íñigo Azpitarte (Fernando)

handia2El más alto 

El gigante de Altzo, como se conoce al anormalmente alto Miguel Joaquín Eleizegi (1818-1861), empezó a desarrollar su colosal estatura hacia los veinte años, como consecuencia de una enfermedad. Alcanzó, según consta en las paredes de la iglesia de su pueblo, hasta los dos metros y cuarenta y dos centímetros. Su particularidad le convirtió en una curiosidad de feria. Un navarro avispado, José Antonio Arzadun, fue su agente. El gigantón junto con su hermano mayor Martín, lisiado en la primera guerra carlista, recorrió, primero España, y luego media Europa, siendo recibido por los monarcas entonces reinantes.

            Víctimas de la curiosidad y el morbo de la mayoría de los espectadores y de su desconocimiento en el uso del dinero, los hermanos Eleizegi no salieron de pobres cuando no fueron estafados por aviesos embaucadores. El caserío –en arriendo, que no en propiedad– no permitía a la familia vivir con ningún desahogo. El deforme Joaquín acabó tísico a los cuarenta y tres años hastiado de una vida que nunca le gustó.

            La película de Jon Garaño y Aitor Arregi relata su biografía haciendo hincapié, por una parte, en la sociedad rural en que todavía vivía el País Vasco y, por la otra, en la utilización de las personas como objeto comercial o soldado de leva. La poco afortunada recreación de la primera guerra carlista, en la que luchó el mayor de los hijos, alistado a la fuerza y de la que volvió con el brazo derecho lisiado, se limita a unos planos bélicos sin que se aluda para nada al origen de aquel conflicto. Tampoco se adentra para nada en los cambios sociopolíticos e industriales de aquel siglo lleno de convulsiones.

            Reducido al personaje del gigante, no se ahonda en su psicología y se muestra, únicamente, en su faceta de explotado como una rareza de feria. Lo cual está dicho por completo en los tres primeros cuartos de hora. Luego el film languidece en repeticiones muy poco variadas y un tanto cansinas. Lo que acaba por producir un bajonazo de interés en el espectador. Sobran metros y falta un guion bien construido que progrese y seduzca. Así que el film termina por aburrir.

            Algunos colegas disienten de esta apreciación al igual que el jurado del pasado festival donostiarra que le entregó su premio especial. ¿Por sus valores intrínsecos o por apoyar la película vasca a concurso? Me inclino a esto último, dado el pasteleo casi consuetudinario de los miembros de esos tribunales que no imparten justicia, sino que reparten a conveniencia sus galardones.

            De vez en cuando hay planos y momentos de belleza, los hay también por el enclave en que se asienta la casa natal del grandullón. Música y fotografía tratar de dar un tono legendario al relato, pero éste, mal trabado y construido, no está a la altura de lo que se pretende. En fin, que añoro la simplicidad, vigor y rigor de Loreak. Aquí falta lo que allí era un relato construido con mimbres diversos que acababan por compactarse en un único cesto. En cambio, en Handia el agua se escapa por las rendijas. Lástima. 

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