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LA BATALLA DE LOS SEXOS

Escrito por Rubén de la Prida
  • Titulo Original
    Battle of the Sexes.
  • Producción
    Christian Colson, Danny Boyle, Robert Graf (EE. UU., 2017).
  • Dirección
    Jonathan Dayton y Valerie Faris.
  • Guión
    Simon Beaufoy.
  • Fotografía
    Linus Sandgren.
  • Música
    Nicholas Britell.
  • Montaje
    Pamela Martin.
  • Distribuidora
    Hispano Foxfilm
  • Estreno
    03 Noviembre 2017
  • Duración
    121 min.
  • Intérpretes
    Emma Stone (Billie Jean King), Steve Carrell (Bobby Riggs), Andrea Risenborough (Marilyn Barnett), Sarah Silverman (Gladys Heldman), Bill Pullman (Jack Kramer), Elisabeth Shue (Priscilla Wheelan), Alan Cumming (Ted Tinling), Russell Stowel (Larry King).

batalla2Fábula de la Fox con moraleja LGTB.

La batalla de los sexos constituye el tercer largometraje del matrimonio de realizadores norteamericanos formado por Jonathan Dayton y Valerie Faris, que debutaron en 2006 con la entrañable Little Miss Sunshine. Se centra en el combate tenístico entre el que fuera ganador de Wimbledon y del Open de los Estados Unidos, Bobby Riggs, y la número dos del tenis femenino, Billie Jean King. Un duelo organizado por el propio Riggs (al que da vida un simpático Steve Carrell) ante la reivindicación de King, encarnada por una espléndida Emma Stone, de recibir la misma remuneración por partido que un hombre. A Riggs, un irredento machista, aquello le parecía una atrocidad digna de ser castigada en la arena batida. Quizá se imaginan ya cómo acabó el partido.

Como película de los estudios Fox, tiene carácter de fábula: personajes arquetípicos, desarrollo previsible y, por supuesto, moraleja final. Más allá de su recurso a los clichés, funciona y agrada por ese cóctel entre comedia y drama que Dayton y Faris ya usasen en su opera prima. Aquí, esa mezcla se construye sobre la tensión entre los géneros, que se asocian, casi a modo de leitmotiv, a los personajes de Riggs y King, respectivamente. Siempre que Carrell aparece en pantalla, y aun en los momentos menos divertidos, hay un regusto de comedia, de guasa. Y, en cuanto la Stone entra en el plano, la película adquiere un tono más pesado, casi agridulce, rayano a veces en el melodrama. Estamos ante una película de estudio bien construida, con excelentes interpretaciones y un impecable diseño de producción que hará las delicias de los más nostálgicos. Todo ello al servicio de los principios del feminismo y la comunidad LGTB.

A este respecto, resulta interesante compararla con otro film con el que guarda múltiples paralelismos –comparación que constituye una posible clave para su lectura. Se trata de Rocky (John G. Avildsen, 1977). La asociación entre ambas surge de un guiño que pudiera parecer fortuito, pero que, a juzgar por la similitud argumental que comparten, se antoja explícito. Hay un momento esencial que segmenta el oscarizado clásico, un punto decisivo que abre la segunda mitad. Se trata del instante en el que Rocky le quita las gafas a Adrian y comienza a besarla, como preludio al que (suponemos) es su primer encuentro sexual, y que convertirá a la tímida Adrian en una mujer apasionada y más libre. Acontece al final de una tarde juntos, después de que ya hubiera sucedido aquel encuentro en la tienda de animales, entrecruzando las miradas a través de una jaula de pájaros. Del mismo modo, el punto de inflexión en La batalla.. , y en la vida de Billy Jean, se da cuando Marilyn, su peluquera, después también de un juego de miradas y una tarde compartida, le quita las gafas, y la besa.

Esta referncia abre el campo a una comparación más amplia. Parece evidente que las dos cintas proponen un duelo deportivo como metonimia de una reivindicación social. En Rocky se defendía la persona del proletario, del tipo corriente de la calle, trabajador de clase humilde y claramente heterosexual. Se exaltaba su figura sobre la clase alta establecida y triunfante. La victoria moral del personaje de Stallone daba alas al sueño americano: cualquiera tiene la oportunidad de luchar y conseguir lo que se propone. Todo es posible para el que tiene voluntad. En La batalla…, en cambio, la ganadora es una mujer que lucha por los derechos del género femenino y que abandona a su marido al enamorarse de otra mujer. Interesante resulta que su rival, como Rocky, sea un arquetípico macho alfa.

Yendo a un subtexto un poco más profundo pero de gran importancia en La batalla…, el del descubrimiento de la propia sexualidad, se aprecia un salto cuantitativo y cualitativo en el tratamiento del tema. Si en Rocky se cuestionaban la virginidad y la represión de Adrian como como las rémoras de su identidad sexual y personal, aquí se ve el matrimonio heterosexual “de obligado cumplimiento” como el contrato social que debe ser superado. En aquella película, se trataba de un modo más bien subrepticio, en esta forma parte fundamental. Igualmente, si Rocky era encarnación de la la sudorosa virilidad de un tipo seguro de sí mismo, al que su novia apoyaba con leal devoción, es aquí Billie Jean la mujer fuerte a la que su marido Larry concede su incondicional ayuda, más allá incluso de la propia infidelidad de ella.

La comparación entre ambas cintas permite observar con nitidez el cambio de registro en los personajes con los que el público está dispuesto a empatizar, así como la transformación de los objetivos en la lucha social, a lo largo de las últimas cuatro décadas. El hecho de que La batalla…, de producción norteamericana, se estrene durante el mandato de Donald Trump, quien es algo así como Bobby Riggs, pero con menos gracia, no deja de ser irónico. Un contraste entre el cine y la realidad, que abre de par en par la puerta a la reflexión.

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