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LA LIBRERÍA

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    The Bookshop
  • Producción
    Green Films / A Contracorriente Films / Diagonal Televisión / Zephyr Films / ONE TWO Films (España- Reino Unido- Alemania, 2017)
  • Dirección
    Isabel Coixet
  • Guión
    Isabel Coixet, según la novela de Penelope Fitzgerald
  • Fotografía
    Jean-Claude Larrieu
  • Música
    Alfonso de Vilallonga
  • Distribuidora
    A Contracorriente
  • Estreno
    10 Noviembre 2017
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne, Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O'Neill, Toby Gibson, Charlotte Vega

libreria2Historias del pasado para reinvindicar valores

            Al margen de documentales, cortometrajes y capítulos de obras colectivas –que configuran un corpus nada despreciable- en la filmografía de Isabel Coixet coexisten los melodramas más radicales donde los personajes se sitúan en coyunturas de fuerte dolor emocional y/o físico (Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras, Ayer no termina nunca) y las historias un poco más livianas con los mismos elementos, pero atemperadas por la distancia emocional o la voluntad de retratar una época, entre las que se encuentra La librería, adaptación de una poco conocida novelista británica, Penelope Fitzgerald (1916-2000) cuya carrera literaria se inició ya en la madurez, tres años antes de publicar esa pieza en 1978. Coixet le saca buen partido al texto literario, una novela breve, eliminando tramas secundarias, alusiones al fantasma y pequeños detalles –los artistas locales que buscan un lugar para exponer, el empleado de banco que vigila las cuentas de la protagonista, la condición de biblioteca de la librería, etc.- con lo que se gana en vertebración dramática.  

            Un pueblo costero de la Gran Bretaña de los años cincuenta del siglo XX es el espacio único donde transcurre la acción que cuenta el empeño y las dificultades de Florence Green para abrir una librería. Florence se ha quedado viuda, la guerra mundial dejó muchas vidas desnortadas y ella mira al futuro con decisión. La aristócrata –y cacique en la sombra- Violet Gramart está acostumbrada a que nada cambie en el lugar sin su consentimiento, a controlar todo cuanto suceda y favorecer u obstaculizar según sus intereses o, lo que es más probable, sus caprichos. No le gusta la idea de Florence de recuperar un edificio abandonado para convertirlo en librería y ella piensa que debería ser un centro de arte. En el pueblo también vive otro aristócrata, Mr. Brundish, que no ha salido de su finca durante años, desde que su esposa ya no está; muy pronto se convierte en el cliente más importante de Florence, quien empieza recomendándole la lectura de Fahrenheit 451: a partir de ella se siente en deuda con la librera, por haberle descubierto a Ray Bradbury.

            El espectador se encuentra, inicialmente, con un filme agradecido, con encanto. El viaje virtual a la sociedad rural británica de hace más de medio siglo resulta gratificante por el retrato que ofrece –entre irónico y nostálgico- de los usos sociales y las relaciones vecinales; y deviene más crítico ante el sutil caciquismo y la dominación de las clases acomodadas disfrazada de democracia. Más aún, La libería llega a fascinar por el canto que hay al mundo del libro y a la experiencia estética y existencial que puede suponer a cualquier lector el descubrimiento de un autor (Ray Bradbury para Mr. Brundish) o de una novela (Lolita de Nabokov) que irrumpe en esa sociedad de convenciones rutinarias con soterrado escándalo. Ese amor al libro y a su capacidad de cultivar la sensibilidad o lograr la maduración de las personas es un valor que está en consonancia con la figura de Florence, una mujer discreta, reflexiva, de trato dulce y personalidad firme, pero que no se impone. Su generosidad llega a desarmar a potenciales enemigos o a cambiar las actitudes de los otros, como sucede con la relación que establece con la niña Cristine, cuyo trabajo en la librería junto a Florence contribuye a una provechosa maduración. Su bonhomía raya en la inocencia, por ello puede ser engañada por un tipo tan falsario como Milo North. Poco sabemos de ella, apenas se adivina la herida emocional que ha dejado la muerte de su esposo; los más cercanos, como Brundish le reconocer el valor de su coraje.

            Tras el encanto de una primera mitad, la película profundiza en su vertiente melodramática a partir de la relación de Florence y Mr. Brundish, cuyo encuentro se limita inicialmente a la convergencia de su interés por los libros; pero que crece solapadamente en cada uno en el ámbito personal sin llegar a explicitarse en ningún momento.

            Además de en nuestro país, Coixet ha rodado por medio mundo, ubicando sus historias, desde Estados Unidos y Canadá a Japón, pasando por una plataforma de petróleo en el mar del Norte y por Groenlandia. Cineasta universal donde las haya, no extraña el aroma british que consigue en La librería con unos diálogos y una construcción de personajes que parecen haber brotado del mismo suelo al otro lado del canal. Acierta en muchas claves: no está de más subrayar que logra un relato sugerente donde muchas cosas no se explicitan porque basta con que el espectador las imagine. El reparto y la dirección de actores son ejemplares, así como la ambientación y la banda sonora. La opción por cierto “tono menor” en la dramatización de los sucesos no debería llevar al espectador a minusvalorar el filme que es mucho más que una pieza de artesanía. Los valores encarnados por Florence y presupuestos en el mundo del libro tienen fuerza sin necesidad de que el filme los subraye. Diríase que la directora nos invita a este viaje virtual para apreciar esos valores, que son también los de la tolerancia y la convivencia democrática. Ahí es nada.

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