.

LA HIGUERA DE LOS BASTARDOS

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Producción
    Joaquín Trincado para Blogmedia (España, 2017)
  • Dirección
    Ana Murugarren
  • Guión
    Ana Murugarren, según la novela de Ramiro Pinilla
  • Fotografía
    Josu Inchaustegui
  • Música
    Adrián García de los Ojos, Aitzol Saratxaga
  • Montaje
    Ana Murugarren
  • Distribuidora
    Festival Films
  • Estreno
    24 Noviembre 2017
  • Duración
    110 min.
  • Intérpretes
    Carlos Areces, Karra Elejalde, Jordi Sánchez, Pepa Aniorte, Ylenia Baglietto, Andrés Herrera, Ramón Barea, Mikel Losada

higuera2Miedo y arrepentimiento de un falangista 

            A pesar de la notable filmografía del cine español sobre nuestra historia del siglo XX –particularmente de la Guerra Civil y el franquismo- no hay muchas películas ambientadas en la inmediata posguerra, con la borrachera de la victoria y la persecución a los demócratas, encarcelamientos, expulsiones y hasta fusilamientos, que se contabilizan por decenas de miles en un tiempo de presunta paz. Hay algunos títulos que recrean la vida cotidiana (La colmena,  Pim, pam, pum… ¡fuego!), sobre la guerrilla republicana (Los días del pasado, El corazón del bosque, Silencio roto)y relatos carcelarios (Estrellas que alcanzar, Las trece rosas, La voz dormida); pero apenas se ha abundado en contar la historia de los vencedores y la represión subsiguiente.

Con este su segundo largometraje, Ana Murugarren no lo tenía fácil, a pesar de la poderosa motivación (“Cuando leí la novela de Pinilla me vinieron dos imágenes a la cabeza. El Simón del desierto de Buñuel subido en su columna y el tío loco subido al árbol en el Amarcord de Fellini.”), pues el texto de Pinilla resulta muy digresivo, hay cambios de narrador y tiene una estructura poco dramática, de lo que claramente se resiente la película.

En realidad, la historia se vale de una especie de fábula a partir de la cual se trenza un relato de talante esperpéntico, aunque el contexto histórico es muy preciso: Getxo, en el País Vasco. El eje argumental es una suerte de alegoría: junto a otros falangistas, una noche de lluvia Rogelio emprende una caza de personas sospechosas de poco afectas al régimen. De una casa se llevan a un chico y a su padre, que son asesinados de inmediato en un descampado, de lo que es testigo el hijo y hermano pequeño, de 10 años. A partir de ahí, Rogelio se obsesiona con la mirada del niño y se convence de que cuando crezca lo matará. El niño entierra en el mismo lugar los dos cuerpos y planta un esqueje de higuera, que Rogelio regará y cuidará. La mujer del alcalde, Cipriana, convierte al falangista en un santón.

Este núcleo argumental habla del trastorno mental que puede suponer el arrepentimiento, de la mirada inocente como catalizador del juicio moral y de la transformación radical que puede experimentar el criminal hasta convertise en otro individuo. Centra el relato la figura de Rogelio en su evolución de falangista prepotente, casi una caricatura con su bigotillo y sus diálogos, a la de santón esperpéntico obsesionado por cuidar la higuera y hacer que se respete el enterramiento. Pero el señorito Pedro Alberto, de gente bien de Neguri, el alcalde que se ha apropiado de una casa, el cura carlista y los otros falangistas configuran una tribu no menos esperpéntica, que provoca tanta risa como miedo.

No todos los espectadores recibirán de igual manera un relato que, a nuestro juicio, resulta desigual y está necesitado de mayor definición en el tono, además de tensión dramática. Inicialmente se presenta con un tratamiento histórico-dramático, incluso con un tono mayor, grave, como nos hace ver una música que parece excesiva; luego va derivado hacia el humor más surrealista y hacia la caricatura, pero el tono de comedia no acaba por atrapar al espectador. Esa indefinición llega a algún personaje que no logra encontrar su sitio, como es el Ermo que compone Carlos Areces con notable esfuerzo. Las interpretaciones están muy cuidadas, no se deja de lado el acento vasco a la hora de hablar en castellano y el reparto es notable, al igual que la fotografía y la dirección artística. En conjunto, una obra imperfecta pero con evidente interés sobre una época poco tratada por nuestro cine.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.