.

EL VIAJE

Escrito por Francisco M. Benavent
  • Titulo Original
    The Journey
  • Producción
    Piers Tempest, Mark Huffam, Nick Hamm, Stuart Ford, Matt Jackson (Greenroom Entertainment/ Tempo Prods. Ltd./ Lypsinc Prods./ Corean Films/ Northen Ireland Screen) (Reino Unido, 2016).
  • Dirección
    Nick Hamm.
  • Guión
    Colin Bateman.
  • Fotografía
    Greg Gardiner.
  • Música
    Stephen Warbeck.
  • Montaje
    Chris Gill.
  • Estreno
    06 Diciembre 2017
  • Duración
    95 min.
  • Intérpretes
    Timothy Spall (Ian Paisley), Colm Meaney (Martin McGuinness), Toby Stephens (Tony Blair), Catherine McCormack (Kate Elgar), Freddie Highmore (Jack, el conductor), John Hurt (Harry Patterson), Ian McElhinney (Rory), Barry Ward (Ian Paisley hijo), Ian Beattie (Gerry Adams), Mark Lambert (Bertie Ahern), Daniel Portman (Jack), Stewart David Hawthorne, Kristy Robinson, Frank Cannon, John Wark, Michael Hooley.

viaje2La grandeza de conseguir el perdón

            A mediados de octubre de 2006 tuvieron lugar en la escocesa Saint Andrews las conversaciones para tratar de llevar la paz a Irlanda del Norte, después de 34 años de violentos disturbios y miles de muertes, a las que acudieron los líderes de los dos bandos irreconciliables, Ian Paisley y Martin McGuinness. El primero es el furibundo caudillo del Partido Unionista, un protestante octogenario cuya retórica bíblica recuerda a la de Hitler arengando a las masas. El segundo es un "terrorista internacional", activista del IRA reconvertido en dirigente de su brazo político, el Sinn Féin. Acabada la ronda, Paisley tiene que coger un vuelo a Belfast para celebrar las bodas de oro con su mujer. El mal tiempo le obliga a desplazarse en coche hasta el cercano aeropuerto de Edimburgo, viaje en el que va a tener sentado a su lado a su mortal antagonista. El trayecto por carretera, apenas 85 kilómetros, puede servir para que estos hombres que llevan treinta años sin hablarse tengan la oportunidad de romper el hielo, escucharse y, al final, tal vez no cantar juntos el mismo himno, pero sí tenderse la mano con respeto. Por encima de ellos la operación es monitorizada desde una sala de guerra donde Tony Blair y un jefe del MI5, experto en estas cuestiones, han urdido esa misión imposible de acercarlos para dar una oportunidad a la paz, una paz que será aplaudida por todo el mundo, salvo por los seguidores de ambos políticos.

            A partir de aquel diálogo histórico en Saint Andrews, que marcó el principio del fin de las hostilidades entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte, y del posterior trayecto que hicieron juntos hasta Belfast para evitar atentados de uno u otro signo (compartiendo en la realidad un avión privado: se conservan 15 segundos de película que allí grabó el hijo de Paisley), el guión del novelista y guionista norirlandés Colin Bateman (n. 1962) imagina en El viaje esta ficción sobre lo que pudo suceder entre bambalinas y en zapatillas durante aquel regreso, recurriendo perfectamente al "se non è vero, è ben trovato". Su relato se apoya en un esquema conocido: poner cara a cara a dos oponentes en un lugar cerrado (lo que fácilmente puede dar lugar a una obra de teatro) para que vayan aflorando todos los rencores acumulados durante generaciones. En el reducido espacio del coche, mientras van por carreteras secundarias, bosques procelosos o gasolineras cuyos empleados no están a la altura de los acontecimientos, se van sucediendo las justas verbales, aflora el veneno enquistado, saltan los reproches, las injurias y las debilidades de cada uno. El camino no estará exento de accidentes mientras los dioses del Olimpo tiemblan allá arriba viendo por las pantallas cómo en segundos todo puede saltar por los aires. Al igual que en cualquier "road movie", que también aquí puede acabar en una "buddy movie", esos dos hombres no serán ya al final los mismos tras haber visto y escuchado a su némesis.

            La película contrapuntea con habilidad las imágenes de esas décadas llenas de bombas incendiarias, discursos no menos inflamados, turbas airadas, muertes sin sentido…, hechos que el cine ha recogido también en filmes como En el nombre del padre (1993), The Boxer (1997), Domingo sangriento (Bloody Sunday) (2001), Omagh (2004) o Cinco minutos de gloria (2009). De su realización se ha encargado Nick Hamm (Belfast, 1957), un todoterreno afincado en la televisión que como director de cine nunca ha salido de la mediocridad: Pasiones rotas (1995), Martha conoce a Frank, Daniel y Laurence (1998), The Hole (2001), El enviado (Godsend) (2003), la en algunos puntos similar Killing Bono (2011)… Con El viaje consigue de momento la obra más relevante de su carrera, una cinta narrada con agilidad, con sus rasgos de humor -la define como La extraña pareja (1968) en el asiento de atrás de un coche- y conmovedora en varias de sus secuencias (como el paseo entre las lápidas del cementerio), aunque no llegue alcanzar el estadio de la obra maestra sobre el toma y daca entre dos gigantes de la política como se veía en las sesenteras Becket (1964), Un hombre para la eternidad (1966), El león en invierno (1968) o Cromwell (1970).

Destacables son las magníficas interpretaciones que contiene, como cabe esperar en una producción de este tipo. Timothy Spall sobresale como el inamovible integrista Paisley, conocido como Mr. Nunca por su negativa a negociar, que condena la danza (uno más) y no ha ido al cine desde 1973; camina al filo de la caricatura en la que podía haber caído, pero no lo hace. Buen amigo del auténtico Martin McGuinnes, Colm Meaney da su toque de humanidad a ese miembro del IRA con la conciencia anegada en sangre, aunque con una actitud mucho más conciliadora. Solo por ver su duelo dramático merece la pena pagar la entrada. Ya crecido, Freddie Highmore -el niño de Charlie y la fábrica de chocolate (2005)- es el conductor de la limusina que pone su granito de arena para que esa delicada operación no derrape del todo, un veinteañero de otra generación sin los prejuicios que arrastran sus pasajeros, un duende británico vestido de escocés y metido entre dos irascibles irlandeses salidos de una película de John Ford. Vigilando desde la sala de guerra están Toby Stephens (un Tony Blair algo payasete), John Hurt (el jefe del MI5, estupendo y dejando ver en su rostro el cáncer que pocos meses después se lo llevaría), Catherine McCormack (con poco papel como su ayudante), Ian Beattie (Gerry Adams, Id.), etc.

Al final, este viaje a la esperanza trasmite la sensación de inutilidad inherente a todos los confrontamientos, a todas las heridas causadas a unas víctimas cuyo recuerdo va desapareciendo, de una lucha que termina por agotamiento y de la que sólo salen perdedores. Al hilo de este debate sobre la condición humana, sobre las miserias humanas más bien, se habla de la expiación. Es difícil acercarse hasta el ofendido para pedirle perdón. Es incluso más difícil perdonar a quien puso la bomba que mató a tú hija bajo los escombros. Pero ejemplos ha habido, desde Mandela hasta las FARC en Colombia, de que las agresiones pueden terminar y siempre es posible dar la mano y mirar hacia adelante. 

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.