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EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    The Killing of a Sacred Deer
  • Producción
    Element Pictures / Film4 / New Sparta Films (Reino Unido-Irlanda, 2017)
  • Dirección
    Yorgos Lanthimos
  • Guión
    Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou
  • Fotografía
    Thimios Bakatatakis
  • Montaje
    Yorgos Mavropsaridis
  • Distribuidora
    Diamond Films
  • Estreno
    01 Diciembre 2017
  • Duración
    109 min,.
  • Intérpretes
    Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Alicia Silverstone, Bill Camp, Denise Dal Vera, Jerry Pope

sacrificio2Tentados por el cine de género

            Como ha demostrado con Canino (2009) y Langosta (2015), el cineasta ateniense Yorgos Lanthimos es poseedor de una estética propia, de un discurso genuino capaz de idear ficciones que dicen algo sobre nuestro mundo, sobre el ser humano en las sociedades actuales, tan contradictorias. Esa estética renuncia, en primer lugar, al lenguaje realista para decantarse por ficciones con elementos fantásticos, manifiestamente ahistóricos, que muestran cierto talante alegórico; pero no eran relatos de género ni se podían ubicar en lo que convencionalmente llamamos “cine fantástico”. El discurso preñado de simbolismos se ha puesto al servicio de reflexiones abiertas y distanciadas sobre la familia, las relaciones afectivas, la dificultad de realizar los deseos… en una sociedad (o con una condición humana) donde la tentación o el riesgo de violencia siempre está presente. El estilo tiende a la frialdad y el distanciamiento, con elipsis creativas, que presupone un espectador activo e inteligente a quien no hay que darle todo mascado ni son necesarios los subrayados.

            No son películas fáciles ni van destinadas a la gratificación del espectador; a ratos pueden resultar impostadas, pero creo que el director griego muestra en aquellos títulos que es poseedor de un mundo propio. Sin embargo, con El sacrificio de un ciervo sagrado ha buscado un público más amplio con dos estrellas encabezando el reparto –Colin Farrell, ya presente en la anterior, y Nicole Kidman- y, sobre todo, llevando la historia hacia un tratamiento de género; de hecho, la distribuidora publicita la película como cine de terror. Esta opción, muy comprensible desde las exigencias industriales del cine, no solo pone sordina a la voz de Lanthimos sino que termina poniéndolo al servicio de un tipo de cine en el que, además, dada la proliferación de títulos anuales de terror con todo tipo de historias, tratamientos, geografías y ámbitos humanos, resulta muy difícil competir. O, como es el caso, se sale malparado.

            Steven es un cirujano en cuya mesa de operaciones falleció el padre de Martin, un adolescente que planea una venganza contra Steven, pues hubo una negligencia médica. Martin busca primero la empatía desde su condición de víctima, pero pronto somete a Steve a un chantaje que va en crescendo, pues tiene poderes para hacer que los dos hijos de Steve enfermen sin que los médicos puedan curarlos.

            Más intriga que terror, presenta un talante realista en la mayor parte de los componentes, aunque introduce un elemento sobrenatural que resulta central en la construcción de la historia. El relato se focaliza en su mayor parte en la figura del cirujano, un personaje que no parece arrepentido de haber entrado al quirófano con dos copas de más ni muestra la impotencia desgarrada que sentiría un padre de familia en su situación. Pero, al final, la historia es una más de las muchas que desarrollan temas de amenaza y supervivencia. La decantación hacia el cine de género deja muy en segundo plano, hasta prácticamente desaparecer, las sugerencias o apuntes sobre la condición humana que había en los otros trabajos de Lanthimos.

Entre lo más valioso de El sacrificio de un ciervo sagrado –el metafórico título original dice killing, lo que evita la cuasirredundancia inherente a “sacrificar” (hacer sagrado)- está una banda sonora que emplea temas corales barrocos (Bach, Pergolesi) para el principio y el final de la cinta, como encuadre exquisito y espiritual en contraste con los ruidos y fragmentos de música no melódica, bastante estridente, en la mayor parte del relato destinados a evidenciar la violencia subyacen en su totalidad y emergente en momentos concretos. El espectador motivado por el cine de terror quedará defraudado por una historia que añade poco al género; igualmente, quien empatice con Canino o Langosta sentirá que el cineasta le traiciona con una obra más comercial y convencional. 

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