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EN LA PLAYA SOLA DE NOCHE

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    Bamui Haebyunaeseo Honja
  • Producción
    Jeonwonsa Film (Corea del Sur, 2017)
  • Dirección
    Hong Sang-soo
  • Guión
    Hong Sang-soo
  • Fotografía
    Kim Hyeong-gyu, Park Hongyeol
  • Montaje
    Sung-Won Hahm
  • Distribuidora
    La Aventura Audiovisual
  • Estreno
    08 Diciembre 2017
  • Duración
    101 min.
  • Intérpretes
    Kim Min-hee, Seo Young-Hwa, Jae-yeong Jeong, Seong-kun Mun, Kwon Hae-hyo, Song Seon-mi, Ahn Jae-Hong, Park Yea-Ju

enlaplaya2Ensayo sobre el amor puro

            El cineasta surcoreano Hong Sang-soo forma parte de la élite de directores aclamados por la cinefilia como auteurs cuyas películas se estrenan en festivales de referencia (Cannes, Berlín, Venecia) que les otorgan el certificado de garantía suficiente para distribuirse en todo el mundo, aunque sea en pocas salas. Méritos no le sobran: singularmente, estar en posesión de un estilo y un lenguaje específicos al servicio de un cine más reflexivo que narrativo, más ensayístico que dramático. Son películas que, lamentablemente, no llegan a todos los espectadores, pues no siempre se “entra” en ellas y esto se hace con dificultad. Me ha pasado con En otro país (2012) y me sucede ahora con En la playa sola de noche. Tampoco Ahora sí, antes no (2015) era una obra sin reparos para el limitado abajofirmante, aunque Lo tuyo y tú (2016) alcanzaba mayor coherencia con un juego de gemelas que recuerda a Rohmer. Obviamente estos reparos son enteramente subjetivos, sin suponer un juicio crítico hacia la entidad estética de estas películas.

            Probablemente uno tiene estas dificultades de comunicación porque se trata de un cine hecho de renuncias: al espectáculo, a la narración de una historia, a personajes definidos, a diálogos dramatizados, a acciones o sucesos donde los personajes revelen su carácter o reaccionen… Por el contrario, se pone en escena una sucesión de conversaciones que muestran un talante de vida cotidiana con sus repeticiones, digresiones, medias palabras, equívocos, omisiones, etc. como si se tratara de capturar la vida misma en su complejidad y contradicción, en sus incoherencias e incertidumbres, lo que refuerza un rodaje donde se deja espacio para la improvisación de los actores. Esta es la fuerza, la ambición y el mérito de Sang-soo, con su estilo que ha sido calificado de “naturalismo poético”. Pero, ya digo, no es un cine cómodo para el espectador ni siempre logra la empatía necesaria para que se establezca un nivel de comunicación que, dada la naturaleza de las películas, resulta bastante más exigente que la media.

            En esta película, divida en dos capítulos (uno transcurre en Alemania, el otro en Corea), se tarda bastante en abordar el tema central. La escueta sinopsis para los medios dice textualmente: “Tras mantener una aventura con un hombre casado, la famosa actriz Younghee decide tomarse un tiempo. Para ello viaja a la ciudad de Hamburgo, donde se quedará en casa de un conocido. Esto no impedirá que siga pensando en lo que dejó atrás”. Y es decir mucho, porque lo de menos es la historia de esa actriz (aunque, según parece, hay elementos autobiográficos del director); y lo demás sus reflexiones sobre la inalcanzabilidad del amor puro, de un ideal de amor sin exigencias ni renuncias. Lo resume muy bien el poema que leen los personajes en un momento determinado.

            Sang-soo tiende al plano secuencia y suele dejar que los personajes entren o salgan del cuadro, agotando los tiempos. Evita el montaje con barridos de seguimiento, a veces poco elegantes. Diríase que busca lo teatral y, sin embargo, su cine renuncia explícitamente a los diálogos teatrales o al ritmo dramático, a los giros que otorgan clímax o tensiones. De hecho, donde más relieve alcanza esa opción desdramatizada es en la renuncia a la acción: esta película es, al final, un trenzado de conversaciones, de encuentros que sirven para verbalizaciones de opiniones o sentimientos, pero apenas hay sucesos o acciones que impliquen a los personajes. Ni siquiera la playa del título, que es un espacio simbólico con su aspecto invernal e inhóspito parece influir en esa actriz omnipresente en el relato. En el tramo final, con la comida y brindis de cerveza surcoreana, el espectador participa de estos personajes en la medida en que se sinceran y se preguntan por ese sentimiento eternamente deficitario e inasible que es el amor.

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