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THI MAI, RUMBO A VIETNAM

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Producción
    Amor en Vietnam / Atresmedia Cine / Levinver (España, 2018)
  • Dirección
    Patricia Ferreira
  • Guión
    Marta Sánchez
  • Fotografía
    Sergi Gallardo
  • Música
    Fernando Velázquez
  • Montaje
    Antonio Frutos
  • Distribuidora
    Tripictures
  • Estreno
    12 Enero 2018
  • Duración
    90 min
  • Intérpretes
    Carmen Machi, Adriana Ozores, Aitana Sánchez-Gijón, Dani Rovira, Luis Bermejo

thimai2Entrañable comedia de liberación y sentimientos

            Ya se sabe lo difícil que es encontrar el tono adecuado en la comedia dramática, ensamblar debidamente los chistes verbales, sucesos conflictivos, situaciones humorísticas, vaivenes anímicos de los personajes, encuentros y encontronazos… de manera que la historia sea creíble al tiempo que desprenda optimismo y conceda al espectador ocasión para algunas risas. Pues bien, este trabajo de Patricia Ferreira –que se adentra por primera vez en el género con su quinto largometraje- logra el tono preciso con su equilibrio entre las secuencias de comedia y las de drama de sentimientos.

            El punto de partida es el fallecimiento de María, la hija de Carmen y Javier, un matrimonio que trabaja en una ferretería en Pamplona. Carmen es amiga de Elvira, que acaba de perder su empleo en el banco de forma traumática, y de Rosa, un ama de casa subordinada al marido y ninguneada por los hijos adolescentes. Las tres amigas se apoyan en esa situación dolorosa y se convierten en una piña cuando hay que ser cómplices de Carmen, quien resuleve asumir a Thi Mai, la niña que su hija fallecida iba a adoptar en Vietnam. Viajan las tres al sudeste asiático con un grupo organizado por una agencia de adopción y comandado por el guia vietnamita Dan, pero las cosas no son fáciles, pues legalmente Carmen no puede llevarse a Thi Mai, ni siquiera sirve que su marido, Javier, cambie de opinión y ahora la apoye. Coinciden con Andrés, un chico que ha ido en busca de su novio, pero que se ve abandonado y en la calle.

            El tema de la adopción ha dado lugar recientemente a dramas intensos en el cine español, con tratamientos diferentes: está la valorada Verano 1993 (2017), con el punto de vista de una niña que se pregunta por su situación, la historia de unos padres esforzados La adopción (2015) de Daniela Féjerman, el caso más dramático de rechazo La vergüenza (David Planell, 2009) y Thi Mai, que se decanta por la comedia dramática. No por casualidad, y contra toda estadística, de estos cuatro títulos, tres de ellos están dirigidos por mujeres. El sentimiento de maternidad –parece que más fuerte o arraigado que el de paternidad- alimenta y da energías en historias que tienen no poco de heroísmo por la lucha contra los elementos, como le sucede a Carmen en Vietnam.

            Pero la película también sirve para hablar de la situación de las mujeres en nuestra sociedad, más frágiles ante las convulsiones del mercado laboral (Elvira), frecuentemente consideradas poco preparadas para determinadas profesiones (muy bueno el diálogo de Carmen y el cliente en la ferretería) y, por ello, subordinadas al varón o, peor aún, relegadas al papel tradicional de banqueta de tres patas (esposa, madre, ama de casa) que los demás utilizan sin que ella tenga una vida propia, ni siquiera una afectividad satisfecha, por lo que se vuelca sobre el perrillo (Rosa). Tampoco el personaje ausente de María, sin pareja, parecía disfrutar de una vida gratificante. Y Andrés viaja al otro lado del mundo para encontrarse con el rechazo de su novio. En fin, que, de entrada, las situaciones de las tres mujeres y el joven protagonistas no son muy halagüeñas.  

            Como en todo viaje literario o cinematográfico, los personajes experimentan una transformación y, al final, ninguno de los cuatro vuelve al punto de partida; por el contrario, como exige la comedia, todos mejoran su situación inicial, de manera que la adopción de Thi Mai más que el regalo de unos occidentales que proporcionan una familia a una niña de orfanato de un país del Tercer Mundo, es el regalo que ese acto de generosidad otorga a cada uno de los europeos, mejorando sus vidas. Salir de la ciudad provinciana no tiene más que ventajas y marchar a otras latitudes permite la distancia necesaria para centrarse en la vida de uno de verdad, dejando convencionalismos y amarguras.  

Como no podía ser de otro modo, Thi Mai se apoya en las tres actrices que desarrollan un excelente trabajo porque están bien dirigidas y porque sus personajes son sólidos. Hay chispa en los diálogos, se saca partido de las situaciones de enredo (acceso prohibido al orfanato, abandono en el arrozal, comida en la terraza con mesa más pequeña “que el culo de una Barbie”) y una apuesta fuerte por los elementos melodramáticos en el último tercio, quizá necesitado de un poco más de ritmo para la previsible resolución del conflicto. La cineasta busca un público amplio y consigue una estimable comedia familiar, significando este adjetivo que sirve para toda la familia y no en el sentido de cine infantiloide o ñoño.  

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