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C'EST LA VIE!

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Le sens de la vie
  • Producción
    Quad Prod., Ten Films, Gaumont, TF1 Films, Main Journey, Panache Prod., La Compagnie Cinématographique, Canal+ y Ciné+ (FR-CAN-BEL, 2017).
  • Dirección
    Olivier Nakache y Eric Toledano
  • Guión
    Olivier Nakache y Eric Toledano
  • Fotografía
    David Chizallet
  • Música
    Avishai Cohen
  • Montaje
    Dorian Rigal-Ansous
  • Distribuidora
    A Contracorriente Films.
  • Estreno
    26 Enero 2018
  • Duración
    117 min.
  • Intérpretes
    Jean-Pierre Bacri (Max Angély), Jean-Paul Rouve (Guy, el fotógrafo), Gilles Lellouche (James, el solista), Vincent Macaigne (Julien), Eye Haïdara (Adèle), Suzanne Clément (Josiane), Alban Ivanov (Samy), Benjamin Lavernhe (Pierre, el novio), Judith Chemla (Héléna, la novia).

cestlavie2Una boda de alto copete. 

            La celebración de las bodas en el cine daría para varios volúmenes de una enciclopedia sobre el particular. Pero hay cuatro que uno recuerda a bote pronto: la de El padrino (1972), la de Altman (Un día de boda, 1978), La boda de mi mejor amigo (1997) y Novia a la fuga (1999). Quedan por el camino un sinfín de bodas reales: la de Sissi, la de Alfonso XIII y tantas otras… Y las exprés, no menos innumerables, en Las Vegas. Pero últimamente los ojos se han puesto en las bodas «a la americana». En Europa, siempre a remolque de los EEUU en cuestión de hábitos sociales, se ha extendido la plaga de wedding planers, las empresas que se dedican a organizar hasta en el más mínimo detalle la ceremonia nupcial y el banquete-fiesta subsiguiente. En estas tres últimas temporadas han proliferado estos films. Le ahorro al lector la lista, pues están en la memoria de todos y, sobre todo, en IMDB, sitio web al que tanto debemos los aficionados.

            Me topé con esta comedia francesa (C’est la vie!) en el pasado festival de San Sebastián y debo confesar que me reí a gusto. Ya se sabe que los asistentes a estos eventos agradecen los films divertidos que alivian de los dramones, tragedias, denuncias y experimentos lingüísticos que abundan en tales certámenes. La nueva película de los guionistas y directores de Intocable, tras dos bajonazos perdonables, vuelve a encontrar una veta cómica que explotan a conciencia para diversión del respetable. 

Max Angély es un reconocido organizador de bodas por todo lo alto. Las sitúa en una mansión, perdón, chateau, del siglo XVII y están llenas de todos los ingredientes que pueden hacer felices a los novios, a su parentela, a amigos e invitados de compromiso. El equipo de cocineros, camareros, jardineros, decoradores y una troupe interminable de servicios auxiliares exige un director de orquesta de primera categoría. Max lo es: un maestro en tomar decisiones sobre la marcha y defensor de la máxima: si no se puede, se adapta. Con ella sale del paso en toda situación de apuro por fallo de su personal o de los artilugios puestos en acción.

Porque a la hora de contratar personal, no puede sustraerse a ciertos compromisos sentimentales, familiares o laborales. Josiane,su amante y segunda de a bordo, no cesa de importunarle con que no demore su divorcio. Guy, el fotógrafo, está mas atento a los canapés con que saciar su hambre crónica que a disparar la cámara. Por cierto, la proliferación de móviles con aparato fotográfico puede acabar con su profesión. El cantante contratado es un solista del montón, porque el DJ elegido se ha caído del cartel. Es un neurótico, inseguro de su valía, que necesita continuos refuerzos emocionales. Adèle, encargada de las vituallas, no deja de plantear problemas de todo tipo a Max (magnífica la interpretación de Eye Haïdara, francesa de familia africana).

No olvidemos a los novios. Pierre es rico y arrogante. Y se enfurece por cualquier cambio que se produce en el programa. Será protagonista del número final que remata su estupidez adinerada. Hélène, cuya madre no deja de inmiscuirse en todo, se encuentra en la boda como camarero a su antiguo novio Julien, profesor venido a menos, con quien tiene durante la fiesta nupcial un aparte…

Burla, burlando se pone en la picota a esa tropa de profesionales que no siempre lo son o que han sido contratados por no exigir condiciones laborales de obligado cumplimiento. Entre ellos están los inmigrantes, a los que se ve con una mezcla de picaresca, por una parte, y por otra, como víctimas de explotación. En la misma línea que en Samba.

 El dúo Nakache-Toledano logra, en mi opinión, su obra más redonda. La comicidad de Intocable era fruto del contraste entre dos personas de orígenes sociales bien distintos y con concepciones de la vida diametralmente opuestas. Aquí se trata de un microcosmos en que se reflejan conductas y actitudes de nuestra sociedad actual (la francesa es cada vez más parecida a la nuestra). El cuchillo de la risa las pone en solfa. El actor Jean-Pierre Bacri, que es el factótum de este guirigay de intereses contrapuestos, resplandece de modo singular y logra una –si no la mejor– de sus interpretaciones. Gracias también a unos diálogos llenos de gracia, agudeza e ingenio (esprit, que dicen los franceses).

C’est la vie! proporciona un buen rato de humor que culmina en la extravagante secuencia del novio volador y que puede pasar a los anales de la comedia si no a la antología del disparate. Ojalá proporcione a los espectadores, ya fuera del marco festivalero, la diversión que me causó a mí. Aunque en esto del humor, ya se sabe, que no llueve a gusto de todos.

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