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THE FLORIDA PROJECT

Escrito por Rafael Arias Carrión
  • Producción
    Sean Baker, Chris Bergoch, Shih-Ching Tsou (EE.UU., 2017)
  • Dirección
    Sean Baker
  • Guión
    Sean Baker, Chris Bergoch
  • Fotografía
    Alexis Zabé
  • Música
    Mathew Hearon-Smith
  • Montaje
    Sean Baker
  • Distribuidora
    Diamond Films España
  • Estreno
    09 Febrero 2018
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Moonee (Brooklyn Kimberly Prince), Halley (Bria Vinaite), Bobby (Willem Dafoe), Jancey (Valeria Cotto), Scooty (Christopher Rivera), Dicky (Aiden Malik ), Grandma Stacy (Josie Olivo), Amber (Patti Wiley), Luci (Jasineia Ramos), Bertha (Rosa Medina Pérez), Ashley (Mela Murder).

florida2Al otro lado del espejo no hay nada

Aquel denominado en los años ochenta como cine independiente made in USA, que era difícil de definir con palabras pero fácil de comprender con imágenes, se componía de una mezcla de personajes disconformes y un espacio retratado con una mirada desapasionada. Era la mirada de la otredad. Jarmusch, Gus van Sant, Spike Lee, Soderbergh, Hartley, los Coen, entre otros, nada tuvieron en común salvo una forma de encuadrar inclasificable. Los años noventa diluyeron dicha esencia. Parte de la culpa vino de la asimilación de muchos de ellos bajo el paraguas de los inefables (por muchos motivos) hermanos Weinstein. Los cineastas independientes se refugiaron en el cine de género para poder salir a flote. El siglo XXI, con el decrecimiento de los presupuestos para filmar y la no necesidad de estrenar en pantallas cinematográficas, hizo posible que muchas películas invisibles hayan sido viables y tengan su público gracias a otras formas de visionado. Sean Baker, director de The Florida Project, es uno de ellos. Su anterior película, Tangerine, es una perfecta definición de cine independiente en este siglo: filmada con tres iPhone, compone un retrato vital de varias mujeres transgénero.

Su último trabajo tiene como reflejo espectral el Disneyworld de Florida, síntoma enfermizo de un espacio onírico plagado de pesadillas. Baker narra la historia estival de un grupo de niños que viven en un motel, todos de familias descompuestas, cerca del mundo de Disney sin que puedan acceder a él. Al cuidado del motel se encuentra el siempre laborioso Bobby (especialmente sensible en sus gestos Willem Dafoe), quien da cobijo a un sin número de familias que malviven sin un hogar estable. En los alrededores, niñas y niños campan a sus anchas durante un verano cálido, juegan, viven la niñez, cómplices de travesuras y otras que no lo son con sus consecuencias. Aventuras mil bajo la mirada de una niña, Moonne, y la vigilancia desde la distancia de Bobby.

En The Florida Project hay muchas cosas interesantes. Con presupuesto austero (pese a estar filmada en 35 mm) muestra a unos adultos a los que la vida ha maltratado y sigue haciéndolo frente a unos niños que disfrutan su infancia aun a costa de ser personajes aplastados contra un espejismo. Formalmente, Baker utiliza un gran angular para mostrar dichos espacios deformando líneas y paisajes donde transitan sus protagonistas y hacerlo más inaprensible para el espectador, pues el personaje nunca aparece conectado con los edificios del consumo. Ciertamente están cerca de una tierra de sueños, pero son conscientes de que ese mundo es cosa de otros, que a ellos les corresponde transitar otro espacio. Porque su vida no está en esos parajes. Está en los arrabales, en las pillerías, en las necesidades con las que viven, en la inmisericordia de los mayores que los utilizan en su provecho.

Pero también las niñas son reflejo de sus madres. Moonee es reflejo de su madre, una joven malhablada y peor encarada, racista y supremacista, que piensa en sí y en nadie más, que cree que su libertad es su tesoro y que con eso se puede criar a una niña. Y lo mismo sucede con Dickie, hijo de una camarera y de Jancey, hija de otra madre soltera. ¿Y los padres?

Hay en The Florida Project una visión de la precariedad sin que se señalen culpables, pero mostrando la existencia de una pobreza estructural que afecta a no pocas personas. Incluso Bobby, gerente del motel no hace más que trabajar sin cesar. Siempre, en cada plano que le vemos salvo en uno al final donde intenta relajarse fumando un cigarrillo está realizando alguna labor. Pero hay muchos más apuntes en la película que la hacen una excepción en su forma de mirar dentro del cine estadounidense. Baker mira a una parte de la sociedad, que está excluida. Y lo está además físicamente, separados de ese otro agradable mundo. Y su mirada va hacia un grupo de personas que difícilmente van a salir de ese agujero.

Signos de dicha separación: un espacio suburbano, un helicóptero que sobrevuela sin cesar una excursión de Disney pero que funciona también como separador, como límite, el trabajo, que existe pero que no saca de la pobreza (una en una hamburguesería; otra vendiendo en la calle perfumes de contrabando, el mismo Bobby). Signos de libertad: el espacio soleado donde los niños juegan como hacía mucho no se veía en el cine, con la libertad que te da el correr hasta que la extenuación, disfrutando su infancia sin objetos, solo con sus cuerpos y el espacio que los rodea, sin peligros aparentes, lo cual no quiere decir que no existan. Mucho de The Florida Project es encomiable. Lo mejor, sin duda, la mirada desprejuiciada, la sensación de conciencia a la hora de desgranar las diversas características de un lumpen que malvive en una sociedad partida.

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