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YASUJIRO OZU, ELOGIO DEL SILENCIO

Escrito por Redacción
A mi alrededor todo el mundo hacía
películas habladas, pero yo realizaba
siempre películas mudas.
¿Por qué tiene el hombre que buscar
el ruido cuando reina el silencio?
(Yasujiro Ozu)

Desde hace algunas décadas numerosos espectadores occidentales admiran la obra de Ozu; puede haber quien considere menudencias sus películas; pero de serlo, también habría que aceptar que son joyas cinematográficas exquisitamente talladas. No faltan los estudiosos que se han acercado a la obra de Ozu, tratando de aprehender su inagotable capacidad de seducción, y a ellos se suma ahora el presente trabajo, que aspira a examinar los recursos menores de un artista mayor.

El de Ozu es un cine sigiloso, que exige ser visto y oído con atención. En sus películas los personajes no pronuncian largos discursos; son parcos en palabras, y cuando hablan lo hacen en voz baja. Su obra insinúa más de lo que afirma, y sugiere más de lo que muestra. Y lo que dice está, sin embargo, repleto de sentido.

En correspondencia, las imágenes que compone el cineasta japonés tienden hacia la máxima depuración; se simplifican progresivamente, como si persiguieran de manera obsesiva hacerse con la esencia cinematográfica concluyendo que, si ésta existe, debe hallarse despojada de todo lo accesorio. Es éste un objetivo arduo, que se desarrolla a lo largo de años de oficio y experimentación. El presente trabajo pretende examinar, a partir de los testimonios conservados, los diversos episodios que fraguaron dicho proceso.

Celebrado hoy como artista novedoso, fue tiempo atrás desdeñado por su talante conservador en su propio país. A lo largo de su carrera practicó un cine popular: comedias y melodramas dirigidos a todos los públicos, que gozaron de buena salud comercial. Hoy, sin embargo, es particularmente admirado por la cinefilia más exigente. Gran misterio, el de un cine que incita a mirar y a contemplar; a reflexionar sobre lo que vemos, y sobre el arte cinematográfico en general. Que exige del espectador una inagotable capacidad de fascinación y de descubrimiento, y que lejos del tedio o del desconcierto produce un indescriptible placer: el arte pausado del maestro japonés es una continua invitación al goce; una oportunidad insólita que nos permite descubrir el cine reducido a su misma esencia. Abriendo los ojos a la realidad corriente, fuente de una poética tan perdurable como sincera, Yasujiro Ozu llevó a sus últimas consecuencias un principio propio del artista entregado al cultivo de su arte: “vivir con modestia, filmar con grandeza”.

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