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Bajo el signo de la melancolía

Escrito por Redacción

Bajo el signoBajo el signo de la melancolía. Cine, desencanto y aflicción, de Santos Zunzunegui, Madrid, Cátedra, 2017, 192 pp.

El origen de este texto, como sucede con los cohetes espaciales, tiene varias fases. La primera se abre cuando Marina, mi mujer, asiste en Berlín el año 2005 y en el marco que le ofrecía uno de los más bellos edificios de la ciudad (la Neue Nationalgalerie de Mies Van der Rohe) a la exposición organizada por Jean Clair en torno a la Melancolía, exposición que ya se había exhibido, con gran éxito, en París. Sus comentarios, los materiales gráficos y literarios que me aportó despertaron en mi la idea (entonces no era más que eso) de dedicar una cierta reflexión a la manera en que el cine y la melancolía se habían relacionado a lo largo de la historia del Séptimo arte. Este es el verdadero detonante del libro que ahora tiene el lector en sus manos.

El segundo impulso tuvo lugar dos años más tarde al preparar mi intervención en el coloquio celebrado en Udine (Italia) bajo la denominación “Lo sguardo dei maestri” organizado por Giorgio Placereani  y que ese año estuvo dedicado a Orson Welles. Buena parte de mi intervención en este coloquio, tomando como partida la monografía sobre el cineasta que publiqué en 2005, giraba en torno a la dimensión melancólica del cineasta de Kenosha y su obra. Precisamente en el marco de este coloquio tuvo lugar mi encuentro con Jean-Loup Bourget, director del departamento de estudios cinematográficos de L’École Normale Supérieure de París que, amablemente, me invitó impartir un seminario en ese marco, sugiriéndome que podía estar dedicado a las relaciones entre el cine y la melancolía. Aceptado el reto, el seminario tuvo lugar en Enero del 2008 y me sirvió para seleccionar el material que iba a ser analizado, plantear una serie de hipótesis básicas y, sobre todo, testar ante una audiencia especializada el potencial de mi acercamiento al tema. Desde este punto de vista tengo que agradecer a los asistentes a aquel seminario y, de manera muy especial, al propio Jean-Loup Bourget que siguió muy cerca las distintas sesiones del ciclo, sus atentas indicaciones y comentarios siempre atendibles.

Es verdad que desde entonces la posibilidad de convertir esta serie de conferencias en un libro se me planteó varias veces. Pero uno propone y las circunstancias disponen. Parece que ahora ha llegado el momento para lo que ha sido necesario refinar el material, descartar alguna de las ideas iniciales y, en la medida de lo posible, enriquecer las que demostraron merecer sobrevivir a la criba. Pero sobre todo pensar en cómo convertir la exposición oral, que tiene su prosodia y ritmo propios, en escritura sin perder (o perdiendo lo menos posible) la espontaneidad de partida.

No es la primera vez que el tema se aborda. Ni será la última. Ya en Junio de 2007 la revista Positif había publicado un interesante dossier con el título “Melancolía y cine”. En el año 2009 un ciclo sobre el tema se exhibió en la Filmoteca Española de Madrid partiendo del citado dossier. El lector que lo conozca podrá constatar las identidades y las diferencias entre el acercamiento propuesto por la revista francesa y el que se propone en las páginas que siguen. Como es lógico, ciertos autores y determinados films se repiten pero otros sólo comparecen en uno u otro de los acercamientos. Diré que desde mi punto de vista he intentado tomar el concepto de melancolía de una manera lo más estricta posible para evitar que cualquier película y cualquier actitud pudiera ser calificada de “melancólica”. He buscado, de manera consciente, compaginar el punto de vista general con la manera concreta en la que la melancolía ha impregnado determinadas películas. En el fondo este libro no es sino una forma más de expresar mi convicción de que del cine lo único que podemos tocar son las películas. Aunque nadie puede sostener de manera sensata que el cine esté formado únicamente por los films mi preocupación ha sido siempre la de conceder al aspecto material del cinematógrafo (a sus imágenes y a sus sonidos) el punto central en la reflexión. Pero no para ejercitar un obsoleto formalismo sino, al contrario, como la única manera de devolver al séptimo arte su dimensión de objeto de significación dotado de una historia.

Dicho lo cual quiero manifestar que no me cabe duda que este libro es muy parecido pero a la vez distinto de todos los que he publicado hasta el momento. Quizás porque me permitía aplicar sobre un objeto muy singular una de las normas que siempre he intentado inculcar a mis alumnos: que el respeto al lector exige del estudioso entregarle los materiales de una manera accesible, en la que hayan sido cuidadosamente borradas las huellas materiales del trabajo de análisis (necesario y, quizás, nunca suficiente) que está detrás de las páginas que está leyendo. Liberada de la pesada carga pedagógica la escritura puede respirar y el difícil diálogo entre autor y lector se hace más sencillo, directo y fluido. De la misma manera me he permitido a mi mismo moverme con mayor libertad en un terreno que me parecía reclamarla aunque solo fuese porque trascendía los límites del cinematógrafo. Sé muy bien que existen autores melancólicos, films melancólicos y, por supuesto, dispositivos melancólicos pero he querido alejarme, de forma consciente, de cualquier intento taxonómico para concederme una capacidad de maniobra que me facilitara las transiciones rápidas entre campos cercanos. Espero que esta elección redunde tanto en facilidad de lectura como en la apertura de sugerencias que indiquen futuros caminos a transitar. 

De lo que se trata, en fin, en estas páginas es de explorar la manera en que determinadas obras de arte (y la praxis artística de ciertos autores) desarrollan temas y figuras que las trascienden justamente en la medida en que se insertan en una línea que no comienza en 1895 sino que viene de mucho más atrás. Seguir esa pista se ha convertido, finalmente y gracias a toda una serie de impulsos exteriores, en una forma de realizar una inmersión en uno de los conceptos que ha estado siempre entre las fuentes más vivas de inspiración artística.

(Prefacio del autor)

 

 

ÍNDICE

1-    Prefacio

PRIMERA PARTE

2-    Dos imágenes: Melencolia I (Alberto Durero, 1514); New York Movie (Edward Hopper, 1939)

3-    Elementos para una teoría de la melancolía

SEGUNDA PARTE

4-    Figuras de la melancolía:

4.1 El temperamento melancólico: Orson Welles bajo el signo de Saturno (y Júpiter)

4.2  Melancolía del yo, melancolía de la historia: Las Histoire(s) du cinéma (Jean-Luc Godard, 1998)

4.3 El mal de amor: Unas fotos en la ciudad de Sylvia y En la ciudad de Sylvia (J. L. Guerin, 2005-2007); La emperatriz Yang Kwei-fei (Yôkihi, Mizoguchi Kenji, 1955)

 

4.4 La postración: Jalsaghar (Satyajit Ray, 1959) y Last Days (Gus Van Sant, 2005)

 

4.5 Las ruinas: Bassae (Jean-Daniel Pollet, 1964); Germania anno zero (Roberto Rossellini, 1948); Dal Polo all’Equatore y Oh! Uomo (Yervant Gianikian y Angela Ricci Luchi, 1986 y 2004)

 

4.6 La descomposición: Itinerarios de Luchino Visconti de Senso (1954) a El gatopardo (Il gattopardo, 1963)

4.7 Pensamientos fúnebres: Yo caminé con un zombie (I Walk with a Zombie, 1943) y La isla de los muertos (The Isle of Dead, 1944); La chambre verte (François Truffaut, 1978); Dublineses (The Dead, John Huston, 1987); Crónica familiar (Cronaca familiare, Valerio Zurlini, 1962); Las cuatro veces (Le quattro volte, Michelangelo Frammartino, 2010)

 

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