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50 AÑOS DE LA SEMINCI (Octubre de 2005)

Escrito por Manuel Alcalá

La Semana internacional de Cine de Valladolid acaba de celebrar su cincuenta aniversario. Lo ha hecho acompañado de muchos amigos y del apoyo masivo de público, local y forastero. Un excelente libro de César Combarros, junto al documento visual de Enrique Monis, 50 años de cine, cine, nos cuentan toda la historia y los altibajos de la Seminci, durante el último medio siglo. Comenzada en plena dictadura, sorteó numerosas dificultades y evoluciones en su primera definición de Cine religioso (1957) y de valores humanos (1960), pasando a la de Cine de valores religiosos y humanos (1972) y perdiendo finalmente tales especificaciones, para quedar como Semana internacional de Cine de Valladolid (desde 1973). Sus directores fueron Antolín de Santiago (1956-1973), Carmelo Romero (1974-1975), Rafael González (1976-1977), Fernando Herrero con un equipo (1978-1983) y, últimamente, Fernando Lara (1984-2004). Este último dio a la Seminci estabilidad y rigor profesional de calidad indiscutible, evitando las excesivas politizaciones que suelen amenazar y a veces hacen naufragar a este tipo de acontecimientos culturales.

En su 50 edición la Seminci ha reflejado, como era lógico, cierta prisa en la puesta en marcha de sus programaciones, producto quizá de la falta de tiempo. Su actual director, Juan Carlos Frugone, acreditado colaborador de la Semana, afronta ahora la difícil tarea de mantener e incluso aumentar su calidad.

La Sección oficial presentó 20 largometrajes y 14 cortometrajes de variada procedencia con abundancia de coproducciones. Entre los primeros figuraron los primeros premios de Cannes (El niño, de J.Pierre y Lucas Dardenne) y Venecia (Terreno vedado, de Ang Lee) que, por ello mismo quedarían fuera del concurso. Lo mismo ocurría, por otras razones, con Iberia, donde Carlos Saura sigue con su veta musical; Arcadia, la última obra social de Costa Gavras que inauguró la fiesta y Feliz Navidad, de Christian Carion que la clausuró. En el bloque de competición predominaba el cine europeo, aunque sin obras magistrales. Esto provocó que el jurado, a juicio de la opinión pública y de la crítica, dispersara sin acierto sus decisiones. Tal vez habría que exceptuar los dos premios especiales con motivo de las bodas de oro que se otorgaron con acierto a Manderley (Lars von Trier) y a Caché (Michael Haneke), ambas quizá las obras de más aliento y creatividad. España cumplió, pero sin convencer con Vida y color, pelicula primeriza y algo confusa de Santiago Tabernero que intentaba la retrospectiva sociológica. Más justificado sería el premio otorgado, por su dirección, a El segundo asalto, del madrileño Manuel Cebrián, sugerente análisis del mundo del boxeo. La Espiga de plata y el premio de interpretación fueron para el francés François Ozón en su película El tiempo que queda, original relato de un joven fotógrafó que tiene que enfrentarse con su enfermedad terminal en situaciones inverosímiles. Más discutida aún fue la Espiga de Oro, otorgada inexplicablemente a la cinta chilena En la cama, relato bien narrado, pero de indudable tono menor. El resto no pasó de una calidad mediocre.

La sección informativa (Punto de encuentro) con sus 14 largometrajes y 15 cortos sólo tuvo algún destello importante como el de las dos obras canadienses Sabah, de la directora Ruba Nadda y La vida con mi padre, de Sebastian Rose, ambas sobre aspectos de marginación en el primer mundo. La china Sueños de Shangai, del hasta ahora discutido Wang Xiaoshuai, continúa su línea de crítica política, pero logra superar la censura local, gracias a sus habilidades formales.

La retrospectiva de esta edición estaba cantada. La integraron 60 largos y 46 cortos, proyectados a lo largo de los 50 años de Seminci. En conjunto puede considerarse excelente. Aunque muchas de estas obras magistrales sean hoy asequibles en soporte de video, el panorama era más que atractivo, sobre todo para cierto público vallisoletano nacido al socaire del acontecimiento. Al mismo tiempo, eran el refrendo más evidente del papel de la Seminici en la difusión de los grandes maestros y de sus obras artísticas.

Tiempo de Historia. Esta sección que reunía unas 20 películas en general documentales, se ha ido acreditando desde 1986 y ha sido quizá de las mejores en calidad. Así, junto a recuperaciones de la importancia de Soy Cuba (Mihail Katalozov,1964) y su comentario brasileño El mamut siberiano (Vicente Ferraz, 2004), presentó el valiente documento Trece entre mil, del bilbaino Iñaki Arteta con los testimonios de personas afectadas trágicamente por la banda terrorista ETA en los años “80” y que siguen pasando desapercibidos. El hecho de haber sido vetada en el festival de S.Sebastián daba mayor actualidad a este asunto. Muy emotiva y de gran calidad era la cinta del danés Lars Johansson sobre la aventura que en El secreto alemán, emprende una mujer nacida en un campo de prisioneros de guerra en 1946 para descubrir la verdadera identidad de su padre. Los premios de esta sección fueron acerados al otorgarse “ex aequo” a La dignidad de los nadies, del veterano argentino Fernando Solanas, sobre las resistencias sociales de los ciudadanos sin nombre ante el paro y hambre, en la Agentina de los años “90” y a Cuadernos de contabilidad de Manolo Miralles, donde su hijo el también canario Juan Millares, a partir de escritos familiarfes y de las personas citadas en ellos, reconstruye la vida dramática del gran pintor abstracto (1926-1972).

Spanish Cinema. También desde hace años esta sección exhibe la muestra de las películas más significativas realizadas en España durante el último curso. En Valladolid se proyectaron 16 largometrajes, realizados entre 2004 y 2005. Es la oportunidad de recuperación de obras desapercibidas que resulta interesante, de modo especial, a los semanistas extranjeros. La selección era acertada y así, figuraron obras, como El lobo (Miguel Courtois), Obaba (Montxo Armendariz), Para que no me olvides (Patricia Fereira), Crimen perfecto (Alex de la Iglesia), El habitante incierto (Guillem Morales) y otras varias.

La Seminci se completó con la exhibición, respectivamente, de seis y diez cortometrajes de los alumnos de las promociones 2004-2005, de las escuelas de cine de Madrid (ECAM) y Ponferrada (León) que auguran un futuro lleno de promesas para la nueva generación.

Para próximas ediciones la Seminci estudia descargar las responsabilidades del festival por sectores (artístico, administrativo, etc.) No sería mala idea, pues el acontecimiento ha adquirido tal proporción que la capacidad de una persona, incluso con su equipo de especialistas, puede quedar desbordada.

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