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Todas las cartas

Escrito por Rafael Arias Carrión

La constante innovación en los medios de grabación y reproducción ­–con un abanico de formatos cada vez más amplio y su posibilidad de manejo a través de un ordenador personal­­– ha propiciado, entre muchas otras cosas, el desplazamiento de la sala de cine como lugar preeminente de proyección. En los últimos años hemos asistido a la eclosion de formas diversas de producir y de ver imágenes, en las que lo narrativo queda en segundo término (si no en completa desaparición) ante la evidencia de que, hoy día, éstas deben de producir algún tipo de sensación en el espectador, lo que ha generado evidentes sinergias autorales, complicidades entre autores para embarcarse en proyectos impensbles hace unos años.

En ese contexto dinámico, un punto de inflexión supuso la presentación en 2007 de una correspondencia audiovisual entre dos directores respetados en todo el mundo, Víctor Erice y Abbas Kiarostami. A la sombra de este acontecimiento se buscó propagar dicha forma/formato de correspondencia, que evidencia la invisibilidad de la frontera entre lo público y lo privado, pues siendo las video-cartas aparentemente privadas están planteadas dentro de un contexto que evidencia, en último propósito, su proyección en un espacio público, ya no una sala de cine sino una sala de exposición: la Casa Encendida en Madrid y el centro Georges Pompidou en París son dos de los espacios que han albergado dicha correspondencia.

En España, Jordi Balló ha invitado a otros cineastas a aventurarse en este formato a cuatro manos y ha comisariado una exposición que reúne un grupo de correspondencias entre diez directores/as bajo el epígrafe de "Sinergias" (CCCB, 2008-2009). Se presentó y proyectó en México entre el 27 de abril y el 31 de julio de 2011, y en Madrid, en un programa de proyecciones, se pudieron ver entre los meses de septiembre y octubre de 2011. En Barcelona se pueden ver entre hasta el 19 de febrero de 2012, y hasta el 24 de febrero en Las Cigarreras-Cultura Contemporánea (Alicante).

Dos cineastas de la importancia de Víctor Erice y Abbas Kiarostami intercambiaron entre 2005 y 2007 una serie de video-cartas, con reminiscencias de algo tan común como las películas caseras, y cuya mayor diferencia con éstas es la presencia de un tiempo de espera del emisor, hasta la llegada por correo de una respuesta en forma de película filmada. Desde ese brote y debido a la resonancia del acontecimiento, otra serie de cineastas españoles se han aventurado desde diversos postulados hacia dicho formato epistolar, con unas reglas fijadas de antemano. Toda esta correspondencia se ha reunido para su muestra en común, pero cada bloque-correspondencia tiene la impronta personal de sus creadores, acercándose o separándose del formato inicial ofrecido por Erice-Kiarostami. Tal y como afirma el comisario de la muestra, Jordi Balló, “las cartas filmadas se han concebido para ser expuestas en un espacio público, conquistado por el cine. Esta función contaminante es esencial: el hecho de que se trate de un espacio expositivo en el que los espectadores puedan deambular de una sala de proyección a otra no perjudica en ningún momento el lenguaje fílmico, sino todo lo contrario. La exposición se concibe desde el cine, y no al revés.”

Cinco parejas de directores han intercambiado video-cartas incidiendo en la idea germinal de que las imágenes tienen raíces propias, pero no pertenecen a límites geográficos concretos. Así, entre 2010 y 2011, el director mexicano Fernando Eimbecke y la directora surcoreana pero residente en Estados Unidos So Yong Kim intercambiaron ocho video-cartas, con una duración total de 41 minutos. El cineasta Isaki Lacuesta y la directora japonesa Naomi Kawase mantuvieron entre 2008 y 2009 una correspondencia de siete video-cartas con una duración total de 43 minutos. Jaime Rosales y el director chino Wang Bing cruzaron entre 2009 y 2011 tres video-cartas con una duración de 49 minutos. Albert Serra y el cineasta argentino Lisandro Alonso solo enviaron cada uno de ellos una video-carta en 2011, con una duración total de 169 minutos. Por último, el cineasta José Luis Guerín y el veterano autor estadounidense Jonas Mekas tuvieron contacto entre 2009 y 2011, reflejado en diez video-cartas con una duración de 99 minutos.

Las diferencias, como veremos, son sustanciales, más allá del número de cartas y su duración total (sorprende a primera vista, como la duración mayor corresponde al menor intercambio), entre Serra y Alonso. Pero conviene centrarnos otra vez en el origen epistolar entre Erice y Kiarostami, compuesto por un total diez video-cartas y una duración de 96 minutos, filmadas entre 2005 y 2007, con una cesura en la quinta carta. Las primeras cinco se presentaron el 4 de julio de 2006 en La Casa Encendida de Madrid, pero el encuentro prosiguió hasta las diez actuales, cuya presentación estaba prevista, y así sucedió, en el centro Georges Pompidou de París en 2007.

De estas primeras cinco video-cartas conviene señalar como la primera de Erice, El jardín de pintor, emocionó a Abbas Kiarostami; muestra la terraza del pintor Antonio López, quince años después del rodaje El sol del membrillo, película que admira el director iraní. Por esas imágenes circulan los nietos del pintor, mostrando sus dibujos ante la cámara del director. La respuesta del director iraní, bajo el título de Mashhad es, en primera instancia, una mancha blanquinegra pero cuando el foco se aleja descubrimos que esa mancha pertenecía al cuerpo de una vaca. La tercera video-carta es otra invitación del director hacia su homólogo iraní; Erice viaja a un colegio extremeño, Arroyo de la Luz, para rodar las impresiones-reacciones de los alumnos ante el visionado de la película ¿Donde está la casa de mi amigo?, del director Abbas. La respuesta emotiva del director iraní se titula El membrillero, que provoca una respuesta irónica en el tono y experimental en la forma, cuando Erice muestra ese video a José, un ganadero segoviano, quien se emociona pero también critica la falsedad de algunos aspectos de la carta filmada por el director iraní. Este conjunto de cartas-respuesta son el protocolo de actuación, pero las siguientes motivan unas reflexiones de mayor calado. Erice, posiblemente entusiasmado ante la libertad que le ofrece el formato, filma una carta-invitación, en la que lanza una botella al mar con un mensaje escrito de su puño y letra. Rueda, a continuación y como anzuelo, otra carta (cortando el modo de correspondencia de ser emisor y receptor consecutivamente) esperando la respuesta de Kiarostami. En consonancia con las imágenes que Erice le brinda, Kiarostami provoca que un grupo de obreros recoja la botella en la orilla del mar y, una vez abierta, extraigan la nota escondida en la botella y sea el viento quien «robe» la nota, lo que le permite a Abbas decirle a Víctor que prefiere imaginar su contenido, todo un canto al poder de la evocación, del misterio. Otra video-carta de Kiarostami acompaña a ésta para finalizar con un plano filmado por Erice en el que la carta, sujeto de este bloque de correspondencias, se desvanece bajo la lluvia que le había brindado Kiarostami en su carta anterior titulada Lluvia, desapareciendo la tinta mezclada con las rabiosas gotas de agua. Este correspondencia es tan homogénea que permitiría ser contemplada como un cortometraje filmado a cuatro manos sin motivaciones exteriores como las que corresponden al modo de trabajo planificado con antelación.

La correspondencia producida entre los cinco pares siguientes ha sido editada por el sello Intermedio. Aún siendo preparadas y planificadas en su estructura y número de cartas, vemos como todos mantienen la emisión-recepción; algunos se centran en aspectos íntimos mientras otros dibujan aspectos sociales y formas de entender el cine, al margen de lo privado. Al primer grupo corresponden las secuencias entre Fernando Eimbcke y So Yong Kim, en donde el recuerdo familiar linda con su presente; las misivas entre José Luis Guerín y Jonas Mekas, desbordan lo inicialmente previsto y además permiten a Guerín expresar una sensación, la extrañeza del lugar ajeno, puesto que sus video-cartas se produjeron en un año en que estuvo ausente de su hogar; también la relación entre Naomi Kawase e Isaki Lacuesta respeta esos brotes de intimidad, pero en este caso la sorpresa inunda el conjunto cuando una de sus cartas, que debía de ser filmada dos días antes de la presentación, de forma conjunta y en 16 mm, queda velada e inservible. Pero del inicial desánimo emerge un brote de ilusión que se inicia con un regalo de Lacuesta, la proyección de un cortometraje de Segundo de Chomón, datado en 1907, Les Kiriki, acrobates japonais, que acabarán por formar parte de la última video-carta de Lacuesta.

Al segundo apartado corresponde la correspondencia de Wang Bing y Jaime Rosales, tres piezas inamovibles, tres video-cartas, dos de Rosales y una de Bing, cuyas vicisitudes y contratiempos muestran la dificultad del chino para rodar en su país. La última carta, filmada por Rosales en Riotinto, lugar convertido en reclamo turístico, permite una enjundiosa reflexión de Rosales sobre el espacio de filmación: “Los visitantes recorren los lugares en los que sus padres, abuelos y de bisabuelos construyendo la sociedad del estado del bienestar a golpe de martillo, sudor y muerte. No parecen recordarlo ni les importa”. El paisaje fílmico es el protagonista de las dos únicas video-cartas que se envían Albert Serra y Lisandro Alonso. Los personajes de Honor de cavallería son los que circulan, con aire distendido, en las dos horas y media de duración de Carta desde la Mancha, mientras Misael, protagonista de La libertad, emerge, diez años después, como figura en los veinte minutos en la carta de Lisandro Alonso.

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