.

El sorprendente origen del Guernica desvelado

Escrito por Ángel Luis Inurria

En la época de las grandes orquestas, durante la era del “swing”, existían orquestas blancas que perseguían sonar como las negras, mientras algunas integradas por músicos negros intentaban imitar a las blancas que les imitaban a ellos. El eterno dilema de la copia certificada que con tanta inteligencia y dominio expuso Abbas Kiarostami, tanto en el arte como en la vida. Una disciplina puede inspirar a otras futuras, que podrán a su vez ejercer su derecho a inspirarse en la original.

Cuando nació el cine, se inspiró en lo que estaba frente a la lente, la vida, el documento, el espectáculo, y también en lo que “veía” la imaginación; y así lo recreó: Lumière frente a Méliès. El punto de partida para el desarrollo del lenguaje del nuevo arte en ocasiones recurría a la pintura para darle empaque a su plástica. Incluso Murnau, como señala Luciano Berriatúa en “Los provebios chinos de Murnau”, en una reiteración que alcanza al clasicismo y a estetas fílmicos tan dispares como Minnelli (Un americano en París) o Godard (Passion), que se esmeran en la recreación de famosos cuadros. Ejemplos que pertenecen a la más pura lógica. Si alguna vez existiera un cuadro que se inspira, casi copia, al cine, pensaríamos que los pájaros disparan a la escopeta.

La sorpresa es posible que pueda llegar a causar asombro, sobre todo si el cuadro es uno de los más famosos y emblemáticos de la pintura contemporánea, claro, desde que existe el cinematógrafo. Pues bien, resulta que la versión fílmica de la novela de Ernest Hemingway, Adiós a las armas realizada por Franz Borzage en 1932, interpretada por Gary Cooper y Hellen Hayes, sin duda la mejor y más personal versión de citada novela del universal novelista, ha sido el origen del célebre Guernica de Picasso.

El Guernica, por añadidura, más que un cuadro es un icono del siglo XX, un símbolo de los sufrimientos que la guerra arroja sobre la población civil. El 26 de abril de 1937 la Legión Condor bombardeó la población vizcaína de Guernica. Los Stukas sembraron el pánico y la destrucción en dicha localidad, un gratuito objetivo militar que sirvió de ensayo para las futuras acciones de estos aviones, el bombardeo en picado, en la futura guerra relámpago que preparaba Hitler. Una sinrazón que despertó la indignación del mundo.

La República, con fines propagandísticos, encargó a Pablo Picasso un cuadro que recogiera la tragedia de tal barbarie para que fuera expuesta en la Exposición Internacional de 1937 en París. Finalizada la Guerra Civil Española, el cuadro permaneció “custodiado” en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, hasta que, establecida la democracia en España, regresó a Madrid en 1981; primero al Casón del Buen Retiro, hasta que en 1992 se decidió su traslado al Museo Centro de Arte Reina Sofía. Allí podemos contemplarlo, admirarlo, y preguntarnos, también, por qué es un cuadro en blanco y negro, y por qué tiene algo que induce al dinamismo al movimiento.

Las respuestas sobre el por qué de los porqués del Guernica, se deben a la lúcida mirada de nuestro reconocido y magistral cineasta José Luis Alcaine, medalla de Oro de la Academia de Cine en 2011, domesticador de la luz, poseedor de una mirada que encuentra la salida a los laberintos de la mente, para demostrar lo que a fuerza de ser evidente estaba oculto en su propia evidencia. El cuadro fechado en 1937, creo recordar, se inspira, casi copia, los fotogramas de la secuencia del filme citado que narra la huida, bajo el horror de la guerra.

La obra pictórica, como la película, también es en blanco y negro y muestra una acción nocturna, además de compartir la tendencia de los personajes en cuerpo y mirada de dirigirse de derecha a izquierda. Esto en el filme es lógico, pues el protagonista regresa, derecha a izquierda en sentido contrario a nuestra escritura, recurso habitual en el cine occidental. La secuencia está narrada de derecha a izquierda, como en el cuadro de Picasso la sensación de movimiento que desprende es de derecha a izquierda, insisto. Pero como el valor de las imágenes son más convincentes podemos realizar un ejercicio domestico: congelar los fotogramas de la citada secuencia de Adiós a las armas en el video doméstico y compararlos con los detalles del cuadro.

Por ejemplo: Mujer clamando a los cielos. Mano del moribundo. Patas de caballo. Rostro de mujer angustiada. Oca bajo las bombas. Madre e hijo. Cuerpo de hombre con cruz extendida. Puerta. Cabezas de caballo. Fuego. Una vez realizado el experimento, todo parece claro. ¿Cómo se le ocurrió a Picasso?

José Luis Alcaine encuentra la explicación en la presencia en el rodaje del filme como director de segunda unidad del rumano Jean Negulesco, responsable del rodaje de dicha secuencia. El futuro realizador de títulos tan recordados y dispares como Belinda, Como casarse con un millonario, Creemos en el amor o Papá piernas largas, que en su juventud estudió pintura en París, hoy sus cuadros son cotizados, poseía amigos comunes con Picasso. Es muy posible, deduce Alcaine, que Negulesco les mostrara su trabajo y llegara a conocimiento de Pablo Picasso, o que Picasso la viera en el cine.

El hallazgo, a pesar de haberse publicado en Cameraman, y de haber encontrado eco en las páginas del diario El País, no ha tenido la repercusión que pensamos merece. Habrá que preguntarse el motivo. Tal vez en el futuro, el Museo Reina Sofía, tan sensible al fenómeno cinematográfico, exponga fragmentos del cuadro, frente a los fotogramas que los inspiraron. Para mí, no hay duda. La casualidad, el azar, (Las demoiselles de Avignon), no existe en Picasso.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.