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El paraíso del devedé

Escrito por J.L. Sánchez Noriega

dvd 2De entrada, habrá que adoptar este neologismo –mejor que el muy polisémico disco- para evitar las siglas siempre tan pedantes y, a menudo, propias de las jergas economicistas y de “expertos” subyugados por la dictadura de la realidad. Aunque las nuevas tecnologías quizá lo hagan innecesario, pues se esperan sistemas de almacenamiento óptico que sucederán al DVD.

Mientras éstos tienen 4,7 ó 8,5 Gb (respectivamente el más corriente DVD-5 entre los soportes grabables y el DVD-9) el disco de láser de rayo azul, que ya se encuentra en el mercado nipón y en el estadounidense promovido por Sony, Phillips y otros, ofrece 25 Gb de capacidad lo que equivaldría a meter cinco o más películas en ese redondel de plástico de sólo doce centímetros de diámetro (TDK anuncia la fabricación de una versión que multiplica por cuatro esa capacidad); y el HD-DVD (o sea devedé de alta definición) de NEC, Toshiba, Sanyo y Microsoft que almacena 15 Gb y, en alguna versión, hasta 30. En cualquier caso, parece que ahora que estábamos comenzando a disfrutar el paraíso del devedé nos llega la serpiente señalando la manzana…
 
Porque, convendrá el lector conmigo, tanto el aficionado corriente, como el coleccionista compulsivo o el cinéfilo exquisito, vivimos una buena época en que se edita mucho, cada vez más variado y a precios bastante asequibles; desde luego, mucho más de lo que nunca se publicó en vídeo VHS (otra sigla condenada a muerte). Obviamente, no es oro todo lo que reluce y hay ediciones de devedé que parecen fotocopias de viejas y sobadas cintas de vídeo, sin ningún extra que llevarse a la boca, y copias procedentes de positivos arañados y en lamentable estado. Como también hay mucho esnobismo y ganas de deslumbrar al buen burgués en esas películas que añaden dos o tres minutos y se anuncian como “el montaje del director” o la “versión definitiva”. Por no hablar de ediciones con interminables extras (el making of, el audiocomentario, anuncios de otros títulos de la colección, etc.) que, en algunos casos, se suman al suplicio que ya constituye la película en sí.
 
Pero hay ediciones restauradas y lotes de enorme interés, como la ejemplar recopilación de todos los largos de Chaplin restaurados por la productora Marin Karmitz o la de JRB / Fnac de la obra cinematográfica completa de Eisenstein donde, por ejemplo, el Potemkin contiene no sólo la partitura de Shostakovich, sino también las alternativas de Meisel y Kriukov. ¿Cuándo pudimos colocar en un estante de nuestra biblioteca alguno de los mudos recuperados de forma espléndida por la Fundación F. W. Murnau de Wiesbaden que ha publicado Divisa, una película actual a escasos tres meses de su estreno o alguna obra de culto de cine inédito en las salas comerciales?
 
dvd 1Cierto que hay lagunas inexplicables -según se queja un espectador tan exigente como Mario Camus, la incomparable Laura (Otto Preminger) no se ha editado nunca en devedé- pero los datos oficiales resultan elocuentes: en 2005 circulaban nada menos que 5.291 películas en formato doméstico (devedé o vídeo) y la venta de copias ronda los treinta millones (tres años antes se vendieron 39,7 millones) en nuestro país. Por supuesto que dominan las películas norteamericanas y que buena parte de lo que se vende es cine infantil del duopolio Dreamworks y Disney, pero, además de mil títulos españoles, se editaron casi quinientos británicos, 409 japoneses, en torno a doscientos de Francia o Italia, un centenar de Brasil… mientras las cifras de las salas arrojan resultados mucho más modestos. En este mes de febrero un reportaje de prensa señalaba la tendencia de crecimiento de este mercado en detrimento de las salas, de forma que en Estados Unidos el porcentaje de financiación está en 47 % para el devedé por un 16 % de las taquillas; en número de unidades vendidas, 1.600 y 1.400 millones respectivamente, con la diferencia de que una entrada cuesta la tercera parte de un disco. En fin, que el disco óptico no es sólo un sistema de exhibición doméstica, sino también un factor esencial en el entramado económico del cine actual y del futuro inmediato.
 
También sucede que el devedé participa de la esfera digital y, a diferencia del vídeo, permite la copia sin pérdida de calidad, el almacenaje en el ordenador y la posibilidad de compartir películas en las redes P2P (¡otra sigla más!). A ello hay que unir la facilidad de compra en tiendas de internet con un catálogo extenso, a pesar del problema de la zonificación del mercado que impide reproducir un disco comprado en según qué lugares. Parece que, sobre todo entre los jóvenes, ha crecido el coleccionismo y el intercambio de películas con el formato de compresión DivX y esas redes de intercambio que –al margen de los problemas que la piratería plantee a la industria- nos permiten llegar a obras y autores de tiempos y lugares bien lejanos, como muestra un melodrama de cine presoviético firmado por Evgeni Bauer que acabo de ver esta misma tarde.

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