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Seminci y Festival de Cine Europeo de Sevilla

Escrito por Redacción

seminciLa Seminci: el cine como fuente histórica.

La Espiga de Oro, máximo galardón que otorga la Semana Internacional de Cine de Valladolid, la popular Seminci, fue concedida en su 57ª edición a la película marroquí Les Chevaux de Dieu, del realizador Nabil Ayouch, ilustración del proceso que llevó a unos jóvenes a protagonizar los atentados que se produjeron en Casablanca en 2003, y filme que ejemplifica el tipo de obras que necesita el certamen en palabras de su director Javier Angulo: “Necesitamos películas capaces de contarnos, de verdad, la realidad que nos rodea, sin almíbar ni eufemismos: películas capaces de plantearnos otras formas de vivir y de afrontar los conflictos actuales marcados por los desequilibrios económicos y culturales y por la lucha de clases  y de religiones…”.

Tiempos, a los que hace referencia el director del certamen, culpables del presupuesto de la presente edición, cuerda floja sobre la que deambulará el futuro de un festival tan necesario para nuestro espectro cultural como para la participación ciudadana que un año más ha abarrotado las salas de un evento cultural y político que nació bajo la protectora etiqueta de los valores religiosos y humanos, lo que permitía presentar un cine diferente al que se programaba en las salas comerciales, cine de autor, cine atrevido, en aquellos tiempos de la dictadura, curiosa época donde había que mezclar a veces elementos cuyas esencias y discursos se autoexcluían, lo que producía el extraño fenómeno de que algunos títulos fueran igualmente aplaudidos porla OficinaCatólicaInternacional  del Cine y por la crítica marxista.

            Hoy, la Seminci, que cuenta ya más con más de medio siglo, en democracia, aunque también en el postmodernismo del aquí y ahora instalado en el reino de la inmediatez y de la pérdida de valores, de la quiebra de la solidariedad y del impertinente egoísmo del “que hay de lo mío”, se afana por recoger el testimonio de nuestra época. El cine siempre es espejo de su tiempo, mostrando la mirada de cinematografías alejadas de los circuitos comerciales que demuestran cómo en un mundo globalizado existen más diferencias, más entidades de las que ocultan los mapas políticos.  Un viaje sobre la realidad actual que a veces necesariamente husmea en el pasado para comprender el presente e intuir el futuro. Es curioso, una llamada para la reflexión, como en las distintas secciones han estado presente los pasados horrores de la guerra en Europa, el holocausto y también en la sección Tiempo de Historia, donde la original MussoliniHitler, L´Opera des assasins, de Jean-Cristophe Rosé obtuvo una merecida Mención Honorífica, distinción que también alcanzó el intento de Eduardo Chapero-Jackson por ilustrar en imágenes la poesía de Antonio Machado en Los mundos sutiles, una delicada poética que acertadamente enmarca al poeta en un contexto político y social. Tiempo de Historia, la sección de la Seminci con la que no puede competir ningún otro certamen, sigue caracterizándose por ofrecernos los capítulos más cercanos y humanos de nuestra más inmediata historia, como Nosotros, de Adolfo Dufour Andía, realización que nos documenta sobre la situación de los trabajadores de  la empresa Sintel, un lamentable entramado financiero y político que obtuvo el Primer Premio, mientras Cuates de Australia, del mejicano Everardo González, segundo premio, presenta la peripecia de quienes en un territorio hostil deben abandonarlo en busca de agua.

Más allá de la citada modélica sección, el certamen que nos descubrió a Satyajit Ray y después a Mrinal Sen, ha seguido su vocación de exploradora histórica al programar un ciclo titulado El otro cine de Bollywood, para constatar como además de las comerciales, complacientes, coreográficas y cantarinas películas de Bollywood, en la producción cinematográfica dela India, casi 1.400 títulos anuales, existe una joven generación de cineastas. En ella hay muchos seguidores del cine occidental e interesados por la realidad de su país, más allá del folclore, por los conflictos sociales y culturales y por las contradicciones que la civilización actual produce en la de su propia sociedad, con una capacidad crítica abierta a una estética más occidental que no desdeña la suya propia donde el dolor y la tragedia potencia y reclama su dignidad. La Seminci vuelve a manifestarse como una apuesta lúcida y coherente, merecedora de todo apoyo, que se sirve del celuloide para escribir páginas de nuestra historia y de nuestro tiempo y ejemplificar las distintas geografías fílmicas de la actualidad.

                                                                        Ángel Luis Inurria

Nueva dirección en el festival de Sevilla.

sevillaSevilla, ciudad cinematográfica en varios sentidos, pero con circuitos de exhibición muy breves por falta de público, ha celebrado del 2 al 10 de noviembre la IXª edición de su Festival de Cine. Dado el panorama socioeconómico vigente, ha sido meritorio sacarlo adelante. La deliberación sociopolítica retrasó la organización, cuando el anterior director dimitió por falta de presupuestos. Por fin la dirección aterrizó en J.L. Cienfuegos, exdirector del festival de Gijón. Acreditado por su larga gestión de quince años en la ciudad asturiana, a pesar de su cese, trabajó a toda prisa y gracias a su experiencia agrupó un largo centenar de obras de procedencia europea que se distribuyeron en las siguientes secciones: Oficial (16), Nuevas olas veterana y novel (16), Europa junior (12), Documentales (8), Academia europea (10), Proyecciones especiales (8), Homenajes. Agnes.Varda (21) G. Gª Pelayo (5), Maria de Medeiros, Focos: Grecia (8), festivales de Portugal (7), Cortos (14), Cine andaluz (28) y Actividades paralelas docentes que resultaron, por cierto, de buena calidad media. Un conjunto, pues, algo abigarrado, pero de bastante interés y calidad aceptable, cuyo balance parece positivo a crítica y público.

            El programa se surtió en gran parte de filmes ya conocidos en diversos festivales de primera importancia. El resultado ha sido aceptable, mejorando la calidad de la anterior edición. La respuesta popular fue notable sin llegar al entusiasmo, a pesar de los precios reducidos. Tal vez haya resultado positiva la dispersión de las proyecciones en diversos cines del centro de la ciudad. Los criterios de selección eran al parecer varios. Por supuesto, la calidad cinematográfica, garantizada por premios de otros festivales. Acertada la retrospectiva de Agnès Varda y lógica la de Gonzalo García Pelayo, sevillano trotamundos en su clave experimental. Apoyo, por los premios, a la distribución de cinematografías en situación precaria como Portugal y Grecia, cuyos filmes no se proyectan en nuestro país. Por el contrario, selección crítica en filmes de otros países europeos, a primera vista impecables (Austria, Suiza, Suecia), pero con problemas de insatisfacción a pesar de su sociedad de bienestar. Finalmente exhibiciones de cariz exótico en nuestras pantallas, como las de Eslovenia, Croacia y Rusia.  

Respecto a las dos focalizaciones especiales hay que decir que la cinematografía griega, a tenor de lo visto en Sevilla, no se resiente mucho de su estado económico difícil. El cine es refugio relativamente barato y fomenta la evasión a base de películas marginales, donde abunda la extravagancia, la violencia y un erotismo en alza. La cinematografía portuguesa sigue como cenicienta, aunque tenga vivo el genio de Manuel de Oliveira que a sus 103 años ha realizado en Gebo y la sombra un film curioso y juvenil. El palmarés, como siempre, discutido y excesivo (véase la sección de Premios de esta web). El festival sevillano parece estable de cara al futuro. También en el cine andaluz, muy vital. No es poco.   

 

Manuel Alcalá

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