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El arte (cinemato)gráfico de Saul Bass

Escrito por Julio Vallejo Herán

saul-bass0Los títulos de crédito y los carteles cinematográficos alcanzaron la mayoría de edad gracias a Saul Bass (Nueva York, 1920 - Los Ángeles, 1996). Hasta su llegada, eran elementos secundarios dentro de una producción cinematográfica. Utilizó su experiencia como publicista y diseñador de logotipos e imágenes corporativas para resumir en pocos elementos gráficos el espíritu de una película. Podemos decir que con Bass un largometraje comienza desde el mismo póster. Sus formas geométricas sencillas, animaciones minimalistas y su capacidad de síntesis verdaderamente magistral marcaron escuela. Sin duda, Otto Preminger sabía lo que hacía cuando le encargó sus primeros títulos de crédito para Carmen Jones, aquella particular versión afroamericana de la ópera de Bizet. Esa llama que emana de una rosa resume perfectamente la historia de ardiente pasión del largometraje que vamos a ver a continuación. Bass dejaba claro con este debut para el séptimo arte cuál era el cometido de sus creaciones. Más allá de la mera sucesión de nombres de actores y técnicos, esa apertura nos prepara anímicamente para lo que nos ofrecerá el director a lo largo del filme. Su trabajo junto al nunca suficientemente valorado cineasta austriaco es excepcional. Así, dentro de su larga colaboración, resulta destacable su claridad de ideas al mostrarnos un cuerpo diseccionado en el cartel y en los primeros minutos de Anatomía de asesinato o plasmar el derrumbe moral de un heroinómano con la simple imagen de una extremidad superior quebrada en El hombre del brazo dorado.

No obstante, quizás sus obras más recordadas sean las realizadas para Alfred Hitchcock. Con éste formó un equipo que figura con letras de oro en la Historia del cine. Resulta difícil olvidar cómo el diseñador gráfico captó la atmósfera casi onírica conseguida por el británico en Vértigo. De entre los muertos. El rostro de una mujer, el uso de dibujos en forma de espiral y la excelente compenetración con la magistral música de Bernard Herrmann lograron el milagro. Un particular tono de pesadilla que se trasladaba al póster del filme, donde unos monigotes que representaban a los personajes de James Stewart y Kim Novak, la sabia utilización del color rojo y unas simples figuras geométricas reflejaban de manera precisa el desasosiego del protagonista. Hitchcock, Hermann y Bass repetirían colaboración en Con la muerte en los talones y Psicosis. En la primera, unas sencillas líneas que recorren la pantalla de un lado a otro al ritmo de la partitura del compositor norteamericano sirvieron para expresar la continua huida del personaje encarnado por Cary Grant.  La misma sencillez vuelve a triunfar en Psicosis. Esas barras que aparecen de cada franja de la pantalla parecen adelantarnos la maravillosa secuencia del asesinato en la ducha de la protagonista. No en vano, Bass fue el encargado de realizar el storyboard del que puede considerarse como una de las imágenes más famosas del séptimo arte.

Igualmente destacable fue el trabajo del artista neoyorquino para West Side Story, donde consiguió mostrar toda la esencia del filme en un mítico cartel donde veíamos a dos figuras bailando en unas escaleras de un edificio. El espíritu musical y callejero de esta muy libre versión de Romeo y Julieta quedaba patente así antes de ver una sola imagen de la cinta de Robert Wise.  Un sentimiento que se traslada a esos títulos de crédito escritos a modo de pintadas sobre una pared de ladrillo. No obstante, quizá nunca se haya subrayado suficientemente la habilidad para la comedia de este artista sin parangón. Ahí está para demostrarlo el picarón comienzo de La tentación vive arriba, dirigida por Billy Wilder. Utilizando una simple sucesión de rectángulos de diversos colores que se abren y se cierran para enseñarnos los nombres de los intérpretes y técnicos, el diseñador ya nos adelanta el particular juego que establecen el rodríguez sediento de aventuras sexuales al que da vida Tom Ewell y la atractiva vecinita encarnada por Marilyn Monroe. Este toque casi infantil tendrá su prolongación en los carteles que Bass realizó para Un, dos, tres, donde unos simples globos en colores vivos expresan toda la energía de la película de Wilder.saul bass1

Lejos de sus creaciones para los grandes cineastas, Bass demostró su talento en filmes que hoy se recuerdan casi exclusivamente por su participación. Entre ellos destaca la excelente animación de El mundo está loco, loco, loco, la olvidada película de Stanley Kramer. Ese globo terráqueo que se abre y se cierra constantemente permanece más en la memoria del cinéfilo que el resto de aquella disparatada comedia. Lo mismo se puede decir de esa pequeña joya que son los títulos de crédito de La vuelta al mundo en 80 días, donde logra que su particular resumen de la trama del filme tenga mucha más vida que la académica dirección de Michael Anderson.

Dentro de la larga lista de largometrajes donde colaboró destaca su labor junto a Martin Scorsese. Su trabajo al lado del cineasta italoamericano se inició con los sobrios títulos de crédito de Uno de los nuestros, donde los nombres de los actores pasaban por la pantalla como si fueran coches con los que se abre la película. No obstante, sus trabajos con el autor de Taxi Driverse fueron haciendo más complejos con el paso del tiempo. Queda patente en El cabo de terror, donde las oscuras aguas de un lago sirven para reflejar las sombras del psicópata Max Cady, o a través de esas flores que se abren entre una cuidada caligrafía y suntuosos bordados en los primeros minutos de La edad de la inocencia. Con todo, ninguna alcanza el particular éxtasis visual del comienzo de Casino, donde la figura de un Robert de Niro saltando por los aires se combina con  imágenes del fuego y los neones de Las Vegas.

Saul Bass recibió un premio Óscar por Why man creates, uno de sus trabajos como director. Sin embargo, esa pieza documental sobre la creatividad en el ser humano queda ensombrecida por sus colaboraciones con algunos de los maestros del cine. Su influencia es, sin duda, incuestionable. Cintas como Atrápame si puedes, con sus animaciones minimalistas, o taquillazos como X-Men: First Class, que acude a la utilización de formas geométricas sencillas para avanzarnos el componente mutante de sus protagonistas, son un ejemplo del innegable magisterio de Bass en los títulos de crédito de las películas contemporáneas. Igualmente importante es su rastro en los posters de cine actuales. Su huella es especialmente destacable en los carteles de Death proof y Djangodesencadenado, las dos cintas de Quentin Tarantino. El uso de formas sencillas y la utilización expresiva de colores como el rojo dejan patente el legado de este artista. Por todo ello, es de agradecer que exposiciones como la dedicada recientemente en el  Círculo de Bellas Artes de Madrid reivindiquen la figura de un creador capaz de expresar mucho con los mínimos elementos.

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