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EL PAPA EN EL CINE

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez

papa2La larga historia de los papas y el complejo ceremonial de sus actuaciones públicas han dado origen a un numerosísimo abanico de películas y series de televisión que tienen que ver de manera principal o incidental con el líder espiritual de los católicos. Así se han producido y se siguen produciendo en TV programas serializados sobre los Borgia en sus años de esplendor romano, los Tudor (con los más variopintos enfoques), Isabel la Católica, Juana de Arco, Carlomagno, etc. en los que la presencia del papa de Roma es inevitable por uno u otro motivo. Durante largos años, hasta prácticamente los sesenta del pasado siglo, el tratamiento de la figura papal ha sido muy respetuoso por temor a irritar a los ultras católicos y evitar campañas en contra de ciertas películas. Se permitían algunas licencias en cintas situadas en los oscuros años de la Edad Media o en los libertinos del Renacimiento pero, en cuanto a los pontífices más o menos contemporáneos, se guardaba una consideración hasta excesiva para no provocar tijeretazos de los censores.

La cosa empezó a cambiar con películas como El cardenal (The Cardinal, Otto Preminger, 1963) o Las sandalias del pescador (The Shoes of the Fisherman, Michael Anderson, 1968). Ambas son muy respetuosas con el papado como institución aunque en la primera, dirigida por un judío, se aborda colateralmente el tema espinoso de la actitud eclesial ante los nazis. También en la segunda, con la entonces fantasiosa elección de un papa del Este (un patriarca ucraniano llamado Kiril Lakota), apuntaba a una reforma casi total del Vaticano tanto en el modo de vivir y comportarse del nuevo papa como en las ideas que hacía suyas al dialogar con el P. Telemond, un trasunto del famoso antropólogo jesuita Teilhard de Chardin, que defendía la evolución y otras teorías rechazadas por la Iglesia oficial. Se había celebrado el Concilio Vaticano II (1962-1965) y eso había abierto la puerta a una visión menos monolítica de la institución, dado que ésta había hecho un ejercicio de autocrítica modificando algunos aspectos que hasta entonces se tenían por inamovibles.

Esta película y la novela en que se inspiraba resultaron algo más que proféticas cuando, años más tarde, fue elegido sumo pontífice Karol Wojtyla, un polaco, procedente del Este europeo, de un país tras el telón de acero. Y que, por cierto, no solucionó un conflicto entre la URSS y China como hacía en el film de Michael Anderson, sino que contribuyó decisivamente a la desaparición del comunismo en todo el Este europeo. Otro polaco, éste cineasta, Roman Polanski se permitió ya en La semilla del diablo(Rosemary’s Baby, 1968), film del mismo año, introducir entre las pesadillas de la protagonista la figura del papa Pablo VI como fantasma generador de culpabilidad al igual que imágenes de su intervención en la ONU. Se había alzado la veda sobre los temas vaticanos y, a partir de entonces, el cine va a denunciar muchos de los abusos cometidos por la Iglesia católica sin excluir a su figura suprema.

papa1Aunque también, paralelamente, van a abundar las hagiografías de algunos pontífices, por ejemplo, de Juan XXIII. Ermanno Omi le dedicó un film semidocumental interpretado por Rod Steiger (E venne un uomo, 1965) y, posteriormente el americano Buzz Kulik un film televisivo Portrait: A Man Whose Name Was John (1973) consagrado especialmente a la labor humanitaria del papa Roncalli –al que puso cara Raymond Burr– durante la II Guerra Mundial ayudando a fugitivos de los nazis. Aunque el que se lleva la palma en este sentido es Juan Pablo II al que, directa o indirectamente, se han dedicado más de veinte cintas, entre las que destacan De un país lejano (From a Far Country, 1981) de su paisano Krzysztof Zanussi y los films televisivos: Pope John Paul II (Herbert Wise, 1984), Karol, el hombre que llegó a ser Papa (Karol, un uomo diventato Papa, Giacomo Battiato, 2005), y la miniserie Pope John Paul II (John Kent Harrison, 2005) en la que Cary Elwes interpreta al joven Karol mientras que el veterano Jon Voight lo encarna tras su elección como sumo pontífice.

En una línea todavía respetuosa con el supremo jerarca de la Iglesia católica cabe recordar en esa década de los sesenta El tormento y el éxtasis (The Agony and the Ecstasy, Carol Reed, 1965) en que el papa Julio II (Rex Harrison) se enfrenta a las demoras de Miguel Ángel (Charlton Heston) al que ha encargado pintar la mayor parte de la Capilla Sixtina. Pasado el tiempo, el film, que tuvo un gran éxito en su estreno, ha quedado como un documento interesante para conocer cómo se fraguaron (nunca mejor dicho) los célebres frescos. Esta apertura permitió al mismo Michael Anderson de Las sandalias del pescador dirigir cuatro años más tarde un film sobre la leyenda de una mujer que, ocultando los signos externos de su feminidad, habría ocupado brevemente la sede de Pedro y muerto lapidada por el pueblo romano. La papisa Juana (The Pope Joan Devil’s Imposter, 1972) tenía como protagonista a Liv Ullmann y un reparto de famosos entre los que se encontraban Olivia de Havilland, Franco Nero, Maximilian Schell y Trevor Howard (éste en papel del papa León). El film no levantó ninguna tempestad por más que daba como realmente sucedidas las supuestas andanzas de esta monja alemana en la alta Edad Media.

Más impacto tuvo Roma Fellini (Roma, Federico Fellini, 1972) que, en una de sus secciones, presentaba una pasarela de moda con diseños vanguardistas para la ropa litúrgica y ceremonial del papa, purpurados y altos funcionarios vaticanos. La burla, esta vez, no sentó tan bien en los ámbitos eclesiásticos y se llegaron a oír críticas severas al cineasta italiano por su atrevimiento y desenfado con el venerable vestuario de los jerarcas aludidos.

La repentina e inesperada muerte del papa Juan Pablo I, acaecida a los 33 días de su elección en 1978, provocó una serie de rumores sobre la causa de su fallecimiento. Se llegó a hablar de asesinato. Y, claro está, eso dio lugar a un cierto número de films que fantaseaban sobre intrigas, conspiraciones, mafia y chanchullos financieros, como los del famoso IOR y el Banco Ambrosiano. Dos son las películas más destacadas en este asunto. Por un lado, El padrino III (The Godfather Part III, Francis F. Coppola, 1990) y, por otro, Ángeles y demonios (Angels & Demons, Ron Howard, 2009). La primera es una feroz crítica a la curia vaticana, totalmente corrompida por mafiosos empeñados en obtener títulos honoríficos y la benevolencia divina gracias a elevados donativos y a manejos económicos que supuestamente beneficiarían a la Iglesia y al crimen organizado ya que a éste le servirían para blanquear el dinero obtenido en negocios sucios. La segunda, producida después del éxito mundial del film y la novela de Dan Brown El código Da Vinci e inspirada en una obra anterior de este autor, convierte las estancias vaticanas en el escenario del enfrentamiento de una secta (los iluminados) con la Iglesia a la que se quiere destruir con una gigantesca bomba que arrasará la Basílica de San Pedro y aledaños. Previamente ya habían asesinado a un papa «popular y progresista». Ángeles y demonios resulta rocambolesca y recuerda mucho a las películas en episodios por su acción alocada y sin pausa.

En medio aparecieron varias películas que hablan de complots dentro y fuera del Vaticano. Los comunistas y la lúgubre KGB, tras el atentado fallido contra Juan Pablo II, son los villanos principales en filmes como en Muerte en el Vaticano (Morte in Vaticano, Marcello Aliprandi, 1982) con Terence Stamp de imaginario papa Juan Clemente I o Russicum (I giorni del diavolo, Pasquale Squitieri,1988) en que agentes soviéticos conspiran para impedir el viaje del papa a Ucrania (todavía parte de la URSS) para sellar la unión con la Iglesia ortodoxa de ese país. Los escandalosos asuntos de las finanzas vaticanas, a los que aludimos más arriba, tuvieron tratamiento específico en Los banqueros de Dios (I banchieri di Dio, Giuseppe Ferrara, 2002) que aborda la quiebra del Banco Ambrosiano y la muerte en un puente de Londres del suicidado Roberto Calvi.

El italiano Luigi Magni ha dedicado al risorgimento de la Italia contemporánea varias películas entre ellas dos que abordan más directamente el tema de los estados pontificios. La más dura y agresiva contra el papado y la Iglesia es En nombre del papa rey (In nome del papa re, 1977) pero no le anda en la zaga la denuncia de la Iglesia corrupta y politiquera en In nome del popolo sovrano (1990). Esa es una constante en su obra y su crítica –entre cínica y burlesca– al estamento eclesiástico no deja títere (y que me perdone su santidad) con cabeza.  

Acabemos este somero repaso a la filmografía papal aludiendo a tres obras diversas pero significativas. Costa-Gravas en Amén (Amen, Costa-Gavras, 2002) desentierra el tema de las connivencias de Pío XII con las autoridades nazis y su negativa a interceder públicamente por las víctimas del Holocausto. El film contrapone la figura de un joven jesuita, que trabaja en la embajada vaticana en Berlín y que no deja de enviar correos denunciando el genocidio, con los jerarcas vaticanos sólo preocupados de salvar los muebles de la Iglesia Católica.

Otra de ellas es la más reciente. Habemus Papam (Nanni Moretti, 2011) presenta la figura de un papa electo al que repentinamente le entra el miedo escénico y se resiste a asomarse a la ventana de la plaza de San Pedro y ejercer como tal. Su temor se convierte en pánico y, a pesar de los tratamientos psicológicos que se le ofrecen, no logra superarlo. En un tono mitad cómico, mitad crítico, el film incurre en una serie de exageraciones y comportamientos inverosímiles que le van restando eficacia a medida que avanza. En efecto, el retrato de la camarilla vaticana es sangriento. Por último, tuvo cierto éxito y cosechó algunos premios en festivales de segundo orden la película uruguaya El baño del papa (César Charlone y Enrique Fernández, 2007), una sátira al estilo de Los jueves, milagro (José Luis G. Berlanga 1956). Un grupo de vecinos de un pueblecito fronterizo pretende aprovechar el paso del papa de viaje en Brasil y camino de Montevideo para que efectúe una parada y haga sus necesidades en un baño que han construido ex profeso para él. Luego, el lugar se convertiría en destino de peregrinos deseosos de conocer el retrete papal y así se arreglaría la decaída economía del pueblito. No hago alusión a las también numerosas películas de posesiones diabólicas donde con alguna frecuencia no sólo aparecen exorcistas sino incluso el mismísimo papa como recurso final.

Es casi seguro que la renuncia de Benedicto XVI y la existencia de dos papas (uno emérito y otro en ejercicio) fecundará la imaginación de los guionistas para ofrecernos a no mucho tardar una ampliación a la filmografía sobre el tema.

Ángel Antonio Pérez Gómez  

 

papa3Filmografía esencial

El cardenal (The Cardinal, Otto Preminger, 1963): numerosas tomas en el Vaticano.

Becket, el honor de Dios (Becket, Peter Glenville, 1964).

E venne un uomo (Ermanno Olmi, 1965). Vida de Juan XXIII.

El tormento y el éxtasis (The Agony and the Ecstasy, Carol Reed, 1965). Julio II (Rex Harrison) vs Miguel Ángel (Charlton Heston) por los frescos de la Capilla Sixtina.

Las sandalias del pescador (The Shoes of the Fisherman, Michael Anderson, 1968): Anthony Quinn como el papa ucraniano, Oskar Werner (P. David Telemond), Lawrence Olivier (Kamenev).

La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, Polanski, 1968).

La papisa Juana (The Pope Joan Devil’s Imposter, Michael Anderson, 1972): Liv Ullmann (como papisa) y un reparto con Olivia de Havilland, Franco Nero, Maximilian Schell y Trevor Howard (papa León).

Roma Fellini (Roma, Fellini, 1972)

En nombre del papa rey (In nome del papa re, Luigi Magni, 1977)

De un país lejano (From a Far Country, Krzysztof Zanussi, 1981)

Muerte en el Vaticano (Morte in Vaticano, Marcello Aliprandi, 1982): Terence Stamp (Padre Andreani, luego Papa Juan Clemente I): papicidio por veneno.

The Scarlet and the Black (Jerry London, 1983): Pío XII, encarnado por John Gielgud, apoya los esfuerzos del padre O’Flaherty (Gregory Peck) para salvar judíos de la persecución nazi.

Saving Grace (Robert M. Young, 1986): Tom Conti interpreta a un improbable León XIV y nuestro Fernando Rey, al Cardenal Biondi.

Russicum (I giorni del diavolo, Pasquale Squitieri,1988). Los jesuitas, artífices de un siniestro complot para impedir el viaje del papa a Ucrania (URSS) para la unión con la ortodoxia de esa región.

El padrino III (The Godfather Part III, Francis F. Coppola, 1990).

In nome del popolo sovrano (Luigi Magni, 1990).

The Pope Must Die (Peter Richardson, 1991): Polémica comedia que afrontó múltiples obstáculos para su distribución y exhibición. En un conclave manipulado por la mafia, el portavoz del Vaticano anuncia por error que un cura de vida poco ejemplar ha sido elegido papa (Robbie Coltrane).

— Amén (Amen, Costa-Gavras, 2002)

Los banqueros de Dios (I banchieri di Dio, Giuseppe Ferrara, 2002): Banco Ambrosiano, Roberto Calvi…

Lutero (Luther, Eric Till, 2003): Biografía del reformador Martín Lutero (Joseph Fiennes) y su enfrentamiento con el papa León X (Uwe Ochsenknecht).

Der neunte Tag (The Ninth Day, Volker Schlondorff, 2004): Un sacerdote luxemburgués se resiste a convencer a su obispo para que escriba al Vaticano a favor de Hitler y su régimen.

The Conclave (Christoph Schrewe, 2006): el conclave en el que fue elegido papa Rodrigo Borgia (Manu Fullola): 18 hombres sin piedad.

El baño del papa (César Charlone y Enrique Fernández, 2007).

Mister Lonely (Harmony Korine, 2008): Film surrealista con aparición de personajes célebres: Michael Jackson, Marilyn Monroe, la reina de Inglaterra, Charles Chaplin… James Fox, como papa, propone un brindis: beber hasta emborracharse por los difuntos de cada «rebaño».

Ángeles y demonios (Angels & Demons, Ron Howard, 2009).

Pope Joan (Die Päpstin, Sönke Wortmann, 2009): Nuevo acercamiento a la figura de la papisa Juana.

Habemus Papam (Nanni Moretti, 2011): Michel Piccoli como papa electo.

El rito (The Rite, Mikael Håfström, 2011): escuela de exorcistas en el Vaticano.

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