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Frederica Sagor Maas, guionista en el Hollywood clásico

Escrito por Francisco M. Benavent

frederica1El nombre de Frederica Sagor-Maas (1900-2012), hoy en el olvido como el de tantos otros pioneros del cine silente, estuvo asociado como guionista a docena y media de películas de los años veinte y treinta, cuando en Hollywood daban sus primeros pasos William Wyler, Josef von Sternberg, Erich von Stroheim, Edmund Goulding, Clarence Brown o Marshall Neilan. Apareció en Días de colegial (The Plastic Age, 1925) de Wesley Ruggles, La modelo de París (That Model from Paris, 1926) de Louis J. Gasnier, o en La primera noche (The First Night, 1927) de Richard Thorpe. En otros casos no pasó del "uncredited".

            Traducido ya al español, la editorial Seix Barral acaba de publicar su libro autobiográfico "La escandalosa señorita Pilgrim" (The Shocking Miss Pilgrim: A Writer in Early Hollywood). Sorprendentemente, estas memorias las empezó a escribir en 1986, tras fallecer su marido, alentada por el gran historiador y cineasta Kevin Brownlow. Vieron la luz en 1999, cuando esta mujer se acercaba ya a los cien años. Murió a los ciento once, alcanzando una longevidad inusual: era la cuadragésimocuarta persona más anciana del mundo. Da en ellas un testimonio de primera mano, lúcido y franco, sobre los entresijos de Hollywood en aquella época primigenia, siendo además una de las escasas abanderadas femeninas que participó en el desarrollo de de la industria del espectáculo fuera de los focos. Un libro muy recomendable en consecuencia, ya que en cine, como en todas las artes, las fuentes directas siempre son escasas.

            Frederica Sagor llegó a la nueva Babilonia en 1924, con apenas veintitrés años y el deseo de labrarse una carrera como guionista al estilo de June Mathis. Era hija de emigrantes judíos rusos que se habían asentado en Nueva York. A base de tesón asistió a la Universidad de Columbia para estudiar periodismo, carrera que dejó tras leer un anuncio e introducirse en el mundo del cine. Conoció entonces a los peces gordos de un negocio parecido a un nido de serpientes: ejecutivos ignorantes, fiestas escandalosas a base de alcohol, sexo y drogas, trepas sin escrúpulos, traiciones... Luchó por que no le robaran las ideas y suprimieran su nombre de los créditos ya que, ayer como hoy, el guionista sigue asistiendo atónito a que su historia sea cambiada sin miramientos, cuando no birlada. Sin mucha pena tras una larga serie de altibajos, en 1947 se marchó de Hollywood para ganarse la vida en otras labores. En una entrevista dijo que prefería fregar escaleras antes que volver a trabajar en una industria "sin sustancia".

            Sus páginas describen el funcionamiento de los grandes estudios cinematográficos por los que pasó, las miserias tras los oropeles, los sueños rotos, los declives y olvidos. Mitos que en zapatillas distaban mucho de su imagen pública, como Clara Bow (obsesionada con el sexo y bailando desnuda encima de las mesas), Marion Davies (presumiendo de su relación con Hearst), Greta Garbo –colaboró para ella en el guión de El demonio y la carne (Flesh and the Devil, 1927)-, Norma Shearer (gran amiga para la que escribió varios guiones antes de que ésta cometiera el "error" de casarse con Thalberg) o Joan Crawford (impagable su descripción cuando la fue a recoger por primera vez a la estación: "era una tipa que mascaba chicle, muy maquillada, con la falda hasta el ombligo, el pelo rizado y en desorden. Un putón"). Los productores también se llevan su parte, ya que el único que conoció con talento fue Ben Schulberg, el padre de Budd. A Louis B. Mayer lo califica como "alguien en quien no se podía confiar". Además "siempre he pensado que la apelación de genio se ha concedido de forma un tanto inexacta a Irving Thalberg, a quien considero el peor perpetrador de derroches de la industria". Las continuas borracheras del último magnate aparecen entonces como el menor de sus males.

Esta mirada inmisericorde sobre la fábrica de sueños se alterna con buen número de observaciones sobre su matrimonio con Ernest Maas (productor y también guionista, con quien se casó en 1927), la familia de la que procedía, las costumbres de la época, la lucha por la supervivencia en medio de esa selva, la tentación de quitarse de en medio, el amor, los viajes, el dinero, los restaurantes, las estrecheces… De fondo los acontecimientos históricos de los que fue testigo durante gran parte del siglo XX: los locos años veinte, el "crack" del 29, la Gran Depresión, la llegada del sonoro, la muerte de Roosvelt, la II Guerra Mundial, la Caza de Brujas… Observaciones hechas además desde una perspectiva femenina, de mujer independiente y progresista. Ideas las suyas avanzadas para aquellos años donde el mundo estaba dominado por los hombres y sólo las mujeres excepcionales lograban descollar. "Es una guionista de talento, pero es conflictiva" la sentenció el productor Harry Rapf, asistente habitual a las "fiestas salvajes" de los viernes.

            La prosa de su libro es ágil y directa, periodística, propia de la guionista que Frederica Sagor fue. Trasluciendo decepción, aunque sin excesiva acritud, le basta contar lo que vieron sus ojos a base de pinceladas concisas y certeras, sin exageraciones, con anécdotas humorísticas pero sin cotilleos al estilo del "Hollywood Babilonia" (1959) de Kenneth Anger. La afilada pluma untada en veneno de esta abuelita saborea en más de una ocasión la venganza servida fría: "estoy viva y coleando y, bueno, hijos de puta, estáis bajo tierra mientras yo he vivido hasta los 99".

"La escandalosa señorita Pilgrim" es un título que alude a la última de las películas basadas en un guión suyo, The Shocking Miss Pilgrim (1947), una historia sobre mujeres trabajadoras que se habían adelantado a su tiempo. Pero Darryl F. Zanuck, patriarca de Twentieth Century Fox, la cambió de arriba abajo para hacer con ella un musical. Su libro no sólo trata sobre una mujer de espíritu libre que se enfrentó a un sistema corrupto, sobre la preterida profesión de guionista, o sobre el Hollywood de los tiempos heroicos. Como en todas las biografías de primer orden, es una apasionante lección sobre la vida.

            sagor-maasPor cierto, existe otro libro sobre las interioridades de Hollywood que no ha visto todavía traducción al castellano, "You'll Never Eat Lunch in this Town Again" ([Nunca más volverás a comer en esta ciudad], 1991) de Julia Phillips (1944-2002), la productora El golpe (The Sting, 1973), Taxi Driver (1976) y Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977). Su trayectoria recuerda en más de un punto a la de Frederica Sagor: era hija de judíos rusos emigrantes, entró Paramount en 1969 (según sus palabras por que los ejecutivos que se quedaron impresionados al saber que había visto una película de Jean-Luc Godard) y conoció de primera mano a las personalidades más relevantes del cine de Hollywood de los setenta. A lo largo de sus 650 páginas se despacha sin pelos en la lengua sobre las drogas, la promiscuidad o el derecho de pernada imperante para conseguir entrar en una película, poniendo en la picota a Spielberg ("un tarugo ególatra y avaricioso"), Goldie Hawn ("una guarra de pelo sucio"), Warren Beatty (sugiere que le propuso un trío con su hija de catorce años), Don Simpson ("un cerdo obsesionado con el sexo duro"), David Geffen ("tiene la cara llena de colágeno"), Joel Silver ("un seboso"), o Richard Dreyfuss ("acomplejado por su falta de estatura"). Fue precisamente Dreyfuss quien casi le escribió el epitafio a esta mujer que gastó buena parte de lo que ganó en cocaína: "Durante años intentó suicidarse con las drogas. Ahora lo ha hecho con su libro". Julia Phillips siguió comiendo en Los Angeles, pero nadie se sentó ya en su mesa. Murió con 57 años.

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