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Al otro lado del Estrecho

Escrito por Ángel Luis Inurria

ojossecosTan próxima como lejana, la cinematografía marroquí ha estado presente en la 58 edición de la Seminci vallisoletana, celebrada el pasado mes de octubre, y ha gozado de un ciclo propio, Cine marroquí del siglo XXI. Sus proyecciones han resultado una sorpresa agradable para los espectadores que desconocían este cine; el ciclo fue presentado en una conferencia del realizador Abdeslam Kelai, en presencia del director del certamen, Javier Angulo y de Florentino Carrera, miembro de la Fundación Eurane. El citado cineasta presentó su obra Malak en la sección Punto de Encuentro; este filme narra los avatares que sufre una joven que descubre que está embarazada  y que sufrirá el abandono del padre de su hijo, circunstancia que aprovecha Kelai para denunciar el maltrato que la sociedad inflige a las madres solteras. Ejemplificación social, de un universo, que en otros aspectos está siempre presente en la mencionada cinematografía, espejo que refleja con preocupación y sinceridad, una realidad que desconocemos y olvidamos aunque sea las de nuestros vecinos con quienes estamos obligados a mantener relaciones, y algunos de cuyos problemas son también nuestros, e incluso universales, aunque en su país posean dispares matices.

          La selección de los filmes presentes en el ciclo ejemplifica la vitalidad del cine marroquí, tan singular como variado, que bucea en estéticas diversas, y afronta  temáticas con voluntad de denuncia y crítica, actitud favorecida por la mayor permeabilidad de la censura. Mostrar la realidad, recuperar la memoria, dar testimonio. En esta ruta elegida, destaca la realización de Jilali Ferhati Mémoire en detention, que narra la salida de la cárcel de dos reclusos. Uno de ellos, el joven, un ladrón hijo de un activista político represariado, deberá de guiar a su compañero amnésico para recuperar los datos que le devuelvan la memoria; su amnesia vino provocada por la delación que tuvo que protagonizar durante su militancia política: toda una metáfora sobre la represión y la recuperación de la memoria colectiva, provocadas por lo que ocurría en los denominados años de plomo, en la dictadura de Hassan II.

           Pero no sólo la política es objeto de interés, la juventud, nunca olvidada por el cine francés, cinematografía de obligada referencia en el marroquí, y no sólo en las influencias del polar, preocupa y está presente en buena parte de los títulos que han estado incluidos en la presente muestra, pero también el papel de la mujer en la sociedad, la emigración y el conflicto entre lo viejo y lo nuevo. Claro, que todo esto no implica que no haya hueco para el surrealismo, como en El fin, de Hicham Lasri, una loca historia de amor, con ecos de cine negro teñido de añejos tics  experimentales  y oníricos, caótica aventura que transcurre en los días que precedieron a la muerte de Hassan II. Ni que brote la nostalgia poética que recuerda a Pasolini, como en Esperando a Pasolini, de Daoud Aoulad-Syad, que narra la llegada a un pueblo de un equipo de rodaje italiano con la intención de filmar una película sobre Jesucristo, el mismo pueblo que sirvió de escenario para Edipo Rey, y en la que participó como extra un joven que entabló amistad con Pier Paolo a quien esperará ahora inútilmente, mientras el nuevo rodaje pone en contraste las tradiciones del lugar. En cualquier caso, es más significativo el temario argumental que el estilo fílmico que le acompaña. Y junto al testimonio de la pasada represión política, que también deja espacio a las ilusiones cinéfilas, cinéfila, y como no podía ser de otra forma, la marginación de la mujer, la presencia de la delincuencia juvenil, la voluntad ensoñadora  de los adolescentes por autoafirmarse, la de los jóvenes por prosperar, y, todos, en definitiva, alcanzar la autorrealización dentro de la modernidad, sin trágico enfrentamiento con el pasado tradicionalista. Y para expresarlo, resulta tan válida la narrativa tradicional, como el documental, la poesía, o el ensayo surrealista.

           memoire En definitiva, ejemplificación de un cine fresco, sincero, con voluntad de mejorar una sociedad a la que refleja y que no está sometido a ningún género ni estilo concreto, para conseguir su fin, que apunta a la validez del mensaje que lanza, que suele frecuentar el apoyo de la coproducción, y que, sin duda alguna, evidencia un interés superior a muchos títulos presentes en la política de lotes. En el cine marroquí, además, sobresale la evidencia de que una historia filmada es un acto de interpretación y, también, en afirmación de Peter Burke, que el resultado de un filme proviene de la determinada lectura de los hechos que decide narrar.

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