.

Demasiados personajes en busca de autor

Escrito por Ernesto Pérez Morán

sofia coppola- marie-antoinetteEl estreno de The Bling Ring (2013), último largometraje de Sofia Coppola, exhibido en la sección Una cierta mirada del Festival de Cine de Cannes y cuya recepción ha sido cuando menos tibia, parece un buen momento para repasar la filmografía de la realizadora neoyorquina, desde sus primeros cortometrajes hasta la actualidad, tratando de responder a algunos interrogantes formulados en torno a las constantes estéticas y temáticas –empezaremos por las primeras para, con ellas, apuntalar las segundas– y de paso desmontar o confirmar ciertos tópicos que se han instalado en torno a su figura.

Los defensores de Sofia Coppola destacan –entre otros elementos, y reafirmándose a propósito de The Bling Ring su capacidad para denunciar la hipocresía de la sociedad de consumo y el vacío al que se ven abocados los individuos en ella. No obstante, silencian que la hija del gran Francis Ford Coppola dedica mucho tiempo a mostrar mediante bellísimos planos el lujo que rodea a sus protagonistas, y no tanto a profundizar en esos mismos personajes. Son muy llamativos sus alardes plásticos y formales: Lost in Translation (2003) encuentra en los planos frontales de Charlotte y Bob las mejores metáforas de su extrañamiento y, a la vez, el encuadre los une en una amarga soledad; María Antonieta (2006) repite ese modo de hacer en tomas aún más abiertas e impactantes, añadiendo una untuosa movilidad; Somewhere (2010) renuncia a esa opción en beneficio de una cámara estática que a veces tiene su sentido al revelar el espacio off… Sin embargo, Coppola cede demasiado a la tentación esteticista, frustrando la hondura del ensayo y terminando por hacer apetecible lo que se supone que asfixia a sus personajes. Todo esto llega al paroxismo en su última obra.

The Bling Ring retoma las secuencias-resumen de María Antonieta, a modo de videoclip, y un par de encuadres estáticos recuerdan a otros de Somewhere, títulos con los que comparte la escasa indagación en los personajes, mientras Lost in Translationy el narrador de Las vírgenes suicidas (1999) al menos escarbaban en ellos. En su película más reciente hay incluso menos preocupación por aquellos que pueblan el relato, y alguien ha querido ver en esta visión epidérmica un compromiso con la objetividad, ignorando que sin análisis poco puede haber de fértil en temas como los que se tratan (el lujo, el famoseo, las ansias de notoriedad), además de que esa objetividad –ontológicamente imposible en lo que se refiere a la imagen audiovisual– es negada por la belleza de algunos planos que hacen inviable cualquier amago de denuncia. En cuanto a otros gestos formales, quedaban hasta ahora muy atrás sus pueriles juegos con la cámara lenta –María Antonieta rescataba esa constante, mostrada tanto en Las vírgenes suicidas como antes en el cortometrajeLick the Star(1998)–, que fueron sustituidos por las mencionadas exhibiciones compositivas, hasta que la obsesión por el encuadre estático alcanza el culmen en Somewhere, abordada por Coppola como si la antinarratividad no se hubiese ensayado hace ya más de medio siglo. Como si no conociese a maestros de la talla de Michelangelo Antonioni, entre otros muchos, Sofia Coppola experimenta con el aburrimiento de un actor famoso para aburrir al espectador mediante unas preocupantes ínfulas de auteur.

Bendecida con el León de Oro de Venecia gracias a Somewhere, pocos realizadores tienen tantos y tan apasionados seguidores como ella. Hablan de un estilo personal, como si eso fuera la llave de acceso al olimpo cinematográfico. Intentemos dar profundidad a ese término y no quedarnos en el cliché interesado. Lo innegable es que en Coppola ese personalismo tiene muchos matices biográficos, comenzando por su primer guion, supuestamente escrito por ella cuando contaba 18 años, y en colaboración con su progenitor: Vida sin Zoe (1989), uno de los tres episodios de Historias de Nueva York, narraba la solitaria existencia de una millonaria adolescente encerrada en un hotel de lujo sin padres ni amigos. Ese armazón preludiaba ya a las hermanas Lisbon de Las vírgenes suicidas, víctimas de unos padres sobreprotectores; a los dos protagonistas de Lost in Translation, enclaustrados en un hotel de Tokio; a la pobre María Antonieta, arrebatada de Austria para languidecer en Versalles, rodeada de boato pero sin contacto con el exterior; al Johnny Marco de Somewhere, que también se hospeda en un hotel y pasa el día sin encontrar un sentido a su vida, más allá de una hija que recuerda a aquella Zoe. Todos escandalosamente ricos y tan ajenos a cualquier problema del exterior como lo están los personajes de The Bling Ringo la muchacha caída en desgracia de Lick the Star.

En coherencia con ello, y como un trampolín tanto de cara a la taquilla como a la galería de connaisseurs, Coppola se vale siempre de un equipo técnico y artístico asiduo y célebre. Sarah Flack es su montadora habitual, lo que hace que varias secuencias sean bastante parecidas en distintos filmes; en la dirección de fotografía, Lance Acord cedió el testigo en 2010 al recientemente fallecido Harris Savides, una autoridad en su disciplina, que ya fotografiara, por cierto, la estupenda Elephant (Gus van Sant, 2003), la cual guarda concomitancias estéticas y temáticas con The Bling Ring, superándola en todo. Y por supuesto, su padre en la producción. Por lo que respecta al reparto, ya desde sus inicios la joven contó con intervenciones estelares (Peter Bogdanovich hacía una breve aparición en Lick the Star) y luego ha gustado de rescatar a actores venidos a menos, tarantiniana maniobra que le dio los mejores resultados con Bill Murray en Lost in Translation, aunque antes lo había intentado con Kathleen Turner en Las vírgenes suicidas y repetirá con Stephen Dorff en Somewhere. Por último, nadie como Kirsten Dunst (que aparece en tres filmes de la cineasta) y Scarlett Johansson para funcionar a modo de álter egos de la directora en esa gestión de ausencias.

Porque es cierto que Coppola tiene habilidad para reflejar una soledad que ella debió de vivir en su adolescencia, pero para eso sacrifica desde el principio cualquier contexto, que sólo importa en cuanto aísla a los protagonistas. La profundidad que los padres de las Lisbon tenían en la novela de Jeffrey Eugenides se barre de un plumazo, mientras que Lost in Translation presenta a todos los japoneses como unos horteras, cuando no unos gaznápiros sin remedio, en un retrato compuesto a brochazos desde una óptica occidental, tan despreciativo que es inquietante que casi nadie haya levantado la voz ante un discurso así de simplista en lo que al SofiaCoppolaentorno se refiere. Lo mismo se podría decir de María Antonieta, aunque no tanto por mantener fuera de campo las revueltas de los sans culottes, cuanto por unas últimas escenas donde los revolucionarios aparecen como una horda de salvajes ante el refinamiento de una María Antonieta con la que la obra se alinea indiscutiblemente y que es captada en un magnífico plano de conjunto al lado de Luis XVI, a la sazón su esposo. Una toma que sirve para dar más importancia a los elementos compositivos y favorecer a la heroína, en un final que no hace justicia a un primer tramo del metraje en el que se imparte una auténtica clase de costumbrismo audiovisual, dedicando metros y metros a hechos aparentemente baladíes en la actualidad pero que en su momento llegaron a crear un subgénero literario: nos referimos a ese eterno viaje en carruaje que otras películas peor documentadas elidirían sin más, o a los absurdos protocolos versallescos. Sofia Coppola se detiene en ellos, evidenciando un profundo conocimiento de la época.

Creemos justificado considerarla una cineasta frívola, muy capaz y con un innegable sentido estético, que casi siempre sitúa por encima de la ética, como pone de manifiesto, en una deriva predecible, The Bling Ring, que vendría a ser algo así como un Melrose Place bien hecho, mejor rodado e indudablemente efectivo. Querer ver en estos discursos una diatriba contra la sociedad estadounidense se antoja excesivo. Y si lo fuera, resultaría bastante fallida. 

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.