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Alain Resnais, "nouveau roman" y music hall

Escrito por Rafael Arias Carrión

resnaisEl fallecimiento de Alain Resnais el 1 de marzo dejó huérfanos a aquellos cineastas y espectadores que lo tuvieron por un director audaz en sus primeros años de carrera y de voraz curiosidad siempre. Fue para muchos uno de los vanguardistas del cine moderno, que reunió en el inicio de los sesenta a nombres como Antonioni, Marker, Oshima, Godard, Rocha, Delvaux, Jerry Lewis o Jancso, sin olvidar a cineastas que sorprendieron antes, como Rossellini o Bergman. El conjunto de las películas de estos directores en esos años fue tan fecundo que muchos de sus trabajos hoy día parecen asombrosamente nuevos y otros resultaron y todavía lo son, islotes extraños, sin comunicación con sus coetáneos. Oscilando entre la comprensión que produjo Hiroshima mon amour (1959) y la radicalización de El año pasado en Marienbad (1961) encontramos al cineasta bretón Alain Resnais.

En 1959 cuando la crítica adhirió su nombre a la eclosión de los jóvenes turcos que ocuparon el panorama cinematográfico francés de entonces, ya llevaba dirigidos un buen número de cortometrajes. Pero las afinidades de Resnais con la nouvelle vague son prácticamente inaprensibles. Sí son patentes con lo que se ha denominado como la rive gauche de cineastas franceses, donde práctica política, reflexión histórica y afinidad con la Nouveau Roman resultaban más cercanas a sus intereses y a lo que plásticamente fue su resultado cinematográfico en dichos años. Si Godard pretendía dinamitar la anterior historia del cine francés, Resnais buscaba descubrir distintas formas de narrar una historia, con lo que ensayo y relato se hicieron inseparables en el director y sus afines, caso de Agnes Varda, Henri Colpi, Armad Gatti, los escritores y futuros directores Marguerite Duras, Alain Robbe Grillet y, especialmente con Chris Marker, con quien inició una fructífera colaboración en Les statues meurent aussi (1953), prosiguió con Noche y niebla (1955) y, más tarde, con Loin du Vietnam (1968) y los sesentaiochistas Cinetracts. Entre ambos se creó un diálogo fílmico que abarcó la política y también las posibilidades de recrear la mente y modular el tiempo. Si el Resnais más político-historiador se extendió, principalmente desde Noche y niebla hasta L'an 01 (1973), el Resnais entusiasmado por la mente, la ciencia y el tiempo, abarcó sus primeras colaboraciones con Marker hasta Te amo, te amo (1968), que proseguía campos abiertos por La jetée (1962)del mismo Marker. Si Antonioni mantuvo separado el espacio del tiempo, con Marker y Resnais el tiempo pasaba a ser una coordenada reversible.

--Tiempo y memoria

Si por algo se ha caracterizado Alain Resnais a lo largo de su filmografía fue por la utilización de un espacio-tiempo no euclidiano. Resultaba evidente en El año pasado en Marienbad, donde ni siquiera ese año pasado al que alude el título se puede descifrar, ni tiene sentido hacerlo, es una película que avanza hasta llevar al abismo las propuestas de Hiroshima mon amour y de Noche y niebla. La diferencia estribaba en la memoria, presente en estas últimas, mientras la amnesia era la que prevalecía en El año pasado en Marienbad.

En Toute la mémoire du monde (1956), el espacio-tiempo resulta ser un sinónimo de conocimiento, en el sentido que le da Borges en La biblioteca de Babely en Tlon, Uqbar, Orbis Tertius. Para Resnais la representación del tiempo en imágenes no podía separarse de la teoría de la relatividad, donde el tiempo se dilata o se contrae como otra coordenada espacial. Y esa dilatación del tiempo afecta a la memoria. En un segundo circula toda una vida. Esos minutos que (tras)pasa Claude Ridder (Claude Rich) dentro de una cámara de viaje temporal en Te amo, te amo serán suficientes como para transformar la que, hasta entonces, había sido su vida. El año pasado en Marienbad deslumbró a mucha gente entre ellos al científico Henri Laborit. Resnais leyó todas las obras del científico y la colaboración se plasmó en 1980 con Mi tío de América, donde se reflejaban las teorías del científico sobre la memoria como fruto más de la genética –paralelismo con el azar, puesto que el control sobre la genética todavía era limitado– que de la cultura. Pero curiosamente, siendo ambas películas sobre la memoria, ambas resultan insatisfactorias. Lo mejor de Mi tío de América parece ser fruto del azar, sin quererlo parece una comedia que pudiera firmar Wes Anderson más que el producto de una teoría. O quizá Resnais se reía de Laborit.

--Ficción y ciencia

Si los meandros científicos atrajeron en algún momento dado la curiosidad de Resnais, fue en el campo de la ficción donde se desenvolvió con precisión puntillosa para mostrar que la ciencia también tenía cabida, y que, como marcó indeleblemente Kubrick, la ciencia-ficción es cosa seria. Sin duda La jetée amalgamó las preocupaciones que Resnais tenía en 1962. El pasado como reflexión histórico-política y la destrucción del presente como estado en el que pueda transitar una película, hizo de esta un germen que se encuentra en una de las mejores películas del director bretón. Me refiero a Te amo, te amo (1968). Muy lejos de estas dos se encontrarían películas de ciencia ficción de esos años en Francia, como la contracorriente Lemmy contra Alphaville (1965) de Godard o la nostálgica Fahrenheit 451 (1966) de Truffaut.

En ese juego de la ficción Te amo, te amo contiene suficientes innovaciones como para que en 2010, la celebrada película de Christopher Nolan Origen fuera, más que una novedad, una digna heredera de la contracción y dilatación temporal y resultara ser también un filme sobre el tormento de los recuerdos. No en vano, Nolan tiene más de un punto de contacto con Resnais, como su gusto por los cómics. La propia Origen (2010), que se desarrolla en el cerebro de una persona, es la plasmación de esa preocupación por los mecanismos que funcionan en la memoria, aunque las diferencias en el tratamiento psicológico de sus protagonistas es notable. Mientras Nolan se preocupó por hacer accesible sin simplificar demasiado la herencia freudiana, Resnais se divertía con las teorías conductistas y con reminiscencias de Freud y Jung. Dentro de este apartado, donde circula más la ficción que la ciencia, aunque ésta no desaparece, los fantasmas inundaron el paisaje cinematográfico de Resnais. No solo son fantasmas los protagonistas innominados de El año pasado en Marienbad, desmemoriados, al contrario de la pareja de Hiroshima mon amour, que contienen toda la memoria del mundo. Un preámbulo fantasmal lo encontramos en Providence (1977), pero es en L'amour à mort (1984) y en su penúltima película Vous n'avez encore rien vu (2012) en donde los fantasmas son el centro de la narración. Uno, renacido por algo que parece catalepsia; el otro, revivido por las palabras de sus amigos, como un demiurgo. En ambos casos este estado fantasmal resultaba eventual.

--Historia y ética

Entre Noche y niebla y Loin du Vietnam, la política, sus consecuencias y la Historia y sus meandros, constituyen uno de los temas más personales en su obra. Los campos de concentración, la bomba nuclear, la revolución argelina, la lucha contra el fascismo, contra la guerra de Vietnam, formaron cuerpo de alguno de sus largometrajes. Pero en ninguna de sus manifestaciones políticas optó por la línea recta. En sus primeros trabajos, el distanciamiento brechtiano produjo un efecto demoledor, especialmente con la presencia del texto en Noche y niebla. Esa voz en off de Jean Cayrol, quien estuvo recluido en el campo de Gusen, reafirma que dicho texto consigue el distanciamiento mediante la ironía, pero la atonía de la lectura del mismo lo confrontó con la maquinaria de la muerte nazi. Y consiguió hacer sentir lo no visto. En cierto sentido, la ética del documento reside en que no por cerrar los ojos vamos a ser mejores humanos, sino que gracias a abrir los ojos podremos evitar hechos como los campos de concentración donde se cosificaba a lo que siempre fue un ser humano. Hiroshima mon amour se asentó bajo los mismos parámetros «brechtianos». El texto de Marguerite Duras conjuga en dos personas la memoria de dos civilizaciones, pero también la de un hombre y la de una mujer. Nevers e Hiroshima son dos palabras vaciadas de contenido. Es el espectador quien tiene que llenarlas.

Dicho dispositivo en donde imagen y texto no se superponen sino que se suman fue parcialmente abandonado en sus siguientes películas. Muriel (1963) y La guerra ha terminado (1966) carecen de dicho dispositivo –retomado en cierta manera, en el episodio realizado por Resnais para Loin du Vietnam–, sustituido por una carga emocional que ha producido que, a día de hoy, ambas películas se resientan de su escaso atrevimiento.

--Ciencia y azar

Si bien es cierto que, como hemos escrito, Henri Laborit se interesó por el uso de los mecanismos emocionales y cognitivos de la memoria en la obra de Resnais la reunión de ambos no solo dio una película insulsa sino que resultó demasiado cómica sin que pareciera premeditada por parte del director. Es cierto que Mi tío de América, sin quererlo probablemente, abrió una primera puerta grande al azar, utilizado ya conscientemente en obras posteriores bien en acciones puntuales, como sucede en Asuntos privados en lugares públicos (2006) o en Las malas hierbas (2009), donde la pérdida de una billetera da origen a toda una película que puede leerse con un tratado de la ilusión como mecanismo del deseo. El mismo azar es el origen de una película bicéfala, Smoking/No smoking (1993), donde la narración giraba hacia un punto u otro dependiendo de un cigarrillo. No hay que olvidarse, por último, de que esa casualidad, porque como tal no tiene explicación racional, es el arranque de la «resurrección» en L'amour à mort o la propia presencia y ausencia del demiurgo en Providence. El azar en Resnais se puede explicar con una imagen, el último plano de Quiero volver a casa (1989). En él vemos un árbol pintado sobre un lateral de un edificio de viviendas. Es evidente que es un árbol, pero según se acerca la cámara dicha evidencia se difumina y acaba por ser una mancha de un color. Entre el principio y el final lo que se encuentra es el azar.

resnais2--Literatura y cómic

La colaboración de Resnais con los escritores que redactaron sus guiones produjo una estrecha colaboración en la que los guionistas han afirmado que todo lo escrito lo han hecho ellos, pero que todas las frases contaron con la aprobación del director. De esta forma, Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet, Jorge Semprún, Jean Gruault o David Mercer se convirtieron en vehículos del pensamiento del director. Pero no solo de escritores y literatura se vale Resnais. El abandono de la presencia directa de la política en sus filmes lo acercó hacia dos aficiones que nutrieron su cine desde la década de los setenta: el cómic y el music-hall.

El primero de ellos aparece como preámbulo de su filmografía en un momento de Toute la mémoire du monde. Cuando el texto dice “¿Quién sabe cuál será el testamento más fiable de nuestra civilización?”, la imagen muestra la portada de un cómic de Mandrake. Jules Feiffer, incisivo autor de cómics estadounidense, escribió el guión de Quiero volver a casa, película que conjuga con gracia y habilidad los pensamientos de sus personajes, antes interiorizados o mostrados a través de una voz en off, mediante bocadillos, y donde dibujos caricaturizados se ensamblan con naturalidad en una película que todavía hoy no ha sido suficientemente valorada. Como curiosidad, un año antes, desde otros parámetros, Robert Zemeckis, creó la fascinante ¿Quién engañó a Rogger Rabbit?. Otro dibujante, Enki Bilal, realizó los decorados de La vie est un roman (1983). Y Floch, ilustrador francés muy influenciado por la cultura británica y los relatos de misterio, como Resnais, hizo carteles publicitarios y los títulos de presentación para On connait la chanson (1997) y Smoking/No Smoking. Por último, destacar que la sombra de Will Eisner, creador en 1941 del cómic The Spirit, recorre Las malas hierbas.

Hay directores que mueren un día y pensamos, creemos, que ya estaban muertos. Lo hace, sin duda, la necesidad de verlos vivos a través de sus trabajos. En el caso de Resnais, murió una vez finalizado su último largometraje Aimer, boire et chanter, pero su memoria pervivirá en la de muchos espectadores, pues tuvo la suficiente curiosidad y amplitud de miras como para que cada espectador opte por su propia película preferida de Resnais. Y las razones solo le pertenecerán a ese espectador. Amemos, bebamos y cantemos cada minuto, como dice el título de su obra final. No es un mal fin.

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