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Multiculturalidad y migraciones en el cine francófono

Escrito por José Luis Sánchez Noriega

ciudadtranquilaEl brazo de mar surcado por las pateras del Estrecho o de Lampedusa, las vallas en Ceuta y Melilla, o en la frontera turco-griega, o el muro entre San Diego y Tijuana, son obstáculos tan inútiles como desesperados intentos de frenar unas migraciones que, en la historia de la Humanidad, siempre han existido y existirán. La novedad ahora es el mundo globalizado gracias a las comunicaciones audiovisuales por satélite que permiten la difusión de las noticias en tiempo real en todo el planeta desde hace tres décadas y el enorme salto que ha supuesto la red internet desde el nuevo siglo, lo que ha propiciado unas migraciones masivas y desesperadas. Lo cierto es que –al menos en Europa y Norteamérica- vivimos en una sociedad crecientemente multicultural en la que al pluralismo democrático conseguido hace poco más de un siglo, se le suma la poliglotía, las comunidades en mutación constante, las reformulaciones de identidades nacionales, el politeísmo ético y religioso, etc.

            A pesar de su condición de espejo donde mirarnos o ventana por la que asomarnos a la realidad, el cine mayoritario está muy marcado por el eurocentrismo y la cultura occidental, de manera que ni se muestra permeable a la multiculturalidad creciente de las sociedades en que surge ni asimila en sus circuitos de exhibición obras de otros países. Estados Unidos ha impuesto unos estándares narrativos, temáticos o estilísticos que suponen, en la práctica, restricciones no pequeñas a la circulación de los cines periféricos o igualan a la norma occidental las obras de Corea del Sur, Taiwan o Japón, despojándolas de sus señas de identidad. Tampoco ese cine mayoritario es sensible al hecho multicultural y los dramas humanos derivados de él. Quizá la excepción sea, en buena medida, el cine francófono de Canadá, Francia, la Bélgica de los hermanos Dardenne y contadas obras de naciones de África que, al menos en los últimos años, es testigo de la creciente multiculturalidad de los países del Norte, lo que no es de extrañar en una cinematografía que cuenta con los documentales de Jean Rouch, pioneros en la mirada escrutadora de otros mundos y otros humanos.

            Un ejemplo modélico de esta perspectiva es la comedia Los nombres del amor(Michel Leclerc, 2010) –caprichosa y comercial versión del original “Los nombres de la gente”- pues pone en escena un particular romance entre dos franceses de raíces bien plurales: Arthur Martin, un hijo de judía y nieto de griegos, y Bahia Benmahmoud, de padre argelino. El final de la historia posee valor de resultado o balance, y no sólo de conclusión de la trama, pues el bebé que tienen en común Arthur y Bahia recibe un nombre trilingüe en chino, francés y árabe. A continuación señalamos las obras de dos directores singulares en este sentido y los ejes que articulan el tratamiento de la multiculturalidad en el cine francófono.

Dos cineastas sobresalen en los últimos años por sus filmografías donde está muy presente el “otro”: el marsellés Robert Guédiguian –hijo de armenio y alemana- y el argelino de etnia gitana Tony Gatlif (pseudónimo de Michel Dahmani). Éste es un cineasta autodidacto y nómada que ha puesto en escena obras con la estética festiva, de abundante música y canciones, propia de la cultura romaní. Historias muy identificadas con el mundo gitano por la libertad de la calle, la condición itinerante de las vidas, el vitalismo y la actitud lúdica de los personajes y por la música como medio de expresión del ánimo y mecanismo de comunicación y celebración. En sus películas los gitanos no son “otros” respecto a un referente payo, sino que ellos mismos son el referente principal en relatos que, en todo caso, subrayan la interacción entre payos y gitanos y, en definitiva, apuestan por la tolerancia y la integración. También tiene filmes más comprometidos, aquellos que hacen memoria del Holocausto en que, además de judíos, también fueron asesinados zíngaros. Por su parte, en el cine de Robert Guédiguian la protagonista absoluta es la clase obrera, erigida como sujeto social e histórico sometido a relaciones de dependencia y dominación, sumergido en conflictos laborales renovados, atenazado por el paro… Los personajes de clase obrera de esa filmografía son reflejo de los barrios de Marsella con su variedad de etnias y de orígenes culturales, lo que conlleva problemas educativos, de integración social o de autoestima personal. Desde Marius y Jeannette(1995) a Las nieves del Kilimanjaro(2011) hay una breve pero enjundiosa filmografía donde los emigrantes árabes, subsaharianos o del Este europeo nutren con protagonismo creciente la vida y conflictos de la clase obrera de la ciudad mediterránea.  

            Un repaso al conjunto del cine francófono nos permite establecer unos temas o líneas de fuerza en el tratamiento de la multiculturalidad de los últimos años. En un primer bloque estarían las descripciones de modos de vida y conflictos de inmigrantes en el seno de las sociedades occidentales: 

a) La supervivencia de la clase obrera emigrante en ciudades y barrios multiculturales, como en el cine del citado Guédiguian o en Recursos humanos(Laurent Cantet, 1999). Estas películas testimonian que los inmigrantes son más pobres, tienen peores trabajos, habitan en viviendas de peor calidad y, en general, viven peor que los ciudadanos del país.  

b) Racismo y marginación por la pertenencia a una etnia/cultura no europea. El color de la piel o los rasgos étnicos marcan una diferencia en las sociedades occidentales para el inmigrante que sufre algún tipo de racismo o de marginación por su origen, como se ve en las minorías delincuentes del documental Delits flagrants(Raymond Depardon, 1994), los árabes de Je suis né d’une cigogne(Tony Gatlif, 1999) y deEl odio(Mathieu Kassovitz, 1995) o el subsahariano de L’envahisseur(Nicolas Provost, 2011) y de La ciudad está tranquila(Robert Guédiguian, 2000).

c) Clasismo y diferencias sociales en emigrantes integrados: incluso en inmigrantes de segunda generación se pone de manifiesto las dificultades de integración y, por ejemplo, se señala la escuela como factor de promoción social, como en La clase(Laurent Cantet, 2008).

d) Ilegalización y criminalización del emigrante/extranjero: el espacio acotado del Primer Mundo aparece como horizonte de riqueza de muy difícil acceso; se subrayan las fronteras como obstáculos insalvables y la exclusión que provocan, así como las dificultades para el permiso de residencia: Welcome(Philippe Loiret, 2010) oProfesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011).profesor lazhar web grande

            En un segundo bloque se echa la vista atrás para hacer memoria de la trayectoria histórica de racismo y marginación de las minorías étnicas o culturales, lo que funciona como mecanismo de sensibilización para conjurar el racismo actual o supone una toma de conciencia del sustrato racista:

e) Memoria de la persecución de minorías durante la II Guerra Mundial, como los judíos de La llave de Sarah(Gilles Paquet-Brenner, 2010) y losgitanos de Liberté / Korkoro(Tony Gatlif, 2009).

f) Memoria del colonialismo racista y marginador en el pasado de los países europeos, lo que ha dejado heridas, como revela la lucha de los argelinos por su independencia en Hors la loi(Rachid Bouchareb, 2010).

Un tercer bloque tiene que ver con la mirada que indaga en el exotismo del extranjero, descubre valores o siente alguna fascinación por él. Esta mirada supone un primer paso hacia la empatía y la integración del foráneo:

g) Europeos y occidentales atraídos por la cultura alternativa de la minoría o su modo de vida, como el niño de Mondo(Tony Gatlif, 1995) fascinado por la bohemia y la música gitana, o el burgués de Intocable(Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011), que recobra la alegría de vivir a partir de las transgresiones del africano negro.

h) El extranjero como objeto de deseo sexual, cuerpo exótico que fascina, tanto en historias de relaciones heterosexuales, como la de la burguesa y el joven afroamericano de La ciudad está tranquila, como en otras de tipo homosexual, como las relaciones de Homme au bain(Christophe Honoré, 2010) o la historia del joven enamorado de un emigrante albanés en Hors les murs(David Lambert, 2012).

Por último están las películas belgas, canadienses o francesas cuya acción abandona el espacio del territorio nacional para desplazarse al originario de los inmigrantes, desplazamiento que supone una alteración de roles, de manera que ahora es el occidental quien está en minoría:

i) Historias de occidentales en misiones humanitarias, diplomáticas, profesionales, militares, etc. en Oriente Próximo, Magreb, África subsahariana, Latinoamérica o Sudeste asiático, con distintas actitudes frente a los modos de vida y valores de los autóctonos, como las de Un homme perdu(Danielle Arbid, 2007) con un fotógrafo en Oriente Medio que practica un voyerismo poco respetuoso con cultura local; la médica canadiense en Cisjordania salpicada por el conflicto palestino-israelí, de Inch’Allah(Anais Barbeau-Lavalette, 2012); la visión de lo extranjero como experiencia de reto, misterio, transformación… en Beau travail(Claire Denis, 1999); la fascinación por el orientalismo o los mundos exóticos en mujer europea en Irán del cortometraje Plaisir d’amour en Iran (Agnes Varda, 1976); etc.

 

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