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San Sebastián 2014: Un festival tranquilo

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez

San-Sebastián-Desde que ETA declaró la tregua indefinida el desarrollo del festival de cine de San Sebastián es una balsa de aceite que no se ve agitada por ninguna galerna. Tras los temporales cantábricos de este año, la ciudad ha recuperado también una tranquilidad que hace realmente gustosa la estancia en ella. No hay, pues, crisis alguna que reseñar: ni en el equipo directivo, en el que Rebordinos sigue manteniendo el timón, ni entre los gacetilleros, periodistas y críticos que parecen satisfechos con lo que la organización les ofrece, es decir, un abanico superabundante de películas, actores, actrices, directores y demás patulea del mundillo cinematográfico. No hay manifestaciones en las calles ni reclamaciones a las puertas de los locales en que se celebran las diversas actividades del festival. La panoplia de secciones rebasa lo abarcable y el público local y foráneo sigue agolpándose en las salas. La afluencia ha crecido levemente, aun siendo muy alta la del año pasado. Tampoco hay fallos organizativos, la programación se cumple a rajatabla y el que no está contento es porque no quiere…

Teniendo en cuenta la situación por la que pasa el espectáculo cinematográfico en las salas, resulta sorprendente esa gran demanda de localidades para asistir a las proyecciones, esas colas larguísimas de espectadores que esperan pacientemente para conseguir un buen sitio en el local (las sesiones no son numeradas). Los que ya sumamos un buen montón de años no dejamos de recordar los aglomeraciones de antes, cuando los cines agotaban sus entradas.

¿Hay razones, pues, para protestar? En su sexagésima segunda edición el Festival aparece firme, sólido e incuestionable. La calidad media de las películas a concurso ha superado holgadamente la medianía. Las numerosísimas secciones han colmado las expectativas de los más exigentes. Las recordamos para que puedan hacerse una idea de la enorme variedad de la oferta: Sección oficial (17 películas a concurso más cuatro fuera de competición), Nuevos directores (primeras, segundas o terceras películas de noveles), Zabaltegi (films independientes), Perlas (premios u obras destacadas en otros festivales), Dorothy Arzner (retrospectiva de la primera mujer que dirigió en Hollywood), Eastern Promises (panorama amplio de films de países del antiguo Este europeo tras la caída del Muro), Culinary Zinema (cine gastronómico), Savage Cinema (cine sobre deportes de riesgo), Horizontes latinos (películas latinoamericanas), Made in Spain (selección de films de producción española), Zinemira (cortos y largos de producción vasca), Cine en construcción (presentación de proyectos en busca de financiación) y Velódromo (films espectaculares y para escolares). Una docena de secciones ¡nada menos!

De este cúmulo de actividades y proyecciones nos fijamos especialmente en la sección oficial. Un año más y, para seguir la costumbre, el jurado (formado por personas muy poco relevantes si se excluye a Nastassja Kinski, algo que habrá que enmendar en posteriores ediciones como no nos cansamos de repetir los últimos años) dio la de arena al premiar al film español Magical Girl y a su realizador Carlos Vermut. Es un film de vidas cruzadas, desarrollado con más de un lapso de guion, que no pasa de ser un juego psico-criminal sin trascendencia alguna. Me inclino a creer que los miembros del tribunal no se enteraron bien de qué iba. Pues, insisto, el film adolece de premiosidad y de muchas costuras sin zurcir. Otros galardones se otorgaron un poco a voleo y creo que esa ya costumbre de repartirlos al buen tuntún devalúa cada vez más el valor de las Conchas. También los premios Donostia, concedidos a Denzel Washington y Benicio del Toro, pueden contentar a la izquierda al distinguir por primera vez a actores, uno, afroamericano y el otro, latino, pero no forman parte ciertamente del olimpo más encumbrado del cine. Los cazadores de autógrafos se contentaron esta vez con piezas también menores, algunas más conocidas por sus trabajos en series televisivas que en la pantalla grande.

Volviendo a las películas a concurso, se nota en la mayoría de ellas una preocupación social más o menos manifiesta. Así abordaba el tema de la eutanasia el film danés Stille hjerte (Corazón silencioso), el tráfico ilegal de emigrantes el surcoreano Haemu, el fraude en la leche en polvo para bebés (Tigers del bosnio Tanovic), el gansterismo ruso en Nueva York (The Drop), la confusión de identidad de género (La nueva amiga de François Ozon), la vuelta a la vida «natural» (Vie sauvage de Cédric Kahn), conflictos conyugales y familiares (Aire libre y Voz en off), la imposible liberación de la esposa de un rabino ultraortodoxo (Félix festival san sebastian-seccion oficial 2014et Meira), la peripecia de una judía alemana salvada de milagro de un campo de exterminio (Phoenix), la reconstrucción del crimen principal de los GAL (Lasa y Zabala)…

Dejamos fuera un film inclasificable como Loreak (Flores), que me impactó muy favorablemente y que tiene algo de pascaliano, pues el azar juega un papel importante en una historia también de vidas entrecruzadas, vidas sin demasiada importancia, pero el relato, contado con un mimo y delicadeza extraordinarios, acaba por cautivar al espectador. Desde otro punto de vista, el film más redondo de todo el concurso me parece The Drop (La entrega), porque siendo un film de género, está realizado con gran precisión y eficacia por Michaël R. Roskam. El guion es de Dennis Lehane (el de Mystic River y Adiós, pequeña, adiós), toda una acreditación. En las secciones paralelas pudimos ver también algunos otros filmes que nos alegrarán la temporada cinematográfica que comienza este otoño. En su momento hablaremos de ellos.

Se cierra así, pues, una edición que ha destacado por su total normalidad, algo que puede parecer raro que ponderemos, pero que no ha sido lo habitual en ya larga historia de este veterano festival.  

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