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Apunte sobre la identidad (sexual) en el cine del siglo XXI

Escrito por Rafael Arias Carrión

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Uno de los temas cinematográficos más recurrentes en este siglo XXI es el de la identidad. Lo singular del tema en relación a su tratamiento durante gran parte del siglo XX es que la identidad se muestra alejada de la existencia de un referente sociocultural, cuestionando el constructo hombre y mujer como esencias diferenciadas y opuestas. La búsqueda de una identidad sería la construcción individual despojada de lo social, en el que las categorías antaño estables se van desvaneciendo. Dicho desmoronamiento no es el alzamiento de la libertad individual, más bien lo contrario en muchos casos. Las preguntas: ¿quiénes somos?, ¿hacia dónde vamos?, resultan modificadas hacia otras que acentúan la dificultad de definir el espacio que ocupamos: ¿qué somos?, ¿vamos hacia algún sitio? Es decir, ¿tiene sentido lo que hacemos, construimos, desarrollamos…?

La sociedad occidental del siglo XX fue capaz de contestar a las preguntas a partir de categorías binarias, pero el holocausto que está produciendo el actual capitalismo sobre la mayoría de los habitantes de este planeta, está consiguiendo no que predomine el individuo sobre la sociedad, si no que ésta no exista, deje de nombrarse, se invisibilice y quede como un término para hablar del pasado. Es en estos parámetros donde la identidad concentra grandes preguntas como sujetos y se generan multiplicidad de películas que conforman otra universalidad, la de los individuos.

La desvinculación del referente social muestra la existencia de multitud de categorías sin conexión. Filmografías como la de Christopher Nolan son un ejemplo notable de esa búsqueda de una identidad imposible, una filmografía construida a partir de la identidad como sujeto en cada película. La identidad trastornada como gran tema cinematográfico, y el Joker y Batman como gérmenes de identidades trastornadas y no sociales.

En el caso de la identidad sexual la dicotomía sobre la genitalidad masculina/femenina se licúa, abriéndose completamente la puerta a la presencia de la ambigüedad, diferente de la homosexualidad (ya presente con cierta profusión en el siglo XX) y la bisexualidad –caso de Shortbus (2006), Castillos de cartón (2009) o Tres (2010). Hablamos de la transexualidad o tránsitos de la identidad sexuada –con películas tan destacables como Normal (2003)–, y de la intersexualidad, reflejada con intensidad y sin prejuicios en XXY(2007). Las películas que han abordado dichos temas se han multiplicado durante este siglo, y lo han abordado carentes de convenciones sociales, con el desenfreno del deseo de construir nuevas normas que construyan un nuevo sujeto sexual, cerrando la puerta definitivamente a la dicotomía genital. Se abandona la genitalidad como marcador primo y es la identidad la que señala el espacio que el sujeto desea habitar. Pero la identidad es compleja y no se construye por voluntad propia…

La construcción de una identidad es el tema que ha ocupado la filmografía de tres directores, cuya obra se desarrolla en este siglo: François Ozon (1967), Xavier Dolan (1989) y Céline Sciamma (1980). En alguna de sus películas se han ocupado en ahondar con precisión en la identidad sexual. En muchas de las películas de François Ozon desconciertan las actitudes de los protagonistas, y lo hacen porque se despojan de sí mismos y/o construyen seres nuevos. Los cambios se producen para nacer otra vez o para crear algo completamente alejado del entorno. En Joven y bonita (2013) aglutinó muchos de los temas presentes en las películas anteriores de Ozon, y señaló un camino novedoso. El relato de la joven Isabelle, cuyo futuro parece escrito por su familia, se frustra cuando su primera relación sexual resulta decepcionante. La afirmación de que el sexo debe ser algo más que un impulso-encuentro, esos fuegos artificiales que no aparecen, la llevan a embarcarse en la búsqueda de una identidad como mujer a través de la prostitución. La prostitución le permite la independencia de su familia y la capacidad de encontrarse y definirse, una vez alejada del círculo exiguo que representaban familia y amistades. Otro paso arriesgado es el que da Ozon en Una nueva amiga (2014) cuando la normatividad se destruye y la familia queda eliminada en el relato de un hombre, David, que inicia un proceso de autoafirmación, transita desde el vestir con ropas de mujer hacia aceptar que los ropajes son mucho más que un envoltorio, y cuya necesidad es la de sentirse veinticuatro horas mujer, como Virginia. Un proceso similar es el que descubre Claire, la amiga de David/Virginia, que se transforma para ir dejando de lado a su marido y la vida que llevaba, para aprender siempre cerca del abismo que sentirse bien es reafirmarse en una identidad encontrada, y que el encuentro con David/Virginia, afirma una identidad, que se ubica en la intimidad.

Los casos de Xavier Dolan y Céline Sciamma son parejos, puesto que toda su filmografía se encamina hacia la creación de una identidad, de forma traumática en las películas de Dolan, no tanto en Sciamma, donde la identidad inicial se esfuma. Desde el primer largometraje de Dolan, Yo maté a mi madre (2009), el protagonista se reconstruye impulsándose desde el afecto hacia su madre hacia el odio a la misma. Pero es en Laurence Anyways (2012) cuando el protagonista necesita explicar a todo el que le rodea que su cuerpo es erróneo, que a pesar de los éxitos en su vida, de su estable relación con su novia, es infeliz porque no se identifica con el cuerpo que vive esos éxitos. Tamaña afirmación sacude los cimientos de su novia, quien se obliga a repensar su papel en la relación con Laurence, sacudida por el pánico y el vértigo: ¿quién soy yo ahora?, ¿tengo que convertirme en hombre?, ¿cómo serán nuestras relaciones sexuales?, ¿cómo somos y cómo nos ven? Tom a la ferme (2013) contribuye a la destrucción de los roles habituales y del espejo de la familia como normatividad, pero es en Mommy (2014) donde el joven Dolan se acerca a las personas que no se comportan como rige la norma, a través de una familia disfuncional. Parece como si Dolan abriera el círculo de sus preocupaciones, y del individuo pasara a la unidad familiar. Pero podría ser solo una ironía, se concilia con la familia porque, después de todo, el círculo más grande, la sociedad, resulta todavía peor.

00xxyCéline Sciamma ha ido creciendo según filmaba. Naissance des Pieuvres (2007) narraba, durante el estío parisino, cómo tres adolescentes de quince años se descubren. Una de ellas está más desarrollada físicamente y busca ese contacto directo con los chicos, sabiéndose atractiva para ellos; las otras dos comienzan a conocer su cuerpo. Y una de ellas comprenderá que le fascinan mucho más ellas que ellos. Tomboy (2011) refleja de forma precisa como un verano y los nuevos amigos son la excusa perfecta para que una niña de diez años se transforme en niño y acceda a esos juegos de chicos, a sentir la plenitud que no le aporta la vida familiar y el rol que ha de desempeñar. Es un futuro transexual, y ese verano se convierte en una primera isla que debiera de hacer comprender a los padres de las especiales necesidades de su hija/o. Si atendiéramos a una continuidad en la filmografía, Girlhood (2014) marcaría la imposibilidad de que la familia acepte la elección. La protagonista, Marieme, busca a lo largo del metraje su identidad y, sin darse cuenta, la va construyendo, tomando decisiones difíciles: cambiar de nombre, vestir de forma diferente, como chicarrón o con elegancia femenina, abandonar la escuela porque no le ofrecen lo que cree que merece, lo que desea, y al final, huir de lo que le queda de lazos familiares. Ella sola ha conseguido tomar las decisiones más apropiadas para gustarse. Nadie la ha ayudado.

¿En la búsqueda de quien somos no estará implícita la soledad? Ozon, el de más edad de los tres, intenta que no sea así, pero Dolan y Sciamma parecen opinar lo contrario.

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