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Qué fue de Rocky Balboa

Escrito por Ernesto Pérez Morán

rocky1El estreno de Creed es una ocasión óptima para regresar, con la perspectiva de los años, a la serie–mítica, icónica y tan rentable como irregular– de Rocky Balboa para valorar un corpus compuesto por cinco entregas, estrenadas entre 1976 y 1990, y Rocky Balboa (2006), que hasta ahora era el cierre crepuscular para un personaje poliédrico.

La totalidad de las películas de Rocky, salvo esta última (Creed), están escritas por el hipervitaminado Sylvester Stallone, que se puso tras la cámara en todas menos en la primera y la quinta, dirigidas por John G. Avildsen, cineasta de acción por antonomasia, hábil y eficaz artesano con pocas ínfulas de autor y mucho oficio, como demuestran las comerciales Karate Kid (1984) o Escuela de rebeldes (1989), con la excepción de un largometraje notable: Salvad al tigre (1973). Creed cuenta en el guion y en la dirección con el joven Ryan Coogler, que hasta ahora sólo había firmado el drama urbano Fruitvale Station (2013). El recorrido autoral mencionado nos hace concluir que ese personaje es un alter ego de Stallone quien, sin embargo, dota a su criatura de una personalidad con varias dimensiones, al contrario de lo que ocurría en otras ocasiones en las que Stallone osó dirigir: suyas son Staying Alive (1983), la actualización de Rambo en el filme John Rambo (2008) y Los mercenarios (2010).

Por un lado, Rocky es un icono, un personaje épico que se enfrenta a sus limitaciones, orígenes y miedos para triunfar, en la mejor tradición neoliberal de la administración Reagan (imperante en un arco temporal similar, de 1981 a 1989). Reflejo de su época, desde la dialéctica entre ricos y pobres de las primeras películas hasta el mensaje antisoviético de la cuarta, Rocky ha sido espejo de los miedos y las filias de Estados Unidos durante los años setenta y ochenta. Por otro, el púgil es un idiota (un dumb, como él se denomina a sí mismo) y la distancia irónica se despliega desde el origen para ir diluyéndose a medida que avanza la serie, recuperándose de forma decidida en Rocky Balboa, cuando él ya es un perdedor que regenta un restaurante y cuenta sus historias a los clientes como reclamo, además de decidir volver al ring con demasiados años. Curiosamente, los finales son muy reveladores a este respecto.

Son aquellas obras que más distancia irónica muestran las que tienen resoluciones menos tópicas, pues Rocky termina con una derrota dulce y Rocky Balboa con otra igualmente realista, con el personaje mostrando su pundonor y tirando de corazón, pero sin enaltecer la victoria. Algo que también hace el hijo de Apollo en Creed, filme que se mueve en un nivel mucho menos hagiográfico quelos otros largometrajes, cuyos cierres son triunfos a cual más inverosímil y extremado, trazando desenlaces épicos y en algunos casos rozando el sadismo.

Por lo que respecta a la relación entre esos finales y las oberturas, cada parte –exceptuando la primera y de nuevo Rocky Balboa comienza rescatando la última secuencia de la película precedente, en una costumbre que se extiende a otras escenas en las que se recuperan imágenes, fotos o momentos de títulos anteriores, abocetando un corpus que se retroalimenta continuamente.

Pero serán las relaciones entre personajes las que delimiten los distintos ejes de una serie más compleja de lo que parece, o al menos con ciertos rasgos aparentemente incompatibles. Ya hemos hablado de que el arco de transformación del personaje central se ve condicionado por la distancia irónica, uno de los elementos más interesantes de estos filmes. Por su parte, la relación sentimental entre Adrian (Talia Shire) y Rocky se desliza por la pendiente del melodrama de sentimientos exaltados, de "te quieros" y azúcar, de música de violines y lágrimas de emoción, dibujando escenas que a veces dan vergüenza ajena. En tercer lugar, la subtrama de amistad y aprendizaje entre Rocky y su entrenador Mickey (Burgess Meredith) rompe con algunos tópicos de estas películas a través de secuencias tan brillantes como aquella de la primera entrega en que Mickey propone a su futuro pupilo entrenarlo y este lo rechaza por no haber confiado antes en él... Pasaje que se cierra con un plano general en el que observamos a los personajes reconciliarse a lo lejos. Una sutileza impropia de este tipo de cintas y que se ve equilibrada por otras figuras que caen decididamente en el cliché: la delegación rusa de la cuarta parte o el demente y pérfido Clubber Lang (Mr. T) de la tercera, personajes habituales en las narraciones mainstream, generalmente maniqueos y exponentes de los miedos del stablishment. La relación entre Rocky y su cuñado Paulie (Burt Young) genera obstáculos a la trama principal, habida cuenta de la torpeza del alcohólico familiar, y va esbozando una complicidad que casi nunca cae en lo lacrimógeno, al contrario de lo que ocurre con la figura de Adrian. Por último, la presencia del hijo de Rocky supone otro elemento melodramático ciertamente olvidable.rocky2

Otro hijo, en este caso el de Apollo Creed, viene a protagonizar el filme que lleva su apellido, la última expresión de una serie interminable y un producto mucho más digno de lo que cabría esperar, hasta el punto de que no creemos un disparate afirmar que es el mejor largometraje después del título inaugural. Y ello por su notable capacidad de entretener en buena lid, porque recupera los elementos más rescatables de sus predecesoras y porque Rocky cede el testigo a otro personaje como púgil motor de la acción: el hijo de Apollo, interpretado por Michael B. Jordan, a quien los amantes de la televisiva The Wire reconocerán con facilidad, y que hace un muy buen trabajo en esta cinta bien rodada, mejor montada y que revitaliza una serie a la que, sospechamos, aún le queda recorrido.

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