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Costa-Gavras. La historia oficial cuestionada

Escrito por Rafael Arias Carrión

costa-gavras1La obra cinematográfica de Costa-Gavras ha tenido una recompensa merecida, el reconocimiento del director como doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid honra a un cineasta que hizo las películas que tenía que hacer, y del que ansiamos alguna película más. Su filmografía, a sus 82 años, se compone de 23 trabajos, 18 de ellos son largometrajes, proyectados durante dicho mes en la Filmoteca Española. La proyección de su obra supone un recorrido imprescindible por las cloacas de la Historia desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Cada una de sus películas abre la puerta a la reflexión, la discusión, el aprendizaje, lo cual es el mayor reconocimiento que puede hacerse a un director de cine. Desde Z (1969)hasta la última, El capital (2012), todas invitan a sentarse en un bar y entablar un sabroso coloquio sobre las múltiples facetas de cada una de ellas.

Su primer largometraje fue Los raíles del crimen (1965) y el segundo, la desconocida Sobra un hombre (1967); fue el tercero, Z, el que le dio un inusitado éxito comercial y reconocimiento crítico, emergiendo de la misma una vía crítica desde la izquierda hacia el imperialismo estadounidense, que generó bastante controversia desde el ala más ortodoxa de la militancia de izquierdas, que prefería un cine no argumental o el cine documental, más que el modelo de thriller político que propuso el director greco-francés. 

En todo caso, Z abrió una senda de películas, escritas unas por Jorge Semprún y otras por Franco Solinas, que tuvieron como eje temático la represión desde los poderes estatales, todas ellas sobre sucesos reales acontecidos pocos años antes. En Z sería la suerte de un político comunista, inspirado en Grigoris Lambrakis, asesinado en 1963; en La confesión (1970), las torturas sufridas por un comunista durante las purgas de 1952 en Checoslovaquia, por parte del establishment soviético, impertérrito ante las protestas sociales; en Estado de sitio (1973) el asesinato de un diplomático estadounidense por los Tupamaros mostraba las directas acciones de Estados Unidos sobre países latinoamericanos, en este caso Uruguay, en el mismo año en que EE.UU. formaba parte del apoyo directo y necesario que tuvo Augusto Pinochet para derrocar al socialista Salvador Allende. Sección especial (1975) indagaba en los mismos términos que las citadas sobre el pasado, en este caso el gobierno de Vichy de la Francia de 1941, pero anunciaba unas inquietudes temáticas y formales que las anteriores no tenían, como la presencia de la justicia togada desde un estado ocupado, a las que hay que añadir un segundo tema que volvería a aparecer, la Segunda Guerra Mundial, que había aparecido transversalmente en Sobra un hombre y reaparecería en La caja de música (1989) y Amén (2002). Del mismo modo, en estas películas aparecen rasgos en la planificación que evitan los bruscos travelines y la tendencia hacia la expansión frente a la introspección.

En 1979 filmó una hermosa historia de amor, Una mujer singular que, como los islotes, al igual que la posterior Le petit apocalypse (1993), se convirtieron, con el paso de los años, en una especie de ovni. Una mujer singular, con la presencia por última vez de Yves Montand en una película de Gavras y con guión del mismo director, permitía la lectura, a través del personaje encarnado por Montand, de un hombre que pareciera agotado y posiblemente desencantado de los anteriores personajes encarnados a las órdenes de Costa-Gavras.

La década de los ochenta tuvo en Desaparecido / Missing (1982) uno de sus hitos. Proseguía la senda de la crítica hacia las directas consecuencias de los regímenes dictatoriales latinoamericanos refrendados por Estados Unidos, en este caso hacia los desaparecidos en Chile, pero en ella había suficientes detalles como para afirmar que indagaba en temas poco frecuentados en el director. Y lo hizo con extrema sencillez al proponer una visión lateral, la de un protagonista, Jack Lemmon, que descubre un rostro de su país inaudito para él. Inicia también la relación intermitente entre Gavras y Estados Unidos, colaboraciones que tuvieron como objeto una excelente película La caja de música (1989) y dos frustradas, El sendero de la traición (1988) y Mad City (1997), con guiones las dos primeras de Joe Eszterhas. La inexistencia de un sistema jurídico, de mecanismos de defensa que apoyen a ese anónimo personaje encarnado por Lemmon en Desaparecido (a pesar de su epílogo frustrado), que había aparecido en Sección especial, se repitió en Hanna K (1983), último guión de Franco Solinas, que reveló desde esa mirada lateral, la inviabilidad de un régimen de justicia en los territorios palestinos devastados por la presión armamentística, el ahogamiento de los bienes básicos para la supervivencia y la constante presencia militar israelí.

La pequeña historia, la de las personas anónimas que recorrieron la filmografía del director en sus últimas tres películas, tuvo un preámbulo en Consejo de familia (1986), donde el robo como oficio permite acomodar socialmente a una familia, lo mismo que sucedía en El capital, donde le increpaban al banquero protagonista: «Sangráis a la gente tres veces: uno, la Bolsa quiere sangre, deslocalizáis y el trabajador se va al paro; dos, lo sangras como cliente; tres, con la deuda en Europa sometéis a los países y se sangra al ciudadano y como el trabajador, el cliente y el ciudadano son el mismo, le jodéis tres veces».

Si bien El sendero de la traición fue recibida fríamente especialmente en Estados Unidos, ciegos para reconocer que en su país existieran amplias organizaciones nazis capaces de alterar la vida política de un estado, el paso de los años hizo extender dicha encrucijada a muchos países de Europa. No podemos olvidar que el germen de la misma iba a desarrollarse en Francia, en unos años en los que el racismo contra los musulmanes apenas se vislumbraba, pero que evidenció un tema importante en La caja de música y Amén, que es la omisión y responsabilidad de la misma. Tema central de las dos películas, desde espacios diferentes: el espacio privado donde se desarrolla La caja de música frente al espacio público de Amén, pero en ambas es la omisión o creencia de lo que las evidencias van retratando, la criminalidad del padre de la protagonista, un antiguo criminal de guerra nazi en la primera, y la indiferencia del estado Vaticano ante la fabricación del gas Ziklon B, utilizado para el genocidio de las cámaras de gas en la segunda.

            elcapitalSus tres últimos largometrajes han planteado una radiografía de la crisis del modelo europeo, donde las reestructuraciones económicas de las empresas hacen que unos se vayan a la calle, como el protagonista de Arcadia (2005), mientras otros, por esa misma razón se lucran -los protagonistas de El capital (2012)- en tanto unos terceros, como el personaje de Edén al Oeste (2009), busca un pequeño hueco en una Europa que utilizaba a los emigrantes como mano de obra barata pero que ahora mismo los rechaza totalmente.

            Costa-Gavras siempre ha sido un cineasta necesario. Pero tengo la sensación de que ahora es un cineasta en vías de extinción. Es un director en el que su ideología progresista, a la que ayudaron, y mucho, sus guionistas y actores habituales en los años setenta, ha sido imprescindible para analizar el pasado reciente de los acontecimientos políticos, un autor cuya filmografía no contiene ni una película que no quisiera hacer.

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