.

Arte y Cine: 120 años de intercambios

Escrito por José Luis Sánchez Noriega

arteycineCon este título la sede de Caixaforum del paseo del Prado madrileño ofrece una sugerente exposición sobre un tema siempre abierto a múltiples exploraciones. El cine como (séptimo) arte, el arte en el cine, las vidas de artistas, las prolongaciones fotográficas que aporta el cine, el ritmo y la captura del movimiento, la influencia del cine en las otras artes, creaciones artísticas inspiradas por el cine o debidas a cineastas. Todo un universo que resulta actual a lo largo de los años, pues se enriquece con nuevas perspectivas cada poco tiempo. Diríamos también que cada vez que se indaga en el binomio arte-cine inevitablemente se plantea la cuestión de la identidad de uno y otro, aunque sólo sea porque el arte ya no fue el mismo tras el nacimiento del cine –que es contemporáneo a las ruptura del postimpresionismo y la génesis de la pintura no figurativa- y éste conoce en sus márgenes tentativas alentadas desde el audiovisual artístico.

              La exposición consta de 349 piezas; se proyectan 56 películas o fragmentos, y una decena de 10 videoproyecciones o videoinstalaciones. Se muestran 203 pinturas, dibujos, grabados y fotografías, y 52 carteles, en una de las aportaciones más interesantes. Se propone un recorrido cronológico iniciado con un prólogo en el XIX, un capítulo para cada cada década entre 1900 y 1980 y un epílogo entre este año y 2010. Este recorrido permite señalar a vuelapluma aquellas aportaciones del cine que más nos permiten pensarlo como arte, aunque en la selección se echen de menos muchas perspectivas. La muestra, comisariada por Dominique Païni, está muy centrada en el cine francés y consta básicamente de obras procedentes de la Cinemateca francesa, el gran proyecto de Henri Langlois que no sólo ha servido de referente para filmotecas y archivos de todo el mundo, sino que que también lo es como museo del cine. Las aportaciones españolas se limitan a la figura de Val del Omar, un libro de Eduardo Arroyo que homenajea a Hitchcock, y obras sueltas de Picasso, Buñuel y Dalí.

Ya desde la primera sala resulta muy interesante constatar cómo ciertas aportaciones históricas dialogan con obras del presente, como la serie fotográfica Cara de ladrillos (2008) de Robin Rhode que se confunde con una cronofotografía del XIX; o cómo las fotos de Jules Marey, simultáneas al nacimiento del cine que capturan el movimiento del humo, están emparentadas con una obra de Juan Uslé de un siglo después. Las primeras décadas de la pasada centuria revelan la influencia del cine como arte en movimiento en artistas plásticos que buscan ritmos visuales que evoquen lo que el lienzo no puede materialmente reproducir; se ejemplifican las influencias en el cine del art nouveau y otros estilos; queda patente la huella del cinematógrafo en movimentos de vanguardia (cubismo, futurismo) hasta su diálogo en pie de igualdad con el expresionismo alemán y las obras singulares del surrealismo debidas a Buñuel, Dali y Cocteau. 

En esta exposición tiene un peso notable el cine de vanguardia de los 20 (Hans Richter, Francis Picabia, Viking Eggeling, Marcel Duchamp, Fernand Léger…), no por conocido menos pertinente para una muestra sobre arte y cine, así como la filmografía de Marcel L’Herbier, René Clair y Jean Epstein de ese decenio. Ha faltado –en esta década y en el conjunto de la exposición- una mayor presencia de la banda sonora, tanto en las películas del cine silente como en las piezas de vanguardia y en el cine posterior. No parece muy coherente esta omisión como tampoco algunos carteles y referencias al cine mayoritario.mareyGodard –y la Nouvelle Vague a la que se dedican las salas de los 60 y 70- ocupa un espacio privilegiado, aunque sus Histoire(s) du cinéma necesitaban mejor tratamiento. La selección de carteles es magnífica, con obras ya conocidas por libros que en su tamaño natural muestran toda su expresividad, como el de Rodchenko para el Cine-ojo de Dziga Vertov, el de Bottlik para La caja de Pandora (G.W. Pabst, 1929), la serie de Guido Augusts sobre películas de Godard, el de Play time (J. Tati, 1967) o el de Raymond Savignac para Lancelot du Lac (R. Bresson, 1974); y varios de Boris Bilinsky de los años veinte y de Andrzej Krajewski con toda la energía contestataria de los sesenta.

            El cinéfilo puede disfrutar de curiosidades como una película en color de 1912, el autorretrato de Asta Nielsen con retales de vestidos, un óleo de Harpo Marx con un inquietante cráneo animal, los dibujos y caricaturas que recrean la figura de Charlot, las ruedas dentadas de la máquina de Tiempos modernos, la caja del ciclista de Un perro andaluz o inquietantes litografías de David Lynch. De mayor enjundia son las obras de arte inspiradas por el cine, tanto como medio o mecanismo como por películas concretas. Entre las obras destacables está el mosaico de títulos de películas Donne-moi tes yeux (2010) de Henri Foucault, la instalación de Ange Leccia Autant en emporte le vent (1979) y la animación –en realidad un libro dibujado- de Nemanja Nikoli? tituladad Panic Book (2015) que puede verse en este sitio https://youtu.be/DQsuuPAEgBE.

            Al final, estas doce décadas de intercambios nos llevan a pensar las artes plásticas desde el cine y a ver en este su materialidad de construcción del movimiento a partir de la descomposición del flujo de imágenes, lo que supone una perspectiva muy distinta: el espectador deja atrás la fascinación de la oscuridad de la sala y del tiempo que no se puede detener para emerger a la luz y a la reflexión de los fotogramas observados y de los mecanismos que hacen posible aquella fascinación. 

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.