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David Lynch regresa a Twin Peaks

Escrito por Rafael Arias Carrión

lynchEn marzo de 1990 se estrenaba en Estados Unidos la primera temporada de Twin Peaks. Constaba de ocho episodios escritos por Mark Frost (quien dirigió el octavo) y David Lynch, quien dirigió el primero y el tercero. La serie causó un gran impacto en un momento en el que la televisión era la hermana pequeña del cine. El hecho de que David Lynch, considerado un director de culto, iba a dirigir una serie alzó las expectativas a límites poco habituales, afirmándose entonces que revolucionaría lo que habían sido hasta entonces las series de televisión. En la cadena que se emitió, la ABC, no se esperaron el impacto que tuvo.

Seis meses después, Telecinco se emitía en España. Hay que matizar muchas cosas para comprender que, para los potenciales espectadores, esos seis meses de antaño no son los seis meses de ahora: no había internet, los periódicos de papel tenían mucha más importancia, la televisión privada acababa de aterrizar en España, la mayoría de los espectadores españoles no conocía el desarrollo de la serie estrenada en Estados Unidos y tenía mucha menos información. En Telecinco, Valerio Lazarov hizo una excepcional campaña de promoción. Cinco días antes del estreno de la serie, en los periódicos apareció una fotografía de una mujer joven y la inquietante frase “Han asesinado a Laura Palmer”. Dos días después, la misma fotografía y el mensaje: “Han asesinado a Laura Palmer. Todos se preguntan por qué”. Un día después: “Han asesinado a Laura Palmer. Solo hay una pista: sabemos dónde ha aparecido su cadáver... Descúbralo usted mañana”. Bajo el eslogan “Si no ve Twin Peaks, mañana no sabrá de qué hablar”, la semilla estaba ya plantada y sólo quedaba esperar a los resultados, que fueron demoledores. El episodio piloto obtuvo un tremendo 50% de audiencia con picos del 62,2% durante su tramo final. José Luis Garci hizo un especial sobre la serie, opinando que no habría asesino; Rappel anunció quién era (erró al afirmar que sería Andy, el noble ayudante del sheriff). Incluso yo soñé que la asesina de Laura era Audrey. También me equivoqué.

No resolver la identidad del asesinato de Laura Palmer en su primera temporada fue un fiasco para muchos espectadores y una broma para otros. Pero, conociendo a Lynch, era lo más natural. Twin Peaks inauguró la inmersión del cineasta en lo surreal y los cenagosos espacios de la alteridad conductual. Fue el inicio de un camino sin retorno, del que ya había señales anteriores: alguna propuesta de Cabeza borradora, algo de Terciopelo azul, y mucho menos de la película que filmaba mientras se desarrollaba la segunda temporada de Twin Peaks, Corazón salvaje.

El éxito de la primera temporada produjo una segunda de veintidós episodios, de los cualestwin-peaks Lynch solo dirigió el primero, el segundo, el séptimo y el último capítulo. Pero el camino de rosas de la primera temporada fue un camino de espinas en su segunda etapa. Mostrar al asesino de Laura Palmer en el séptimo episodio, por presiones de la cadena, hizo desinflarse la serie. Era demasiado tarde para mostrar al asesino y además la serie ya caminaba por otros derroteros, que no eran los previstos por los creadores. La audiencia bajó y hubo un intento de cancelación, pero las presiones de los telespectadores para que Lynch volviera a tomar el control, cosa que sucedió en los últimos siete episodios, hicieron que tuviera un final apropiado.

Si en su segunda temporada se le había ido de las manos, Lynch se vengó de todos con esa frase de Laura a Cooper: “I'll se you again in 25 years” y un episodio final, que se desarrollaba casi en su integridad en la habitación roja, un espacio onírico, que mostraba desafiante como Bob comenzaba a formar parte de Cooper. Su siguiente película fue la vapuleada por la crítica Twin Peaks: Fuego, camina conmigo, precuela de la serie, que resultó ser en lo narrativo insulsa. Pero eso no es lo que le importaba a Lynch. Twin Peaks: Fuego, camina conmigo resulta estimulante y necesaria para comprender el resto de largometrajes del director. Fue el inicio para que las ataduras de Lynch con el espacio racional fueran completamente dinamitadas en Carretera perdida, obra maestra en la que la razón no puede ser la protagonista, película donde la alteridad campa a sus anchas, donde Lynch juega con los sonidos de forma asombrosa, haciendo partícipe de los mismos en detrimento de los diálogos. Una historia verdadera fue un capricho de su montadora Mary Sweeney, un relato lineal, alejado de lo anterior, no por ello menos excepcional. Mulholland Drive fue otro golpe sobre el tablero cinematográfico. Fue una serie, en principio, que se truncó en su episodio piloto y tuvo que finalizar para convertirla en largometraje de inmersión onírica, como el que hasta ahora es su último largometraje, la para muchos incomprensible Inland empire. En ambas solo hay que estar atento a lo que denomino puntos de fuga: frases que, una vez dichas por algunos de los personajes, producen un salto narrativo hacia adelante, como si fueran “agujeros de gusano”, con el inicio de un nuevo camino, que se bifurcará o se contraerá en el siguiente punto de fuga.

Desde entonces, apenas un grupo de spots y cortometrajes. Anunciada su idea de abandonar el largometraje como uso de expresión, señalado por las dificultades de producir y exhibir, a Lynch se le ofreció en 2014 la posibilidad de retomar Twin Peaks, a partir de la citada frase de Laura Palmer. Desde ese momento se puso manos a la obra. Ha podido filmar todos los episodios, gracias a la complicidad de los actores, no así de Showtime, la productora. Lo visto hasta el momento me parece la rúbrica final a la obra de Lynch, con cierto sabor a despedida: presencia de muchos actores de sus películas, que no salían en las dos primeras temporadas de la serie, muchas referencias a las mismas, y una trama casi inexistente. Todo ambiente. Espectacular para quienes buscan la diferencia.

Las dos primeras temporadas de Twin Peaks ofrecían el espacio del pequeño condado del que se nutrirían series como Fargo o True Detective. La tercera temporada nada en espacios múltiples, entre ellos un Twin Peaks al que parece no querer adentrarse el director. El cuarto de siglo que abarca la serie nos ofrece a un David Lynch que ha ido afianzando su ruptura con la linealidad, su inmersión en submundos y subtramas alejadas de la lógica aristotélica y nos ha ofrecido una carrera singular, de las que se ama o se odia. Twin Peaks (2017) ofrece su versión más depurada de lo que ha sido su carrera, una película de casi dieciocho horas. Ahora Lynch vive muy cómodo en la habitación roja. Hacia allí iremos...

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