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Akira Kurosawa: entre la vida y la muerte, un aura de tragedia

Escrito por J.L.Martínez Montalbán

kurosawa 2Se cumple este año el centenario del nacimiento de Akira Kurosawa, el primer director del cine japonés que traspasó las fronteras de su país, para adquirir fama internacional. Nacido en Tokio, el 23 de marzo de 1910, inicia unos estudios en una escuela de artes plásticas, pero que tiene que abandonar por razones económicas, para dedicarse a dibujar carteles y a realizar ilustraciones.

En 1936 ingresa en una productora cinematográfica como ayudante de dirección de Kajiro Yamamoto, un veterano realizador, con el que colaborará en varios guiones y con quien codirige, en 1941, su primera película, El caballo. Dos años después Kurosawa realiza su opera prima, La leyenda del gran judo, con la que obtiene un gran éxito popular. A partir de entonces las sucesivas películas que va realizando alcanzan diversos galardones y buenas recaudaciones en taquilla, con títulos tales como No añoro mi juventud (1946) o El ángel ebrio (1948), que son proclamadas como mejores filmes del cine nipón, en los respectivos años.
 
En 1950 realiza Rashomon, con la que recibe el León de Oro de Venecia de 1951, el premio más importante que, hasta ese momento, había conseguido el cine japonés. A partir de entonces la carrera cinematográfica de Kurosawa se desarrolla con una serie de títulos que alcanzan la máxima categoría artística. De esas películas se pueden destacar Vivir (1952), Los siete samurais (1954), Trono de sangre (1957), Los bajos fondos (1957), La fortaleza escondida (1958), Yojimbo (1961), Barbarroja (1965), Dodeskaden (1970), Dersu Uzala (1975), Kagemusha (1980), Ran (1985), etc. Después de una carrera cinematográfica de 52 años, en los que realiza 31 películas, fallece el 6 de septiembre de 1998, en Tokio, de un ataque de apoplejía.
 
Kurosawa tuvo de aguantar, toda su vida, el calificativo de que era el más occidental de los directores japoneses, como si se quisiese contraponer su cine al de los otros maestros cinematográficos de su país, Kenji Mizoguchi o Yasujiro Ozu. Quizá este apelativo sea debido a varias razones, asociadas al cine occidental, como su afición por el cine de género, bien de samurais, el thriller, el cine histórico, etc.; o a su afición a las adaptaciones literarias, de obras de William Shakespeare, Fiódor M. Dostoievski o Máximo Gorki; o a su gusto por el cine épico y espectacular. Por otro lado es de justicia proclamar la gran influencia que sus películas han tenido en el cine occidental, sobre todo en el norteamericano. Así, a modo de ejemplo, se pueden citar algunos casos, como los producidos en la estela de Rashomon, con su intento de reconstruir la verdad de unos hechos a partir de las verdades parciales aportadas por los testigos de dichos hechos, en donde se encuentran, Las girls (George Cukor, 1957) o Cuatro confesiones (Martin Ritt, 1964); o tras la peripecia aventurera de Los siete samurais, donde están Los siete magníficos (John Sturges, 1960) y todas sus secuelas; o en la línea marcada por Yojimbo, argumental y estéticamente, donde se coloca Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964) y gran parte del spaghetti western; o los personajes y las situaciones de La fortaleza escondida que encontraremos en La guerra de las galaxias (George Lucas, 1976).
 
kurosawa 3Como todos los grandes artistas que en la historia han sido, Akira Kurosawa se preocupa por el hombre, por sus filias y sus fobias, por su fortaleza y su debilidad, por sus deseos de ambición y poder, al lado de su lucha por la dignidad y la libertad, aspectos que jalonan toda su obra, encuadrados en los dos grandes temas del devenir humano, como son la vida y la muerte. Todo ello ha conferido al cine de Kurosawa de un aura de tragedia, que quizá explique su gran afinidad con las obras de Shakespeare. Así Trono de sangre y Ran, adaptación cinematográfica de Macbeth y El rey Lear, respectivamente, son una recreación del espantoso caos espiritual en que se puede convertir la vida, transformada por la desmedida ambición de los hombres. Y si en el primero de estos filmes nos aterroriza la figura de Asaji, la esposa de Washizu, el señor del Castillo de la Tela de Araña, cuando la vemos lavarse las manos, una y otra vez, para eliminar la sangre que las mancha, en el segundo de ellos nos quedamos fascinados por el galopar de los guerreros en las batallas, con su sinfonía de colores, de ritmos y de sonidos. En definitiva, la vida y la muerte están presentes en casi toda la filmografía de Kurosawa. En general de forma directa, a veces casi brutal, como en Vivir, Barbarroja o Kagemusha, y en otras de forma más sutil, como en Duelo silencioso, Yojimbo o Los canallas duermen en paz.
 
Una parte importante de su puesta en escena reside en la importancia que da a los escenarios donde transcurren sus historias. La mayor relevancia la adquieren cuando son exteriores naturales, como bosques, montañas o llanuras, sobre los que se abaten extremados agentes meteorológicos, como la lluvia, la niebla o el calor. Ejemplos de ello los encontramos en casi todos sus filmes, pudiendo citar al respecto a Rashomon, Ran o Trono de sangre. Quizá el más destacado en ese sentido sea Dersu Uzala, una de las cumbres de su realizador, que se transforma en un apasionado canto a la comunión entre la naturaleza y el hombre.
 
La formación pictórica de Kurosawa se manifiesta, constantemente, en la composición plástica de sus películas. En su cine en blanco y negro destaca el uso que le da a la gama de grises, que matiza con gran sentido visual, para que sirva de adecuado soporte a la dramaturgia de la historia que está contando. Por poner un solo ejemplo de esta acertada utilización de la fotografía, para la consecución de un clima adecuado, sirva Trono de sangre. Pero es en su cine en color donde mejor se pone de manifiesto su formación como pintor. El ejemplo de Ran es significativo, con su juego de los colores de los quimonos de los tres hijos del protagonista, que serán los mismos que llevarán las tropas en las escenas de las batallas.
 
La batalla central de Ran puede servir como ejemplo del cine de Kurosawa. En esa larga secuencia, en la que destacan los vigorosos movimientos de masas, alternados con planos de detalle de los cuerpos asaeteados de los soldados y destrozados por la lucha, la banda sonora rehuye el realismo y solo se escucha una triste melodía, que nos muestra, con un dramatismo inusitado, el espanto de la guerra, la locura del ser humano, la incapacidad de los hombres para redimirse, el recurso a la violencia. Y todo ello mostrado por unas imágenes en donde está presente la grandiosidad, la tragedia o lo íntimo, y en donde se pueden apreciar las grandes virtudes del cine del maestro nipón, como son la puesta en escena, el montaje o los actores.

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