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Irak 2010, escenario cinematográfico

Escrito por Rafael Arias Carrión

batalla de hadizaDurante el primer semestre de este año se han estrenado en la cartelera española cinco películas estadounidenses cuyo telón de fondo son los conflictos armados desarrollados en Afganistán e Irak, después de su invasión por Estados Unidos, como respuesta a los atentados del 11-S. Las películas son En tierra hostil, Brothers, Querido John, Los hombres que miraban fijamente a las cabras y Green Zone.

La cruenta invasión del territorio afgano –que comenzó en octubre de 2001 y eliminó del poder al régimen talibán, pero no finalizó un conflicto que todavía sigue– y, especialmente, la invasión iraquí –iniciada en marzo de 2003, a partir de las acusaciones de posesión de armas de destrucción masiva–, han producido una sustanciosa filmografía, gracias a las facilidades técnicas que ha supuesto la irrupción de las cámaras digitales, permitiendo que cualquiera pudiera grabar su película.
 
Señalaba con intuición y acierto Miguel Ángel Huerta que “ahora resta por ver si la industria de Hollywood se presta en un futuro inmediato a la elaboración de relatos creados desde la pura especulación ficticia para, como ha ocurrido con otros episodios de la historia estadounidense, mitificar o desmitificar sus causas y consecuencias” (Cine para leer, julio-diciembre 2006). Se puede afirmar que, en 2010, Irak –como telón de fondo dramático– se ha convertido en un perfecto escenario para el drama, para la ficción. Parece ser que ya ha pasado el tiempo de la denuncia.
Hasta ahora, la guerra cinematográfica y de protesta por excelencia había sido la guerra de Vietnam. Casi todas las películas nacieron años después de la finalización del conflicto y, sin duda, son muchas menos que las que han retratado la segunda guerra del Golfo. De ésta, hemos visto desde múltiples perspectivas los preámbulos y también sus consecuencias inmediatas. Incluso hay películas rodadas casi al mismo tiempo que se desarrollaba la invasión. Ha sido, sin duda, la guerra retransmitida en directo, pero sobresaliendo las líneas del guión dictado por la Casa Blanca. Las minúsculas cámaras, la posibilidad de volcar las filmaciones en la red y permitir que sean los internautas quienes las distribuyan, hablen de ellas y, en definitiva, las den a conocer, ha posibilitado una inmediatez (contra)informativa impensable en anteriores conflictos bélicos.
Es necesaria una primera aproximación taxonómica que permita englobarlas, siendo conscientes de que este acercamiento es sólo un embrión:
 
1) Películas sobre los preámbulos de la guerra, lapso de tiempo que podríamos ubicar entre la invasión de Afganistán y la de Irak, dejando de lado las películas sobre la investigación de los atentados del 11-S. En este apartado figurarían, entre muchas otras, No End in Sight, Taxi to the Dark Side, Why We Fight, que revelan los errores de la administración Bush en su investigación por encontrar algún motivo cierto para invadir Irak.
 
2) Películas sobre la guerra en Irak. En este grupo hay obras que muestran la guerra, casi en directo: Eyewitness in Iraq, documental con imágenes de primera mano tomadas por los fotógrafos que contemplaron los hechos ocurridos durante la guerra de Irak, o Iraq, el valle de los lobos, que relata desde el punto de vista iraquí las matanzas producidas por los estadounidenses serán dos ejemplos; películas donde los soldados son protagonistas en territorio iraquí: The War Tapes, Redacted, The Mark Of Cain; las torturas: las de Abu Ghraib aparecen retratadas en Standard Operating Procedure, mientras las de Guantánamo son el tema de Camino a Guántanamo y el secuestro y ejecución del periodista David Pearl, se narra en Un corazón invencible.
 
3) Películas sobre la inmediata posguerra, que se inicia cuando George Bush Jr, declaró apresuradamente el fin de las contiendas en Irak el 1 de mayo de 2003. Varias se centran en el retorno a casa de los soldados: The Four Horsemen, Regreso al Infierno, En el valle de Elah, Ausente. Stop-Loss o la japonesa Bashing, que aborda el regreso a casa de una cooperante; un buen ejemplo de la situación en Irak después del final de la contienda se describe en Iraq in Fragments, viaje al país para mostrar la vida cotidiana de sus habitantes, o Iraq For Sale: The War Profiteers, que se introduce en las vidas de los soldados, trabajadores, viudas y niños, que han sufrido un cambio permanente como resultado del lucro obtenido por las corporaciones privadas en la reconstrucción de Irak, mientras la persistente situación bélica después de la finalización oficial se desarrolla en La batalla de Hadiza, relato de la masacre perpetrada por los soldados estadounidenses el 19 de noviembre de 2005, cuando fueron asesinadas veinticuatro personas.
 
Lo que me hace fijarme en las cinco películas citadas al principio de este artículo es que ninguna tiene como objetivo recrear un paisaje cercano y fidedigno de sucesos y consecuencias del conflicto. Todas ellas dan un paso diferente al deshabilitar ese vínculo entre la trama y el espacio en que se desarrolla. La primera de ellas, En tierra hostil, narra el intenso día a día de un comando especializado en la desactivación de explosivos en Irak. El país y sus circunstancias son el continente pero no el contenido. En tierra hostil no busca nada más que utilizar un espacio reconocido por el público para mostrar el laborioso trabajo de unos desactivadores de bombas. La directora no se molesta en mostrar al otro, al iraquí. Simplemente, no lo necesita.
 
Tanto Brothers, remake de una película de igual título dirigida por la danesa Susanne Bier, como Querido John son melodramas. En ésta, Afganistán es el escenario, teniendo cierta importancia en la primera. Brothers sería el último melodrama que retrata al atormentado soldado que vuelve de la guerra después de ser dado por muerto, cuando, en realidad, está prisionero de un grupo guerrillero. Se dedica con simple efectividad a mostrar las dificultades y, a la postre, la imposibilidad de adaptación del traumatizado soldado a la vida civil, mostrando su cara opuesta a través de un personaje secundario, el del hermano del protagonista, que no ha ido a combatir, y es capaz de rehacer una vida disoluta. Querido John sería el primer melodrama en donde, definitivamente, la guerra no deja marcas. El soldado protagonista es un soldado íntegro, enamorado de una chica bien y mostrado como lo opuesto de los jóvenes que acompañan a su amada. La guerra, Afganistán primero, quizá después Irak, son solo escenarios que no marcan emocionalmente a su protagonista ni a los que le rodean.
 
En Los hombres que miraban fijamente a las cabras aparece la comedia levemente comprometida, cuyo espejo es, otra vez, Irak. La historia, probablemente real, y con resonancias de dramas como El mensajero del miedo, tiene por protagonista a un periodista al que un agente especial de las fuerzas armadas estadounidenses, le revela la existencia de un programa militar en el que un grupo de militares, gracias a sus poderes psíquicos, pueden leer los pensamientos del enemigo, atravesar paredes e incluso matar a una cabra simplemente mirándola fijamente. Irak, la guerra fría, o cualquier otra guerra pudieran ser el escenario.
 
green-zone-2Por último, Green Zone: Distrito protegido, es la más interesante para este análisis. Dirigida por Paul Greengrass, director de dos de las películas de la trilogía de Bourne y de United 93, se desarrolla en 2003, en pleno proceso de investigación para comprobar si existían armas de destrucción masiva. Un subteniente del ejército estadounidense, encarnado por el liberal Matt Damon, y su equipo de inspectores acaban descubriendo capas sucesivas de mentiras sobre la existencia de dichas armas. Hasta ahora, la sospecha sobre dichas mentiras se mostraba a través de personajes indirectamente implicados, casi siempre investigadores, o a través de películas de protesta que discurrían con posterioridad a la finalización oficial del conflicto. En Green Zone el mensaje es que, en 2003 y no después, ya había personas ejemplares dentro del ejército que trataron de hacer saber al mundo que la invasión de Irak bajo los argumentos conocidos no era más que una burda sarta de mentiras. Los hechos que relata son, hoy día, sobradamente conocidos, por ello no hay nada de crítica en la película. Green Zone puede plantear una pequeña historia que muestra una pequeña parte de verdad, pero lo que no se puede hacer de ella es extrapolar esa pequeña historia para hacer olvidar que la invasión existió, que produjo miles de muertos civiles y que no se puede con ello culpar solo a los gobernantes y exculpar a muchas personas, soldados entre ellos. No resulta arbitrario que la película de Paul Greengrass minimice la crítica, puesto que lo que busca es pasar página y, como el presidente Obama, tratar de desmantelar el daño infligido sin buscar soluciones, ni tampoco responsables, más bien al contrario, convocar un perdón público cargado de hipocresía.

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