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Festival de San Sebastián ¿final de etapa?

Escrito por AAPG
beautiful boyHa terminado una de las ediciones más flojas que recuerdo del festival de cine de San Sebastián. Me refiero a la calidad de las películas de la sección oficial y de las paralelas. También el glamour ha sido flor de un solo día, aquel en el que Julia Roberts recogió en persona el premio Donostia.

Esta edición es la décima y última que dirige Mikel Olaciregui. Su gestión ha sido muy buena en cuanto a la organización del evento, que se ha beneficiado de las instalaciones del complejo Kursaal. También la introducción de las nuevas tecnologías ha sido rápida y ha facilitado enormemente el trabajo de informadores y asistentes.

 Pero a la crisis general del cine, especialmente profunda en el terreno creativo, y a la situación económica mundial se ha sumado el agotamiento de una fórmula que acuñó Diego Galán y que se ha ido quedando obsoleta. Ante la imposibilidad de competir con Venecia, prácticamente en las mismas fechas de septiembre, y con la erosión de los festivales canadienses (antes Montreal, ahora Toronto) también muy próximos en el calendario, se optó por potenciar una sección paralela, Zabaltegui, en la que se proyectaban, por una parte, primeros films de nuevos realizadores (hasta el tercero incluidos) con galardón en metálico y, por otra, películas de directores consagrados o que habían obtenido premio o notoriedad en los festivales de Berlín, Cannes e incluso Venecia. En Zabaltegui se conjugaba muy bien lo seguro con lo incierto, siempre abiertos a que saltara una grata sorpresa. La sección oficial, en cambio, muy mermada por esa cercanía de los festivales mencionados, ha ido año tras año, con alguna salvedad, yéndose para abajo.
 
En esta edición se ha tocado fondo. Como hay que apoyar a lo propio (si no, se enfada el Sr. Ignasi Guardans)… había hasta cinco películas españolas (tres catalanas, una vasca y otra fuera de concurso) dentro de una programación de dieciocho films (tres de ellos no concursaban). Además en el lote se incluyó un culebrón histórico portugués (un serial televisivo condensado en cuatro horas y veinte minutos), un largísimo film gore surcoreano, truculento y del todo punto inverosímil, un documental japonés sobre las ventajas del parto natural (de calidad ínfima, tanto de imagen como de estructura), un film mejicano a mayor gloria de los aniversarios de su país (primer centenario de la revolución y segundo de la independencia), un largo marroquí (La mezquita) que no daba ni para un corto, y dos o tres restos de serie…
 
Sencillamente, una sección oficial poco presentable donde realmente destacaron Pan negro, el film de Villaronga, merecedor de más galardones que el único a la actriz Nora Navas y, también el noruego, A casa por Navidad (Home for Christmas, Bent Hamer). La película ganadora, Neds de Peter Mullan, como casi todas las películas que éste ha escrito para Ken Loach, está cargada de las mejores intenciones pero, tras una primera mitad muy coherente y bien llevada, se empantana y desbarra en la segunda metiéndose por unos derroteros poco creíbles y peor contados. Algo de lo mismo le ocurre a Elisa K, dirigida por el tándem Judith Colell y Jordi Cadena que narra una única historia en dos partes y estilos, aunque con idéntico propósito: denunciar el abuso sexual a menores. También aquí es mejor la idea que los resultados.
pan negro
Floja también la sección Zabaltegui con muy pocas perlas y mucho material del montón. Destacamos Beautiful Boy (USA, Shawn Ku), un duro y medido drama sobre los padres de un asesino de campus universitario, una historia situada en la pre-guerra de los Balcanes (Cirkus Columbia) que cuenta el bosnio Danis Tanovic, la polaca Bautismo (Chrzest, Marcin Wrona) sobre el mundo del hampa que se extiende por los antiguos países de la Europa comunista y, finalmente, Principii de viata (Valores, Constante Popescu), un film rumano vital y costumbrista.
 
Floja también las películas hispanoamericanas de la sección Horizontes latinos, muchas participadas en su producción por España y otros países europeos. La retrospectiva de Donald Siegel, con ser interesante, no fue ni todo lo completa ni atractiva que otros homenajes, pues sus películas se pueden ver con frecuencia en los canales televisivos.
 
Preocupa la herencia que le queda al nuevo director José Luis Rebordinos. Habrá que acuñar una nueva fórmula, respetando las condiciones que impone la FIAPF para los festivales de 1.ª A, porque el mundo del cine y la sociedad han cambiado mucho. Es maravilloso comprobar, por ejemplo, cómo la asistencia a las proyecciones por parte del público local y foráneo sigue creciendo en número año tras año cuando los espectadores desertan de las salas en las ciudades. Tal vez esta especie de maratón que supone el visionado de varios films cada día sea lo que atrae a la gente en su mayoría joven que pasa por taquilla. Dudo que las secciones dedicadas a las escuelas de cine, al cine en construcción (proyectos) o en movimiento (en rodaje) sirvan de mucho en un festival como el donostiarra. Dar con esa fórmula que revitalice el Festival no va a resultar, no, tarea fácil, pero la fortuna sonríe a los audaces.

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