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Valladolid, verano de cine

Escrito por Sergio F. Pinilla
seminci2Dos acontecimientos cinematográficos sitúan cada año Valladolid en el epicentro del sismo cinematográfico en nuestro país. El primero es la Semana Internacional de Cine. El otro, silente para el gran público, pero igualmente constante, es el Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid, que se imparte durante el mes de agosto, y que se encuentra ya en su cuadragésima segunda edición.
 
La enseñanza de este curso, que en los últimos años ha simultaneado su titulación con la de Máster, no tiene fines profesionales, sino culturales, y está orientado especialmente a la formación de investigadores, críticos, y educadores en materia cinematográfica, pero también a todos aquellos aficionados interesados por el cine en general. Está adscrito a la Cátedra de Hª y Estética de la Cinematografía de la Universidad de Valladolid, creada en 1962 como la segunda de su género en Europa, y dirigida en la actualidad por el profesor Francisco Javier de la Plaza Santiago. Son casi treinta días de seminarios, ciclos, y conferencias impartidas por algunos de los más destacados especialistas en Teoría Cinematográfica que hay en España. Este año con monografías tan apremiantes como la del Neorrealismo italiano (y el postrero en España), las “cinematografías asiáticas emergentes”, o la dedicada a John Huston y el cine de aventuras, a cargo de Carlos F. Heredero y Antonio Santamarina.
 
Desde un punto de vista formativo, su validez (se completa en tres años) es incuestionable. Sigue siendo el curso con más solera de los que se distribuyen por la geografía española (el verano es una época propicia para estos eventos, que proliferan como champiñones para algarabía del star- system crítico, que “rellena” su agosto repartiendo magisterio en interminable tournée), y el de más fácil acceso (no supone un gran desembolso económico para los alumnos, que tienen además una residencia universitaria a su disposición)
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Sin embargo corre el riesgo, como gran parte de las iniciativas culturales que se producen en esta Comunidad Autónoma, de perpetuar vicios adquiridos, y de no afrontar los nuevos desafíos. Entre los primeros, el estancarse en un proyecto autosuficiente que de la espalda a la industria que lo alimenta, también la insuficiente articulación de un debate histórico y plural entre los diversos modelos críticos que se dan en España, y la ausencia de una estructura orgánica (no sólo a nivel institucional) que permita la interacción con otros acontecimientos culturales del entorno (Antolín Santiago Juárez, fundador de la Seminci (en origen Semana Internacional de Cine Religioso y de Valores Humanos), decía que había que incorporar los universitarios al cine, y el cine a la Universidad- y esto, en la práctica, se está perdiendo). Respecto a los desafíos creo que ha de incentivarse la investigación prospectiva (no sólo hacia atrás) del fenómeno cinematográfico y de sus múltiples variantes, lo que se ha ido paliando durante estos años con la incorporación de algunos estudiosos (“digámoslo así”) de última generación.
 
Desde las páginas de Cine para leer, expresamos el deseo de que este curso, decano y ejemplar, pueda sobreponerse a los tiempos que corren, y siga constituyéndose en punto de referencia para todos aquellos que quieran conocer en profundidad las claves, figuras, y los distintos modelos de aproximación al Séptimo Arte.

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