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El potencial cinematográfico de los directores turco-alemanes

Escrito por Manuel Alcalá

La sorpresa se dio en la 54ª edición de la Berlinale (2004). El jurado del festival otorgó su Oso de Oro a Contra la pared, película del director Fatih Akim. La ovación fue de gala, no sólo por la calidad de la obra. Aunque su autor nació en Hamburgo (1973) es hijo de inmigrantes otomanos, tiene doble nacionalidad y aborda en su película los serios problemas interculturales de la inmigración, sobre todo femenina, presentándolos al público internacional en Berlín, la capital prusiana, símbolo del liberalismo occidental que cuenta con la colonia emigrante de turcos más numerosa del mundo.

Akim se había formado en la escuela de cine de la ciudad hanseática y ganado el Premio Murnau al cortometraje alemán, por su comedia Getürkt (Timo a la turca) (1997). El primer premio de la Berlinale lo consagraría de hecho como director puntero de una nueva generación de jóvenes compatriotas y directores de cine ya con doble nacionalidad. La historia realizaba en Alemania la cosmovisión antípoda del racismo nacionalsocialista. Aquel Oso de Oro no sería único. Años después, la 60ª edición de la Berlinale (2010), otorgaba de nuevo su máximo galardón a Miel, una deliciosa película coproducida por turcos y alemanes. Su director Semih Kaplanoglu, natural de Esmirna (1963) formado en la universidad local completaba su fina trilogía sobre la vida en Anatolia iniciada anteriormente con Huevo (2007) y Leche (2009) productos básicos de la alimentación rural en aquella región.

Finalmente en la reciente 61ª Berlinale de este año se presentó y fue ovacionada con calor la comedia Almanya. Bienvenidos a Alemania. Su autora es Yasemin Sandereli, nacida en Dortmund (1973), también hija de un matrimonio turco inmigrante, llegada al cine, tras formación específica en Munich. La obra, cuyo guión está elaborado en colaboración con su hermana Nesrim no subraya situaciones trágicas ni problemas culturales. Los presenta simplemente con talante de humor, intentando superar ambigüedades de una migración estabilizada, donde los niños ya no saben a punto fijo si son turcos o alemanes, como reflejo tal vez de una patria a caballo entre Europa y Asia. Los premios aludidos son también bifrontes porque los consiguen directores nacidos en Turquía o en Alemania sobre temas actualmente comunes.

Por otra parte, en los últimos años ha crecido notablemente la oferta cinematográfica en la esfera educativa turca. De la cincuentena de sus universidades hay una docena que tienen cursos de cine y medios de comunicación. Así Estambul (3), Ankara, Esmirna, Bilkent, Ege, Hacettepe, Isparta, Anatolia, Mimar, Tufts y alguna otra más. Turquía, pues, se encuentra en un periodo de recuperación cinematográfica, no tanto como ocurrió ya en la década de los años 60 del pasado siglo. Entonces el país llegó a ser la quinta potencia cinematográfica del mundo con una producción de 500 largometrajes anuales. En décadas siguientes se produjo un bajón, provocado por factores sociopolíticos como el golpe militar y la emigración. En los años 80 sobrevino otra depresión causada por la expansión televisiva. Con todo, a partir del cambio de siglo se produce una recuperación notable, no tanto numérica cuanto cualitativa. No sólo se llega a la cincuentena de largometrajes anuales, sino que el cine nacional alcanza cuotas de pantalla del 50%, algo que jamás había ocurrido hasta ahora. El cine turco interesa al ciudadano turco en casi todos los géneros que produce hoy día.

Esto se ha conseguido por una colaboración entre el arte y la industria y entre los productores y realizadores. Hace algún tiempo tal colaboración mutua era difícil pero finalmente se ha impuesto el buen sentido. No hay que olvidar que el cine es un espectáculo muy popular para un país con setenta y pico millones de habitantes y que cuenta con enormes aglomeraciones ciudadanas como Estambul (14,5 millones), Ankara (4,8), Esmirna (3), Adana (1,1) y Konya (1,1) y otras once ciudades con más de medio millón. El número de locales de cine es enorme y el precio de las entradas relativamente barato. Esto explica que el número de compañías productoras sea de unas 150 y el de empresas distribuidoras llegue casi a 50. De otra parte son también abundantes las cadenas de TV y llegan a 15 las empresas dedicadas al alquiler del utillaje cinematográfico.

Gran importancia en la recuperación del cine turco han tenido los festivales de cine. Su reparto en el territorio nacional es irregular. En conjunto son una veintena de acontecimientos culturales toda índole, concentrados generalmente en las grandes urbes o en las ciudades de especial atracción turística. Los hay más generales y competitivos como varios de Estambul, Ankara y Esmirna. Otros son monográficos, como el infantil de Ordu y Kars; el femenino itinerante de Estambul, Antalya, Mardin, Trebisonda o el también femenino de Ankara. Los hay también de cortometrajes (Estambul) y documentales (Estambul). Otro festival estudiantil tiene lugar en Adana, ciudad turística de la costa mediterránea. El más antiguo es el de Antalya que acaba de celebrar su 48ª edición.

El mayor grupo de realizadores de cine, turcos y emigrantes en su primera, segunda y pronto tercera generación, reside actualmente en Alemania. Por lo general se han instalado en grandes ciudades: Berlín, Colonia, Frankfurt/M. Su convivencia con la población autóctona es, por lo general pacífica, después de etapas más inquietas y conflictivas. Se calcula que los más conocidos de tales realizadores son unos veinte y cinco. La mayoría de ellos ha realizado estudios específicos de cine, TV o de otras disciplinas universitarias, en su primera o en su segunda patria. Algunos de ellos se han occidentalizado culturalmente y han formado familias mixtas de cónyuges alemanes o turcos. Otros en cambio mantienen celosamente su cultura tradicional, especialmente en lo que toca a la familia y a su influjo musulmán. La relación intercultural ha pasado por varias etapas pero actualmente se halla en una fase de convivencia pacífica, al menos aparentemente.

Es sumamente difícil pronosticar cómo se van a desarrollar tales relaciones en el futuro. En la actualidad y desde el punto de vista exclusivamente cinematográfico, puede decirse que Alemania vive ahora en el ámbito de su influencia cultural y artística, a través de la creación cinematográfica los enriquecimientos de una importante cultura de gran potencia estética y enormes dinamismos entre otros, el demográfico, cuya trascendencia no es fácilmente predecible.

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