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Enrique González Macho, un defensor del cine español

Escrito por Fernando López Bejarano

En cierta ocasión, mientras esperaba en la fila de los madrileños Cines Renoir Cuatro Caminos, escuché (primero involuntariamente, después tengo que reconocer que presté más atención) un diálogo que más o menos se resume así:

-¿Qué es ese libro que llevas?- preguntaba el más joven de las dos personas que me antecedían, mientras señalaba con la mano derecha el volumen que el de aspecto más maduro sujetaba con el brazo pegado al costado.

-Es "Cine para leer", una recopilación de críticas de todas las películas que se estrenan en España-, le contestó el más veterano, del cual conviene aclarar que no respondía al arquetipo de pedante-cinéfilo-gafapasta.
-Así, que "Cine para leer". Ya entiendo por qué me traes a ver una película con subtítulos.

Seguramente Enrique González Macho, el nuevo presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, no necesita leer los subtítulos de las películas en francés que distribuye y proyecta en sus salas. Su pasión por el cine en versión original comenzó en los viajes que hacía a París en la década de los sesenta del siglo pasado, con una especie de agencia turística para universitarios que montó con unos compañeros tras acabar los estudios en el prestigioso Liceo Francés de Madrid. Esa fue su primera experiencia como empresario, con la que demostró una perceptible astucia para saber qué podían necesitar ciertos sectores sociales. Ese mismo sensible olfato que años después, cuando ya llevaba un tiempo trabajando como técnico y posterior jefe de producción en multitud de películas (El corazón del bosque y Las truchas, entre otras), le llevó a comprar la distribuidora Alta Films, que por aquel entonces únicamente dedicada a la versión original con subtítulos en español y gracias a la cual los aficionados más inquietos pudieron ver películas inimaginables en el tardofranquismo, entre las que figuraron un destacado paquete de cine de la entonces Unión Soviética. Esta vinculación con la extinta URSS supuso años después otro acontecimiento importante en su trayectoria de empresario cinematográfico: en 1990 lanzó una iniciativa, que contó con el apoyo de lo más granado del cine español y del Ministerio de Cultura, para alquilar una sala de cine en el centro de Moscú destinada a la exhibición de las películas españolas más importantes del momento; en el cine Judogestveni (a 800 metros del Kremlin y en que en 1926 se estrenó El acorazado Potemkin) se proyectaron títulos como Las cartas de Alou, Átame, La vaquilla, El bosque animado, Remando al viento, Espérame en el cielo, Las cosas del querer, Padre nuestro, El Lute o Boom, Boom, entre otros.

El presidente de Alta Films, una empresa de distribución, exhibición y producción que a lo largo de más de treinta años se ha caracterizado por la apuesta por el cine español, y por el cine (universal) de autor, mediante el uso inteligente de toda la cadena de explotación cinematográfica, se ha granjeado, en su triple condición, una reputación de amante del cine de calidad, lo que le llevó a obtener, en 1998, el Premio Nacional de Cinematografía que anualmente concede el Ministerio de Cultura; además es Caballero de las Artes y las Letras de Francia en reconocimiento a su apoyo a la cinematografía europea. Conviene reseñar, para quienes únicamente asocien el nombre de Enrique González Macho con los Cines Renoir, que es su cualidad de productor la que le ha permitido presentarse a las elecciones a la Academia de Cine, acompañado en la candidatura por la directora Judith Colell y la actriz Marta Etura. Este cántabro grandullón, nacido en 1947, se ha caracterizado a lo largo de toda su trayectoria por saber relacionarse astutamente con los "chicos de la prensa", a los que siempre les ha hablado con naturalidad, firmeza y acendrada convicción en sus ideas y principios. Así, cuando una serie de nombres importantes del cine español (Almodóvar, Amenábar, Bovaira) se dirigieron a él para convencerle de que compitiera con Bigas Luna en las elecciones a la Presidencia de la Academia de Cine, no dudo en calificar el cargo como un "embolao" y declarar que a su compañera de candidatura Judith Colell no la conocía y, además, su película Elena K no le gusta. Pero, de la misma manera que se acompaña de una permanente sonrisa que desarbola a más de un interlocutor con la duda de si le estará perdonando la vida de manera condescendiente o riéndose sarcásticamente de él, siempre ha argumentado sus apuestas profesionales con indudable lógica exenta de retórica: "He buscado para la vicepresidencia a dos mujeres inteligentes respetadas en el sector, buenas profesionales y con proyección de futuro". En el programa de su candidatura con Marta Etura y Judith Colell, como vicepresidentas primera y segunda, propone iniciativas para fomentar la paridad en los comités ministeriales que deciden las ayudas, en los jurados de los festivales, y en otros ámbitos cinematográficos. Y no es palabrería, pues ha demostrado en la administración de su empresa que apuesta firmemente por la capacidad gestora femenina en áreas directivas.

Tiene fama de tozudo, pertinaz y, a pesar de que no se muerde la lengua, buen negociador. Está dispuesto a explicar las interioridades de la industria, lo complejo que es hacer cine para que los de siempre dejen de dar la matraca con el asunto de las subvenciones; que la venta de palomitas es indispensable para poder mantener abiertas las salas; que en España hay un exceso de salas porque el número de espectadores ha descendido. Defiende que el cine español tiene que ser muy variado y deben convivir Torrente y Pa negre. Por eso manifiesta que la principal labor de la Academia es lavar la mala imagen del cine español y lo primero que pide siempre es que quien no ve cine español se abstenga de decir que es muy malo. Con respecto a la tremenda polémica de las descargas de cine, llama a las cosas por su nombre "los que se benefician a través de la red, expoliando a la gente, son delincuentes; hay que reprimir al traficante, nunca al usuario" y sostiene que mientras España sea el segundo país más pirata del mundo no podrán desarrollarse portales con contenidos de calidad y a precios reducidos, para que lo puedan utilizar aquellos aficionados a un determinado cine que no llega a sus pueblos y ciudades.

Exponer la diversa actividad de este defensor del cine español conlleva casi escribir una hagiografía, porque en el ejercicio de su variopinta carrera profesional se ha esforzado siempre por quedar bien, por tener la palabra precisa. Criticó abiertamente ciertas etapas de políticas dubitativas, como durante la elaboración de la Ley sobre Protección y Fomento de la Cinematografía de 1994 con Carmen Alborch en el Ministerio de Cultura, y ha tenido una constante presencia en la prensa como creador de opinión, especializado en explicar los intríngulis de la industria, cada vez que ha habido turbulencias legislativas sobre el cine. Como en la última etapa de la tramitación del desarrollo de la nueva Ley del Cine 2007, que supuso la llegada de Ángeles González-Sinde a Cultura y la defenestración de Fernando Lara como director general del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) porque había perdido la confianza del sector. Su sucesor en el cargo, Ignasi Guardans, que fue recibido con vítores por los representantes de los productores españoles, tampoco ha durado mucho en el puesto, ocupado actualmente por Carlos Cuadros, leal colaborador de González-Sinde durante su etapa de presidenta de la Academia. Ha habido quien no se ha recatado en pensar en voz alta que González-Macho podría ser el próximo ministro de Cultura, dado el poder que ha demostrado el sector para que Zapatero destituyese primero a Carmen Calvo y después a Molina.

Como González Macho es aficionado a utilizar la frase bíblica "muchos son los llamados y pocos los elegidos" para aplicarla a lo difícil que es abrirse camino en el cine, conviene reseñar lo que es su empresa, el grupo Alta Films, y aplicarle esta otra de "por sus obras los conoceréis". El papel en la industria que le ha permitido llegar a la presidencia de la Academia de Cine lo desarrolla González Macho a través de Alta Producción. Desde 1994 ha financiado a jóvenes directores, la mayoría debutantes. Conviene citar algunas de las apuestas, que con mayor o menor fortuna creativa han permitido descubrir nuevos nombres, aunque algunos de esos directores noveles no han rodado una segunda película: Iciar Bollain (Flores de otro mundo y Te doy mis ojos); Agustí Vila (Un banco en el parque); Nicolás Muñoz (Rewind); Enrique Gabriel (Las huellas borradas); Gonzalo Tapia (Lena); José García Hernández (Divertimento); Miguel Albadalejo (Rencor); Jorge Sánchez-Cabezudo (La noche de los girasoles); y el más reciente Tom Fernández, que ha estrenado hace unas semanas Para qué sirve un oso. En su haber tiene también haber intervenido en la coproducción de Guantanamera; de Tomás Gutiérrez Alea, y en las películas de Ken Loach, La canción de Carla, Mi nombre es Joe, Pan y rosas, The navigators, y de Eric Rohmer Triple agente. En algunos de estos títulos, ha coproducido con la empresa Tornasol Films, del productor y director Gerardo Herrero, con el que le une una estrecha amistad y al cual ha distribuido la mayoría de su producción. Ambos se han convertido con el tiempo en dos de los nombres más poderosos del cine español. En sus comparecencias, han señalado en numerosas ocasiones el principio esencial de que no se puede empezar un proyecto cinematográfico sin tener distribución y la necesidad perentoria de que los canales de televisión financien el cine.

La distribución es la faceta más característica de González Macho. Se lleva a cabo a través de Alta Classics y se centra principalmente en cine europeo, con el denominador común de la autoría creativa y de ser cine independiente de gran calidad. Al nuevo presidente de la Academia le encanta descubrir mediante la lectura del guión posibles proyectos en los que participar, ayudando a su financiación. Asimismo, cuenta con un largo y prestigioso historial en la comercialización de cine español. Nombres como Iciar Bollain, Fernando León, Montxo Armendáriz, José Luis Borau, Daniel Sánchez Arévalo, que se codean con cineastas internacionales como Clint Eastwood, Woody Allen, Stephen Frears, François Ozon, o Michael Moore, -por citar simplemente a algunos de los directores cuyas películas están en el momento de escribir estas líneas en cartel o han pasado recientemente-, son una auténtica declaración del cine que le interesa a González Macho y por el que apuesta para que el aficionado pueda verlo. Con respecto a su política de exhibición, Alta Films es accionista de dieciocho complejos cinematográficos, con un total de ciento dos salas, distribuidos por toda España, incluyendo la cadena de Cines Renoir de versión original subtitulada. Además, gestiona la programación de diecisiete complejos más, con un total de setenta salas.

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